De villanos y villanías: aforismos para tiempos como los nuestros

El mejor villano, el más artero, el más insidioso, es el que nos devuelve la mirada desde el espejo, el que sonríe a nuestro pesar.
Una marca de Bonilla Distribución y Edición
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El mejor villano, el más artero, el más insidioso, es el que nos devuelve la mirada desde el espejo, el que sonríe a nuestro pesar.

El problema aparece cuando olvidamos que los indicadores son herramientas que orientan decisiones y comenzamos a tratarlos como si fueran la realidad misma

Como era de esperarse, los poetas han protestado en masa, defendiendo la especificidad de una “casa de la poesía” frente a esa vaga y genérica “casa de las palabras”, que no hace sino enmascarar la sustitución de la poesía por el cabaret en uno de los barrios más cotizados de la Ciudad de México.

Creo que hablar de historia es también hablar de historias. Cada quien tiene una mirada que comprende las situaciones y es imposible que todos pensemos lo mismo, tengamos las mismas opiniones, de las mismos hechos que marcamos en las escritura del tiempo.

Sin duda, utilizar aves como alegorías no es nuevo. Nuestro autor está en esto acompañado de Edgar Allan Poe y su lúgubre y melancólico cuervo, de Ted Hughes y su inquisitivo y lúdico grajo o corneja, o bien del pájaro negro y ominoso de Ngugi wa Thiongo.

La novela utiliza la música como un vector de fuerzas físicas y afectivas. Une y separa, tensiona las relaciones y revela aquello que los personajes son incapaces de expresar con palabras. Así como una composición musical alterna armonía y disonancia, también la vida de los protagonistas oscila entre el amor, la nostalgia y la imposibilidad.

La cama rechinaba, sus muebles ya eran viejos, y ella se levantó para cerrarla, se quedó por un momento parada viendo hacia afuera, y una oveja se encontraba a lo lejos con los ojos rojos fijamente mirando en su dirección, Carmina

Mientras la gente anda viendo aparecidos en la entrada de las cuevas o en sus casas, los científicos se distraen en sus asuntos, metidos en sus laboratorios. Pero a veces, sin saberlo, también ellos tienen frente a sí un fantasma encarnado y, al explicarlo, dan con algo que también explica lo que la gente ve en las cuevas o en sus casas.

Los poemas de Juan Felipe van desgranándose trágicos, rítmicos, humorísticos, en su sencillez, como este de humor negro o tragedia oscura: No había rincón sin sacudir/ ni trapo sin secar/ al momento del derrumbe; o, este otro tentando a la metafísica del instante: ¿Cuánto aire ganas/ al vaciarte de tiempo/ reloj de arena?

Vivir es sobreponerse, dice Rilke: Esa es una frase que le escuché repetidas veces al poeta Álvaro Quijano, y creo que la puso de epígrafe en alguno de sus poemas, aunque creo que el poema de Rilke no la dice con esa precisión.