Pausa de hidratación

Durante el desayuno le sirvo una taza de café a mi esposa esperando que me la regrese en una jugada de pared y durante la noche mis sueños parecen estar narrados por algún comentarista deportivo con todo y pausas comerciales.
Una marca de Bonilla Distribución y Edición
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Durante el desayuno le sirvo una taza de café a mi esposa esperando que me la regrese en una jugada de pared y durante la noche mis sueños parecen estar narrados por algún comentarista deportivo con todo y pausas comerciales.

Mi primer reflejo fue arrojar el pequeño cuaderno al boiler para hacer desaparecer la prueba de mi insolencia pero recapacité al recordar que si éste había permanecido por tantos años en el fondo de un cajón bien podría quedarse allí otros tantos.

Gris, mediocre, apático, “usté no es ná, no es chicha ni limoná” ¿En dónde quedó la pasión y la defensa de los ideales?

Viene a cuento todo ello porque un querido amigo, extranjero como yo en este pueblo, intentó ser aceptado en “el brinco”, no sé si por ánimo antropológico, por echar desmadre o por cumplir un deseo oculto de transmutación.

¿Había mencionado que mi madre fue la única pelirroja en su vasta familia? No dudo que un gen oculto por generaciones, probablemente escandinavo, haya sido depositado en el vientre de mi tatarabuela sin su consentimiento, y por lo tanto heme aquí, un bicho raro en un mundo de gente morena y bella.

Me encontraba haciendo una prueba de la vista en el local del optometrista quien se molestaba porque leía todas las letras al revés. Cuando trataba de justificar mi desatino comenzó a sonar la alarma sísmica en nuestros teléfonos celulares y ambos salimos corriendo.

Las palabras también pueden oler. Díganme si no. La pólvora da comezón en la nariz y la palabra encierro huele a humedad y, pensándolo bien, la humedad penetra en los huesos particularmente en la primera sílaba.

¿Acaso Nico tenía razón al afirmar que la caída del sistema ocurriría agitando aún más las aguas? Nicolás sabe mucho más que yo de estos asuntos; lee periódicos y revistas y no se pierde los noticieros importantes de la televisión.

Han dado la tercera llamada y llega el momento esperado. El Entreparéntesis ha encendido su tablet y tomado el lápiz electrónico pero, para mi sorpresa, se ha limitado a responder a su secretaria que llegará tarde a la junta de inversionistas una vez terminado el concierto.

Estoy frito, nada sensato se me ocurre y el plazo está por vencer. Tal vez debería hacerle caso al carnicero y asomarme a la cantina o rezarle a la virgencita en espera de un milagro (menos probable).