Un mundo de ideas

Nuestros pensamientos puede generar historias y recuerdos de mundos inhabitados, o habitados solo por nuestros pensamientos.
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Nuestros pensamientos puede generar historias y recuerdos de mundos inhabitados, o habitados solo por nuestros pensamientos.

Los dedos finos degollaban a la perfección becerros, gatos, hombres y viejos por igual. Los ponía de cabeza con ayuda de las poleas, los tenía colgados más de lo necesario porque le gustaba verlos llorar, gimotear, especialmente disfrutaba oírlos rezar.

Existe la convicción de que el cine feminista debe cambiar, experimentar e innovar en lo formal. Pero tengo la impresión de que en este terreno no se ha logrado avanzar tanto. En cuanto al documental, resulta difícil romper con el formato de las talking heads y creo que no se ha ido mucho más allá, no se ha innovado sustantivamente, sobre todo en México.

Lo mismo va para quien en su niñez cruzaron al otro lado desde Tijuan rumbo a los diferentes sitios de diversión del sur de California, como lo indica Leobardo Sarabia Quiroz: “Un recuerdo infantil del cruce

No recordar parece ser parte del problema, sin embargo hacerlo entraña quizás una consecuencia más grave. El motor que impulsa el retorno de Ulises es recordar todo lo que dejó en su isla extrañada y de ese modo cumple el sentido profundo de la palabra recordar, esto es, volver a pasar por el corazón, pero visto en un plano extenso hay una palabra parecida cuya significación se contrapone y opera como el mecanismo de fondo de la saga homérica entera

Gris, mediocre, apático, “usté no es ná, no es chicha ni limoná” ¿En dónde quedó la pasión y la defensa de los ideales?

Digamos que tenemos una serie continua y homogénea de tas: tatatatatatatatata... A golpe de oído, no adivinaríamos cuántas sílabas hemos escuchado, pero, si las partimos en grupos de tres, podríamos hacerlo fácilmente (ta-ta-ta ta-ta-ta ta-ta-ta) en especial si agregamos un acento (tá-ta-ta tá-ta-ta tá-ta-ta), y ya no digamos si podemos, además, añadir una rima (tá-ta-ta tá-ta-te tá-ta-ta tá-ta-te). Así, aun si la vía de nuestro tren fuera infinita, sabríamos que de tanto en tanto encontraremos una estación en donde recalar.

El Poemural “es todas las épocas que fueron, que son y que vendrán”: En él pretendo hacerme el gran cuatacho del tiempo.

Hoy miles de ciudades parecen, a propósito, poner a prueba a quienes las recorren y las viven. Basta salir a caminar unos minutos para encontrarse con postes en medio de las banquetas, automóviles estacionados donde debería pasar un peatón o una bicicleta, una jardinera enorme, un registro mal colocado, una excavación olvidada, un escalón inesperado, un anuncio, una reja o una motocicleta estacionada.

(tenía cinco años: seamos indulgentes con mi modo de ver el mundo y con las ideas que ya a esa tierna edad estaba desarrollando sobre la sociedad humana. Aun, bisoño, no sabía lo que me esperaba: ya habría tiempo suficiente para que mi visión de las cosas se saturase de decepción, amargura y enojo en el trato con mis congéneres. Esa es historia para otro día)