Cómo escribí algunos de mis sonetos (IX)

Ya se veían venir, desde ese primero intento, la fina ironía (dicho con fina ironía) y el diálogo informal con la tradición poética que le daría ese sabor tan suyo a algunas de mis composiciones.

Ya se veían venir, desde ese primero intento, la fina ironía (dicho con fina ironía) y el diálogo informal con la tradición poética que le daría ese sabor tan suyo a algunas de mis composiciones.

Un día, mientras caminaba de regreso a su casa porque había perdido el transporte, Victoria se empezó a volver muy liviana. Sus pies tardaban más y más segundos en regresar al suelo, sus zapatos ya casi no rozaban la banqueta.

En El descastado se expone la pérdida de pertenencia a cualquier casta con la adquisición, a cambio, de nuevas posibilidades que amplíen el mundo en derredor. Lo que parece negativo se convierte en una perspectiva diferente y en la necesidad de transmitir el devenir humano.

Me interesa menos la apariencia del poeta y más sus cuestionables dones expresivos. Eso de que “impune poetiza” significa que sus versos (crimen de lesa musicalidad) no hallan en las instancias correspondientes su debido castigo

Mi libro de matemáticas, el de antes de que llegara el doctor M, todavía lo tengo por ahí, extirpado subrepticiamente de la escuela con todo y mis apuntes a lápiz en los márgenes. Seguro Ana P me ve con cara de ¿para?, pero lo guardo en la eventualidad de que de repente me entren unas ansias tremendas por hacer ecuaciones cuadráticas o lo que sea.

Uno de los rasgos más significativos del poema es su reescritura. Paz introduce cambios a versiones anteriores sin alterar el tejido sonoro ni los núcleos temáticos esenciales —la infancia, la memoria, el origen—, lo que revela una ética del precedente

Luis Miguel, cantando la del ropa-pom-pom y la de los peces en el río cual si el mismísimo Sol estuviera engatuzándose a carpas, tilapias y huachinangos, a pasar una noche inolvidable en su compañía.

Sin Robinson ni Viernes,
solos el mar y yo.

Los ojos del dios dibujado sobre la Puerta habían sido animados en el pasado remoto por el hálito del sol, y ese soplo se había extendido por las venas de la ciudad y de los hombres que la habían poblado en forma de lenguaje

José fue librero y durante una época en que trabajó en la hoy extinta librería El Juglar en la colonia Guadalupe Inn, solía pasar en las mañanas a platicar con él, pues yo iba a la escuela en la tarde