Categoría Musarañas

Musarañas 41

Mientras la gente anda viendo aparecidos en la entrada de las cuevas o en sus casas, los científicos se distraen en sus asuntos, metidos en sus laboratorios. Pero a veces, sin saberlo, también ellos tienen frente a sí un fantasma encarnado y, al explicarlo, dan con algo que también explica lo que la gente ve en las cuevas o en sus casas.

Musarañas 40

Es como si Yahveh, después de desplegar ante Job todas sus potencias y presumir la perfección de su Creación, le dijera: “¿Hiciste tú acaso el universo? No. ¿Podrías contar las estrellas de la bóveda o pescar con azuelo a Leviatán? Tampoco. Tú no sabes nada y nada puedes. Entonces, cállate”.

Musarañas 39

Dice el Génesis que en el principio Dios creó los cielos y la tierra, pero que entonces todo era caos, confusión y oscuridad. ¿Estamos entonces ante una creación imperfecta? No. Este caos dice lo mismo que la primera línea del Enuma Elish: “Cuando en lo alto el cielo aún no había sido nombrado”;

Musarañas 37

—¿Te has fijado —me dice [Pedro]— que a pesar del aparente desorden muchos objetos están acomodados como sobre una página?
Tiene razón. Las imágenes en sus marcos están derechas y se despliegan armónicamente en el espacio

Musarañas 35

Ningún lector académico empezó a leer como lector académico. Si ahora lee así, “seriamente”, es porque la curiosidad lo llevó a suspender su anterior lectura pasional. Su motivo es legítimo: ¿Cómo puede ser —se preguntó seguramente, en un arranque ya casi académico— que leer esto me ponga en este estado?

Musarañas34

Sin embargo, esto es justo lo que hace, sin los ambages de los teóricos modernos, Walter Benjamin. Si el común de los mortales se contenta con apuntar de lejos al mito de la torre de Babel, él pone como testigo, si no directamente a la lengua de Yahvé,

Musarañas 33

Cuando un autor duda de las palabras que ha escrito, y no sabe si éstas han brotado de su propia invención o si ha traducido inconscientemente las palabras de otro, la situación no sólo nos recuerda la diferencia entre el Adán bíblico (que nombra las cosas) y el Adán coránico (que repite los nombres que Dios le ha dado) sino que, en términos psicológicos modernos,

Musañas 32

En un ensayo de su libro Hablo todas las lenguas, pero en árabe, dice Abdelfattah Kilito que “Felizmente, ya a nadie le avergüenza declarar que le gusta leer historias maravillosas”. Esto implica que antes la mayoría de las personas se avergonzaba de tales lecturas, pero ya no. Felizmente, esa vergüenza es cosa de un oscuro pasado al que empobrecían la ignorancia y el silencio. Sin embargo, existen excepciones, súbitas regresiones a esa antigua vergüenza.