Al alba

Por: Marcos Límenes

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Ess mein kind, escucho con claridad la voz de mi abuela, come mi pequeño… No es un sueño, despierto estoy, apenas, pero la frase cobra más presencia que cualquier objeto en la penumbra del dormitorio. No la recuerdo con claridad ya que falleció cuando yo tenía nueve años y sin embargo aquellos destellos del pasado se han vuelto cada vez más frecuentes. Como le ha de ocurrir a muchas personas cierro los ojos por la noche con la cabeza repleta de preguntas y de madrugada, tras la odisea nocturna por el mundo de los sueños, espero alguna respuesta iluminadora. En cambio lo que obtengo son tres palabras en yidish susurradas al oído. Para tratar de dotarlas de sentido habría que remontarse a las preguntas de la víspera que, por lo general, carecen de respuesta. ¿Quién puede encontrarle explicación a la pulsión destructora que atestiguamos todos los días? ¿A los malentendidos que entorpecen las relaciones con nuestros semejantes? ¿A los amores y desamores? Exagero, por supuesto, ya que no tiene por qué existir una relación de causa y efecto entre una y otra cosa; tampoco tiene sentido echar al canasto del psicoanálisis todas nuestras ocurrencias. En todo caso para mi abuela la respuesta sería del todo sencilla: un buen caldo de pollo con arroz, la fórmula infalible para curar todo tipo de mal, ya sea del cuerpo o del corazón.

Las palabras también pueden oler. Díganme si no. La pólvora da comezón en la nariz y la palabra encierro huele a humedad y, pensándolo bien, la humedad penetra en los huesos particularmente en la primera sílaba. Sabemos de sobra que las palabras danzan y que en no pocas ocasiones fulminan. Nadie duda de que tengan sabor pero por timidez me las guardo.


Sorbo la palabra sorbo y compruebo que ya no me quema gracias a los buenos oficios de mi abuela. Antes de levantarme y atacar el día cierro los ojos una vez más y veo con claridad un plato de sopa de letras como el que solemos ofrecer de vez en cuando a mis nietos. A ellos toca identificar al navegante abecedario mientras que en mi delirio matutino las letras pelean por encontrar su lugar como los pájaros en un árbol al atardecer.


Torpe trauma es tu turno. No puede ser ¿de dónde salen tantas tes?


Solo sale el sol sin sandalias ¿Qué clase de tabla Ouija es esta? ¡Tabla traviesa tan tonta!


Ess mein kind… deja de buscarle tres pies al gato.


Sí, abuela.

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