Escritos sobre arte de Emilio Adolfo Westphalen (IV y final)

Uno de los hilos conductores de los diversos artículos de Westphalen sobre el arte es el de la pregunta acerca de cómo aproximarse a la contemplación de la obra de arte.
Una marca de Bonilla Distribución y Edición
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“Paseos” es una columna de Adolfo Castañón, de contenidos exclusivos para Artefacto de Letras

Uno de los hilos conductores de los diversos artículos de Westphalen sobre el arte es el de la pregunta acerca de cómo aproximarse a la contemplación de la obra de arte.

Westphalen reconoce que el valor del libro de Huamán Poma está en la concentración de noticias sobre los orígenes más remotos de la cultura inca.

El artículo titulado “¿Una expresión genuinamente americana?” es en realidad un comentario al artículo de Fernando de Szyszlo sobre “Mario Carreño, pintor cubano”, publicado en abril de 1948 en el número 4 de Las Moradas, cuando Westphalen contaba 37 años

El libro se divide en tres partes: “Arte moderno del siglo xx”, “Dadá y surrealismo”, y “Arte peruano”; precedidas “Por la percepción al concepto y la imagen”, ensayo publicado por Westphalen en el número 7 de Amaru. Revista de arte y ciencias en julio-septiembre de 1968, cuando tenía 57 años.

Samará murió cuando yo tenía dos años, pero mi padre y mi madre, Estela Morán de Castañón, se hicieron muy amigos de la esposa y luego viuda del maestro, Teresa Zaga Rico,

El poeta, ensayista y lexicógrafo Francisco Segovia reunió en esta obra algunos trazos en los que conviven desde poemas de amor en lengua sumeria (2030 a.C.), Dante Alighieri, Nezahualcóyotl, Sor Juana Inés de la Cruz,

Alberto María Carreño Escudero nació en Tacubaya, en la ciudad de México, el 7 agosto de 1875, el mismo año en que fue fundada la Academia Mexicana de la Lengua, el 11 de septiembre.

Es habitual que algunas personas se quiten la edad, es más raro que esto suceda con un libro. Robin Sloan en el prólogo escribe que “The first incarnation of So many Books appeared in México, in Spanish, in 1996”. Es un misterio que le haya quitado al libro más de veinte años de edad.

Conocí a León Guillermo Gutiérrez a principios de los años noventa. Acababa de regresar de Estados Unidos donde hizo en parte su formación. Teníamos algunos amigos en común. El más conspicuo fue Luis Mario Schneider (1931-1999), quien fue, desde mi punto de vista, decisivo en la fragua de la identidad literaria del autor.

Tengo la tentación de llamarlo dragón para evocar el poder del animal fabuloso que sus viñetas y emblemas sugieren, pero también para aludir a esa función militar del que practica el arte deportivo de la esgrima tan pronto a pie