Cómo escribí algunos de mis sonetos (XII)

(tenía cinco años: seamos indulgentes con mi modo de ver el mundo y con las ideas que ya a esa tierna edad estaba desarrollando sobre la sociedad humana. Aun, bisoño, no sabía lo que me esperaba: ya habría tiempo suficiente para que mi visión de las cosas se saturase de decepción, amargura y enojo en el trato con mis congéneres. Esa es historia para otro día)









