Categoría Musarañas

Musarañas 43

En los debates políticos, los populistas tienen siempre una coartada, una vía de escape, a través de lo popular y lo público (y de ahí su sempiterno remisión a “el pueblo”); los elitistas, en cambio, se quedan siempre encerrados en su élite, que sólo puede remitir a sí misma. ¿O no? A decir verdad, esto depende de cómo definamos elitista.

Musarañas 42

Como era de esperarse, los poetas han protestado en masa, defendiendo la especificidad de una “casa de la poesía” frente a esa vaga y genérica “casa de las palabras”, que no hace sino enmascarar la sustitución de la poesía por el cabaret en uno de los barrios más cotizados de la Ciudad de México.

Musarañas 41

Mientras la gente anda viendo aparecidos en la entrada de las cuevas o en sus casas, los científicos se distraen en sus asuntos, metidos en sus laboratorios. Pero a veces, sin saberlo, también ellos tienen frente a sí un fantasma encarnado y, al explicarlo, dan con algo que también explica lo que la gente ve en las cuevas o en sus casas.

Musarañas 40

Es como si Yahveh, después de desplegar ante Job todas sus potencias y presumir la perfección de su Creación, le dijera: “¿Hiciste tú acaso el universo? No. ¿Podrías contar las estrellas de la bóveda o pescar con azuelo a Leviatán? Tampoco. Tú no sabes nada y nada puedes. Entonces, cállate”.

Musarañas 39

Dice el Génesis que en el principio Dios creó los cielos y la tierra, pero que entonces todo era caos, confusión y oscuridad. ¿Estamos entonces ante una creación imperfecta? No. Este caos dice lo mismo que la primera línea del Enuma Elish: “Cuando en lo alto el cielo aún no había sido nombrado”;

Musarañas 37

—¿Te has fijado —me dice [Pedro]— que a pesar del aparente desorden muchos objetos están acomodados como sobre una página?
Tiene razón. Las imágenes en sus marcos están derechas y se despliegan armónicamente en el espacio

Musarañas 35

Ningún lector académico empezó a leer como lector académico. Si ahora lee así, “seriamente”, es porque la curiosidad lo llevó a suspender su anterior lectura pasional. Su motivo es legítimo: ¿Cómo puede ser —se preguntó seguramente, en un arranque ya casi académico— que leer esto me ponga en este estado?

Musarañas34

Sin embargo, esto es justo lo que hace, sin los ambages de los teóricos modernos, Walter Benjamin. Si el común de los mortales se contenta con apuntar de lejos al mito de la torre de Babel, él pone como testigo, si no directamente a la lengua de Yahvé,