LEER

Cadena alimenticia

Matar era su trabajo. Una huevada de trabajo, a decir verdad. Dos pesos menos y ya era caridad. Pero ahí estaba, disfrazado de repartidor de comida, como mil sicarios más. Iba a tocar el timbre, pero la puerta no tenía el cerrojo puesto. Con los siglos se volvían descuidados. Una bala de plata empapada en agua bendita del Expiatorio a la frente de uno, otra al corazón del otro, aunque ése ya estaba más muerto que un perro. De vez en cuando se mataban entre ellos: criaturas milenarias cargan disputas eternas, rencores añejos.

Victoria de Papel

Un día, mientras caminaba de regreso a su casa porque había perdido el transporte, Victoria se empezó a volver muy liviana. Sus pies tardaban más y más segundos en regresar al suelo, sus zapatos ya casi no rozaban la banqueta.

Ecuaciones cuadraticas

Mi libro de matemáticas, el de antes de que llegara el doctor M, todavía lo tengo por ahí, extirpado subrepticiamente de la escuela con todo y mis apuntes a lápiz en los márgenes. Seguro Ana P me ve con cara de ¿para?, pero lo guardo en la eventualidad de que de repente me entren unas ansias tremendas por hacer ecuaciones cuadráticas o lo que sea.