Naufragios (I)

Sin Robinson ni Viernes,
solos el mar y yo.

Sin Robinson ni Viernes,
solos el mar y yo.

Los ojos del dios dibujado sobre la Puerta habían sido animados en el pasado remoto por el hálito del sol, y ese soplo se había extendido por las venas de la ciudad y de los hombres que la habían poblado en forma de lenguaje

José fue librero y durante una época en que trabajó en la hoy extinta librería El Juglar en la colonia Guadalupe Inn, solía pasar en las mañanas a platicar con él, pues yo iba a la escuela en la tarde

Nací con dos pies izquierdos para querer
pero poseo el encanto de narrar:

cuando iba por el quinto mollete de nata, un chaneque caminó tranquilamente frente a él y se paró justo encima de su plato. Le sonrió con todos los dientes y saludó despreocupado, agitando fervoroso la mano del tamaño de una tachuela.

La tercera se refiere al anonimato de los censores, inapelables e inalcanzables. Nadie sabe quiénes son, de quiénes dependen, cuáles los criterios o normas por que se rigen (salvo el ambiguo y extendible a voluntad de lo ‘subversivo’ para las instituciones establecidas).

Así como el poema implica míticamente un olvido, la mirada de Elvira nos deja olvidar para poder recordar un mundo lúdico, que también –con esa misma emoción– se siente en la pintura minoico micénica, donde la luz y la intensidad del color simulan que la vida es un juego.

Su rol no se limitaba a la gestión de la información. La DFS fue parte del entramado de violencia que desplegó el gobierno mexicano entre los años 60 y 80 para desarticular y aniquilar al que consideró un enemigo interno.

Sara quedó paralizada. No podía gritar. La niña lloraba con un sollozo desgarrador, un sonido que podía romper el corazón más duro.

Ardilla en equilibrio en la barandilla. Así te quiero ver. Sin mancilla. Vámonos a la vi- lla. Ante todo, apostilla tus documentos. Recógete el pelo con una horquilla