Su pedido está en camino: la ciudad detrás de un clic.

Comprar siempre implicó mover mercancías. La diferencia es que, durante buena parte de la historia urbana, éramos nosotros quienes nos desplazábamos hacia ellas.
Una marca de Bonilla Distribución y Edición
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“Artefacto de Ciudades” es una columna de Alejandra Trejo Nieto, de contenidos exclusivos para Artefacto de Letras

Comprar siempre implicó mover mercancías. La diferencia es que, durante buena parte de la historia urbana, éramos nosotros quienes nos desplazábamos hacia ellas.

Hoy miles de ciudades parecen, a propósito, poner a prueba a quienes las recorren y las viven. Basta salir a caminar unos minutos para encontrarse con postes en medio de las banquetas, automóviles estacionados donde debería pasar un peatón o una bicicleta, una jardinera enorme, un registro mal colocado, una excavación olvidada, un escalón inesperado, un anuncio, una reja o una motocicleta estacionada.

El problema aparece cuando olvidamos que los indicadores son herramientas que orientan decisiones y comenzamos a tratarlos como si fueran la realidad misma

El deleite del anonimato urbano se mezcla, en ese tipo de momentos, con el la soberanía del yo: el placer de comerse un helado en una plaza porque pasaste y se te antojo el de sabor a mango, caminar más lento que el resto o de simplemente sentarse a ver pasar la vida, sabiendo que tu disfrute no necesita ser validado por un comentario ni capturado por una cámara.

Podríamos llamarla naturaleza rebelde. No porque se oponga a la ciudad, sino porque la habita de otra manera. Porque la usa, la transforma y la reinterpreta. Porque convierte lo que fue diseñado para otra cosa en un lugar donde vivir

El episodio de la puerta hizo preguntarme si las ciudades producen sus propios umbrales de confianza. Si, en otro contexto, el cálculo habría sido distinto. En entornos donde la desigualdad, la inseguridad o la desconfianza institucional son más visibles, abrir una puerta puede implicar un riesgo mayor, y cerrarla parecer un acto de prudencia antes que de frialdad.

La escasez de luz solar y el clima pueden tener efectos profundos en el ánimo y la salud mental, así como en la forma en que lo colectivo se experimenta. La política urbana se vuelve técnica, silenciosa y preventiva. No se discute en la calle porque la calle no está hecha para quedarse. En las ciudades del Norte, la gobernanza urbana no se expresa en grandes gestos ni en ocupaciones del espacio exterior.

De los años que llevaba remendando zapatos, bolsas y cinturones para clientes que en ocasiones pasaban sólo a saludar cuando no tenían nada que arreglar. Un día ya no se le vio en su lugar de trabajo.

Cuando se destruye una ciudad, se destruye también la posibilidad de imaginar el futuro. Lo que queda no son ruinas, sino una herida abierta en el cuerpo colectivo de la humanidad.

En Monterrey, la crisis hídrica de 2022 reveló la paradoja de una ciudad industrializada que dejó a cientos de miles de habitantes sin agua corriente, mientras las grandes cerveceras y refresqueras mantuvieron el suministro para sostener su producción.