Registros akáshikos

De repente, la mujer empezó a tocarse el pecho, a jadear intensamente. Tenía cara de sufrimiento. Volteó a verme y dijo, con un tono de voz que me erizó la piel:

De repente, la mujer empezó a tocarse el pecho, a jadear intensamente. Tenía cara de sufrimiento. Volteó a verme y dijo, con un tono de voz que me erizó la piel:

Matar era su trabajo. Una huevada de trabajo, a decir verdad. Dos pesos menos y ya era caridad. Pero ahí estaba, disfrazado de repartidor de comida, como mil sicarios más. Iba a tocar el timbre, pero la puerta no tenía el cerrojo puesto. Con los siglos se volvían descuidados. Una bala de plata empapada en agua bendita del Expiatorio a la frente de uno, otra al corazón del otro, aunque ése ya estaba más muerto que un perro. De vez en cuando se mataban entre ellos: criaturas milenarias cargan disputas eternas, rencores añejos.

. El número es, más bien, una disposición u orden primario en el cual participan las cosas. Esta relación entre números y cosas no es de imitación -como señalaría después Aristóteles-, sino de participación. Gracias a tal relación participativa es posible enumerar las cosas y, consecuentemente, distinguirlas unas de otras.

“Si fuera un lector humano”, agregó casi con sorna”, un libro de ese tamaño probablemente tomaría unas 2-3 horas de lectura, y escribir un resumen así de detallado otra hora más. Así que digamos” concluyó Claude, “que te ahorré una tarde entera.”

Sus ilustraciones le dieron vida a las portadas e interiores, de un sinnúmero de editoriales y de revistas culturales y literarias en México.

Era uno de esos autores que decía escribir para que lo quieran más. Yo lo leí queriéndolo mucho, y puedo dar fe de que muchos otros cercanos a mí también.

Las oficinas de la agencia de detectives de lo paranormal, Los Patos Azules, se encontraban localizadas en la Privada del patio trasero de Carlota, casa del árbol número 3, entre el árbol número 2 y la casa del perro.

Un día, mientras caminaba de regreso a su casa porque había perdido el transporte, Victoria se empezó a volver muy liviana. Sus pies tardaban más y más segundos en regresar al suelo, sus zapatos ya casi no rozaban la banqueta.

En El descastado se expone la pérdida de pertenencia a cualquier casta con la adquisición, a cambio, de nuevas posibilidades que amplíen el mundo en derredor. Lo que parece negativo se convierte en una perspectiva diferente y en la necesidad de transmitir el devenir humano.

Mi libro de matemáticas, el de antes de que llegara el doctor M, todavía lo tengo por ahí, extirpado subrepticiamente de la escuela con todo y mis apuntes a lápiz en los márgenes. Seguro Ana P me ve con cara de ¿para?, pero lo guardo en la eventualidad de que de repente me entren unas ansias tremendas por hacer ecuaciones cuadráticas o lo que sea.