Musarañas 36

El misticismo y el amor se expresan mediante cosas palpables, incluso las de la vida cotidiana, esa que tememos que un día corroa la intensidad de la experiencia a punta de costumbres:
Una marca de Bonilla Distribución y Edición
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El misticismo y el amor se expresan mediante cosas palpables, incluso las de la vida cotidiana, esa que tememos que un día corroa la intensidad de la experiencia a punta de costumbres:

Ningún lector académico empezó a leer como lector académico. Si ahora lee así, “seriamente”, es porque la curiosidad lo llevó a suspender su anterior lectura pasional. Su motivo es legítimo: ¿Cómo puede ser —se preguntó seguramente, en un arranque ya casi académico— que leer esto me ponga en este estado?

Sin embargo, esto es justo lo que hace, sin los ambages de los teóricos modernos, Walter Benjamin. Si el común de los mortales se contenta con apuntar de lejos al mito de la torre de Babel, él pone como testigo, si no directamente a la lengua de Yahvé,

Cuando un autor duda de las palabras que ha escrito, y no sabe si éstas han brotado de su propia invención o si ha traducido inconscientemente las palabras de otro, la situación no sólo nos recuerda la diferencia entre el Adán bíblico (que nombra las cosas) y el Adán coránico (que repite los nombres que Dios le ha dado) sino que, en términos psicológicos modernos,

En un ensayo de su libro Hablo todas las lenguas, pero en árabe, dice Abdelfattah Kilito que “Felizmente, ya a nadie le avergüenza declarar que le gusta leer historias maravillosas”. Esto implica que antes la mayoría de las personas se avergonzaba de tales lecturas, pero ya no. Felizmente, esa vergüenza es cosa de un oscuro pasado al que empobrecían la ignorancia y el silencio. Sin embargo, existen excepciones, súbitas regresiones a esa antigua vergüenza.

En la órbita semántica del cancelado giran pues el cangrejo (aunque gire al revés: “dos pasos adelante, doscientos para atrás”), la cárcel, la cancelación, la tachadura, el cáncer, el chancro… Un cancelado es todo eso que antes llamábamos “un apestado”…

Lo contrario, pues, del anhelo de María Moliner, que era el uso de la lengua; es decir, el despliegue temporal que implica el uso de sus hablantes. Para ella, los lexicógrafos no pulen una estatua de bronce: remiendan calcetines.

Pero nunca han faltado personas que, picadas por la curiosidad, se aventuren por las páginas del diccionario como si se tratara de una novela, dejándose llevar de una palabra a otra, aun a sabiendas de que así muy probablemente se condenan al ayuno y el insomnio

La historia del DEM ha determinado que sus definiciones sean, en general, como las de los demás diccionarios, pero tiendan a la enciclopedia cuando tratan de grupos indígenas o movimientos políticos de México; que se inclinen hacia el diccionario cultural cuando tratan de plantas y animales; que no eviten dar ejemplos ostensivos en las definiciones de los estilos artísticos (y bajo barroco, por ejemplo, se nombre a escritores como Quevedo y Góngora,

Para el lexicógrafo, pues, la definición significa campamocha. Para el lector, la cosa es al revés: campamocha significa su definición