¿Cómo trinarán los pájaros en Marte?

— ¡No es cierto! El abuelo Tato me dijo que cuando él estaba chiquito, había tantísimos pájaros que hasta podías tenerlos de mascota.
— ¿Cómo de mascota? Serás tonto, Raúl, si se van volando.

— ¡No es cierto! El abuelo Tato me dijo que cuando él estaba chiquito, había tantísimos pájaros que hasta podías tenerlos de mascota.
— ¿Cómo de mascota? Serás tonto, Raúl, si se van volando.

Matar era su trabajo. Una huevada de trabajo, a decir verdad. Dos pesos menos y ya era caridad. Pero ahí estaba, disfrazado de repartidor de comida, como mil sicarios más. Iba a tocar el timbre, pero la puerta no tenía el cerrojo puesto. Con los siglos se volvían descuidados. Una bala de plata empapada en agua bendita del Expiatorio a la frente de uno, otra al corazón del otro, aunque ése ya estaba más muerto que un perro. De vez en cuando se mataban entre ellos: criaturas milenarias cargan disputas eternas, rencores añejos.

Las oficinas de la agencia de detectives de lo paranormal, Los Patos Azules, se encontraban localizadas en la Privada del patio trasero de Carlota, casa del árbol número 3, entre el árbol número 2 y la casa del perro.

Un día, mientras caminaba de regreso a su casa porque había perdido el transporte, Victoria se empezó a volver muy liviana. Sus pies tardaban más y más segundos en regresar al suelo, sus zapatos ya casi no rozaban la banqueta.

cuando iba por el quinto mollete de nata, un chaneque caminó tranquilamente frente a él y se paró justo encima de su plato. Le sonrió con todos los dientes y saludó despreocupado, agitando fervoroso la mano del tamaño de una tachuela.

Arturo se percató de que el más pequeño de los chupacabras no podía dormir en el día y, durante la noche, mientras sus hermanos jugaban, exploraban y socializaban con otras criaturas nocturnas del santuario, Pedrito se rehusaba a abandonar su cueva

. No habrían conseguido ver a la serpiente emplumada bebé escalar con gran agilidad la estatua que se halla a la mitad del lago. Tampoco lograrían verla batir sus alas, que todavía eran pequeñas comparadas con el resto de su cuerpo

Los espíritus del agua se colocaron frente a él y emitieron un silbido parecido al de una tetera hirviendo en la estufa. Eran bufidos burlones con los que pretendían despreciarle.

El gato se fue, pero dejó atrás su cama.
— ¿Dónde dormirá Caramelo? — pregunté a mamá, mientras ella me arropaba.

Antes de darme cuenta de que era un fantasma amistoso, casi me mata varias veces del infarto. Le pedí a mi mamá un exorcista mil veces, pero nunca me hizo caso.