Digamos que tenemos una serie continua y homogénea de tas: tatatatatatatatata... A golpe de oído, no adivinaríamos cuántas sílabas hemos escuchado, pero, si las partimos en grupos de tres, podríamos hacerlo fácilmente (ta-ta-ta ta-ta-ta ta-ta-ta) en especial si agregamos un acento (tá-ta-ta tá-ta-ta tá-ta-ta), y ya no digamos si podemos, además, añadir una rima (tá-ta-ta tá-ta-te tá-ta-ta tá-ta-te). Así, aun si la vía de nuestro tren fuera infinita, sabríamos que de tanto en tanto encontraremos una estación en donde recalar.