Armisticio

Llegó al vecindario un par de meses antes del inicio de la pandemia –otro gringo retirado pensé- y me desentendí hasta el día de hoy. Ha sido la señora que una vez por semana le hacía la limpieza quien me ha comunicado su deceso.

Llegó al vecindario un par de meses antes del inicio de la pandemia –otro gringo retirado pensé- y me desentendí hasta el día de hoy. Ha sido la señora que una vez por semana le hacía la limpieza quien me ha comunicado su deceso.

Tras leer estas líneas no puedo sino elucubrar que, de no haber muerto el 2 de agosto de 1945, lo hubiera hecho de muy honda pena cuatro días después, cuando se enterara del despiadado ataque atómico el día 6 contra la dulce y serena Hiroshima y el día 9 contra la mencionada población de Nagasaki.

Harold Bloom era un joven profesor de Yale que, en su primer libro, La Cábala y la crítica (1975), intentó convencernos de que la mística judía podía proveernos de herramientas para el análisis de los textos literarios

Sin Robinson ni Viernes,
solos el mar y yo.

Cuando te veo, Willie MacKenzie
En la casa del ejército de salvación
Una persona desplazada en tu propio país
Solitario entre ciudades abarrotadas de gente, tú
El último de la tribu

En la órbita semántica del cancelado giran pues el cangrejo (aunque gire al revés: “dos pasos adelante, doscientos para atrás”), la cárcel, la cancelación, la tachadura, el cáncer, el chancro… Un cancelado es todo eso que antes llamábamos “un apestado”…

El poeta, ensayista y lexicógrafo Francisco Segovia reunió en esta obra algunos trazos en los que conviven desde poemas de amor en lengua sumeria (2030 a.C.), Dante Alighieri, Nezahualcóyotl, Sor Juana Inés de la Cruz,

Lo contrario, pues, del anhelo de María Moliner, que era el uso de la lengua; es decir, el despliegue temporal que implica el uso de sus hablantes. Para ella, los lexicógrafos no pulen una estatua de bronce: remiendan calcetines.

Pero nunca han faltado personas que, picadas por la curiosidad, se aventuren por las páginas del diccionario como si se tratara de una novela, dejándose llevar de una palabra a otra, aun a sabiendas de que así muy probablemente se condenan al ayuno y el insomnio

En cada viaje pasó a ser parte del obligado repaso mental: camisas, pantalones, calzones, calcetines, suéter, chamarra, cepillo de dientes, gel, loción… ah, y El vendedor de escobas.