Pablo Picasso y el arte como caos

El genio de Picasso está, según Unger, en su capacidad de utilizar otras vertientes creativas –el arte primitivo, africano o asiático- y establecer así un nuevo comienzo para el arte moderno:
Una marca de Bonilla Distribución y Edición
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El genio de Picasso está, según Unger, en su capacidad de utilizar otras vertientes creativas –el arte primitivo, africano o asiático- y establecer así un nuevo comienzo para el arte moderno:

Uno de los componentes más atractivos de estas historias que se han transmitido de generación en generación es la lucha entre las fuerzas del bien y del mal. Por supuesto, cuando nos enfrentamos por primera vez a ellas durante la infancia siempre estamos del lado de los buenos.

Más premeditada fue la elección del también inglés Edward James para edificar sus arquitectónicos delirios oníricos en el corazón de la Huasteca: en ese enclave de Xilitla, antes que edificaciones para ser habitadas, sus construcciones son puente entre lo natural y lo humano...

te pienso cuando en el balcón,
te pienso y te quiero en todas partes.
La noche es profunda, el silencio me cobija;
pero la noción de ti que tengo en la panza... en la cabeza
me protege de todo,
me cura la premura de vivir.

La noche en que Luz Nuestra requería alimento, se presentaban en la grieta los miembros del círculo convocados para servirle. Únicamente a ellos se les revelaba la ubicación y la forma de acceder hasta él. Llegaban a través de los túneles ocultos en el Bosque, que conectaban con otros sitios de la ciudad de Guadalajara

Dicen que una puerta es un filtro; que permite, o no, pasar de aquí allá. Esto es discutible.

"¿A dónde va, seño?", le pregunta el chofer cuando sube. Con un susurro, responde: "Al subur", y le paga los 12 pesos correspondientes. ¡Al menos no tiene que pagar los 18 pesos que pagan quienes vienen desde Zumpango!

Un día en este vino la sangre de! estío
precipitó la carne que cubría la vid,
un día en este pan

... le agradezco a Penélope
su mezquina ambición y su ingratitud
que me forzaron a reconocer
mi verdadero hado.

El desierto de los tártaros, bien podría ser parte del teatro del absurdo, pues, así como la Cantante calva de Ionesco no llega a cenar