Libros

El mexicano y el humanismo

Pero el mexicano no huye, con presta ligereza, de estas “categorías” o “existenciarios” del ser del hombre, sino que se queda ahí y los frecuenta, los tiene presentes, no en el innocuo sentido de representaciones teóricas, sino como contenido de su vida cotidiana y extraordinaria, los tiene ahí, los palpa cada día, cada noche, a todas horas.

Los albores de la seguridad pública

En este sentido, analiza cómo los denominados “guardafaroleros”, que operaron como un primer cuerpo policial, intentaron erradicar de las calles nocturnas la vida social, la expresión corporal y la sexualidad de los sectores “plebeyos”

La vida que no vivimos

La novela utiliza la música como un vector de fuerzas físicas y afectivas. Une y separa, tensiona las relaciones y revela aquello que los personajes son incapaces de expresar con palabras. Así como una composición musical alterna armonía y disonancia, también la vida de los protagonistas oscila entre el amor, la nostalgia y la imposibilidad.

Viejos y nuevos jardines ajenos

Baudelio y yo bromeamos acerca de que soy su fan número uno y supongo que por eso me invitó a presentar su nuevo libro, “Los jardines ajenos”. Tenemos un chiste reiterativo sobre las últimas palabras que le dijo John Lennon a Yoko Onno a las puertas del edificio Dakota, que no voy a repetir aquí

Puertas y lápidas a otros mundos.

Los umbrales desde una imaginación nacida de la curiosidad y la perturbación. Cede, entonces, esa curiosidad y esa perturbación a la imaginación de todo aquel que lo lee, listas para mermar la mente del lector. Pues, personalmente, yo ya no pude dejar de pensar en ellas. Quise salir a buscarlas, palparlas, contarlas, graffitearlas, quizás abrirlas. Hasta ahora no he tenido el tiempo—o los huevos— de ir al Viaducto y poder quitarme la espina. Pienso que es mejor así.