Cómo escribí algunos de mis sonetos (VII)

El mal poema a veces no es lo que parece. Y es que, visto desde una perspectiva que no es, idiosincráticamente, la nuestra (la mía), bien puede abrir perspectivas inéditas.

El mal poema a veces no es lo que parece. Y es que, visto desde una perspectiva que no es, idiosincráticamente, la nuestra (la mía), bien puede abrir perspectivas inéditas.

Nací con dos pies izquierdos para querer
pero poseo el encanto de narrar:

Y están los poemas malos. Pensemos en esos libritos primerizos, delgaditos, baratones, tristes de tan humildes. Dejemos de lado la portada, con su ilustración entre insípida e insignificante.

cuando iba por el quinto mollete de nata, un chaneque caminó tranquilamente frente a él y se paró justo encima de su plato. Le sonrió con todos los dientes y saludó despreocupado, agitando fervoroso la mano del tamaño de una tachuela.

La tercera se refiere al anonimato de los censores, inapelables e inalcanzables. Nadie sabe quiénes son, de quiénes dependen, cuáles los criterios o normas por que se rigen (salvo el ambiguo y extendible a voluntad de lo ‘subversivo’ para las instituciones establecidas).

Sea de ello lo que fuere, mi soneto pretende ser un humilde homenaje a la maestría de Lope. Siendo apenas el segundo que escribí, el título quería dejar en claro que no había de mi parte ninguna pretensión o arrogancia:

Así como el poema implica míticamente un olvido, la mirada de Elvira nos deja olvidar para poder recordar un mundo lúdico, que también –con esa misma emoción– se siente en la pintura minoico micénica, donde la luz y la intensidad del color simulan que la vida es un juego.

Su rol no se limitaba a la gestión de la información. La DFS fue parte del entramado de violencia que desplegó el gobierno mexicano entre los años 60 y 80 para desarticular y aniquilar al que consideró un enemigo interno.

Sara quedó paralizada. No podía gritar. La niña lloraba con un sollozo desgarrador, un sonido que podía romper el corazón más duro.

Sonetizar, entonces, es darle forma de soneto a esta relación estética con el mundo. De
ahí tanta composición mía que explora lo aparentemente trillado, insignificante o instrumental.