Las apariencias engañan

Regresaba del trabajo en el Metro, a la hora pico, como siempre. Llovía y avanzaba con suma lentitud. Los pasajeros que habían alcanzado asiento miraban absortos sus teléfonos celulares mientras que los de a pie cuidaban sus bolsillos y conectados a sus audífonos escuchaban algo que bien podría ser música. Yo no, por temor a que me pudieran robar el teléfono cuyo costo seguía pagando a plazos.








