Carta 24

Ardilla en equilibrio en la barandilla. Así te quiero ver. Sin mancilla. Vámonos a la vi- lla. Ante todo, apostilla tus documentos. Recógete el pelo con una horquilla

Ardilla en equilibrio en la barandilla. Así te quiero ver. Sin mancilla. Vámonos a la vi- lla. Ante todo, apostilla tus documentos. Recógete el pelo con una horquilla

Arturo se percató de que el más pequeño de los chupacabras no podía dormir en el día y, durante la noche, mientras sus hermanos jugaban, exploraban y socializaban con otras criaturas nocturnas del santuario, Pedrito se rehusaba a abandonar su cueva

Octavio Paz, en sus ensayos “Quevedo, Heráclito y algunos sonetos” (1981) y “Reflejos: replicas diálogos con Francisco de Quevedo” (1996), elabora una suerte de ajuste de cuentas con un escritor que le resultó central.

Epitafio Por: María Fernanda Trejo Márquez Tomar la distancia prudente entre lo que fue y es no hay algo a lo que pueda aferrarme ya un recuerdo no es suficiente la fotografía de nosotros pertenece a un pasado los poemas…

La tierra puede ser de cualquier forma, el universo estar encima de una tortuga y ser simplemente pensamiento. Una vaga y profunda percepción de que existen las cosas, una vaga y bella percepción de que sentimos profundamente los besos, los abrazos y los pensamientos.

Una de las virtudes de la brevedad es su potencial connotativo que estimula la imaginación del lector con una serie de zonas de indeterminación. Esta coplita es uno de los mejores ejemplos en este sentido

Cómo escribí algunos de mis sonetos, elevándome a la noble categoría de poeta.
Cómo escribí algunos de mis sonetos, descendiendo a la triste categoría de poeta.
Cómo escribí algunos de mis sonetos, sin haber escrito los sonetos más tristes esta noche.

A pesar de la voz del profe (yogui), sólo visualizo la mentada concha de vainilla, tentándome, como el diablo a Jesús en el desierto.

Cada instante mueve el corazón, el viento, los árboles y la lluvia se agolpa en la ventana. Son los instantes bellas metáforas de mí mismo. De mi intelecto, de mi bella forma humana.

Me siento tan afligido esta noche que no sabría que decirte. Y no deseo hablar de nada. No deseo ya nada, me he adormecido sobre mi pena, y mi cansancio es largo en la noche interminable.”