Vuelven las hormigas

Por: Marcos Límenes
Caja de compartir
”Vuelven las hormigas a animarse en tu boca
vuelve la lágrima a la pradera de los peces disecados”
E.A.W.
A veces uno se queda mirando el piso o el techo sin motivo alguno. No es un asunto voluntario, ni siquiera consciente, se trata más bien de una desconexión del mundo por unos segundos o minutos ya sea por cansancio, aburrimiento o, en casos extremos, por un estado de shock provocado por un accidente sufrido o visto. Niños y viejos, intelectuales o simples obreros, una que otra vez nos quedamos sin parpadear, en “la pendeja”. A mí me ocurre cada vez más seguido y temo que algún día no pueda salir de aquel pasmo como si cayera en coma por una eternidad. Cuando era joven solía soñar que me encontraba en la misma cama donde yacía, en el mismo cuarto y con las mismas personas que dormían a lado mío, a quienes quería desesperadamente pedir auxilio -ya que me resultaba imposible despertar- pero no lograba pronunciar palabra por más que me esforzara.
Hoy, durante uno de esos pasmos involuntarios, vi a una afanosa hormiga transportar lo que me pareció la pata de un insecto diez veces mayor que ella. Recordé que la víspera había abatido de un certero chanclazo a una enorme araña que silenciosamente se acercaba a nuestra cama. Tras ella otras tantas hormigas transportaban, parte a parte, el desmembrado cuerpo del arácnido. El insólito desfile me permitió salir de mi estado de desconexión pero la curiosidad no fue tanta como para seguir su trayecto a un posible hormiguero/laboratorio donde junto al doctor Frankenstein reensamblaran a la malograda araña y le dieran nueva vida.
De regreso al tiempo fluido no puedo ocultarme por más tiempo que ayer murió mi querido amigo Óscar Ugarteche, repentinamente. Apenas hace un par de días nos estábamos poniendo de acuerdo para mirar juntos un partido del Mundial de futbol. Ando pues en la pendeja, mirando el vacío, en piloto automático.
Óscar era un notable economista peruano quien me dictaba cátedra sobre temas de actualidad hasta desembocar en el tradicional “qué le vamos a hacer” que servía de pretexto para servirnos la segunda copa. Vecino de Cuernavaca desde hace unos años había librado una infructuosa batalla en su país, junto con su esposo Fidel, contra la rancia sociedad limeña reacia a reconocer su matrimonio y los derechos de la comunidad LGTB+.
Esperaré pues a que vuelvan las hormigas. Mientras tanto escucho a lo lejos el ruido de los automóviles en la carretera mientras contemplo desde mi ventana a un pájaro que afanosamente trata de desprender la ramita de un árbol. Estoy vivo pero Óscar no. Nada más que decir.




