Matilde Mattei de Ferrara: un crimen bien pensado

Por: Gabriel Trujillo Muñoz
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Antes, cuando los académicos se acercaban a estudiar la novela policíaca escrita por autores mexicanos, no la dejaban de ver como una anomalía, como una rareza. O peor: como una aberración. Y cuando descubrían que sus autores eran simples provincianos, que pagaban de su propio peculio la publicación de sus libros, apenas les prestaban atención. No valían la pena, decían. No era material para esforzarse por leerlo. Ahora, con un poco más de humildad, muchos críticos literarios e historiadores de nuestras letras han comenzado a aceptar que leer a estos escritores no sólo vale la pena, sino que ayuda a expandir nuestro conocimiento sobre un género, como el policial, que tanto ha aportado a la literatura mexicana y que, hoy en día, ha perfilado el rumbo de la creación literaria en nuestro país.
Todo lo anterior viene a cuento por Matilde Mattei de Ferrara (Nuevo Laredo, Tamaulipas, 1912-Nuevo Laredo, 1979), una autora que caía en este ninguneo, ahora podemos entender mejor sus contribuciones al policíaco gracias a su novela Crímenes bajo el zodiaco, publicada por su cuenta en Monterrey en 1979. Y la podemos ubicar como una colega de María Elvira Bermúdez en su afán por hacer de la ficción detectivesca su legado. Sus contemporáneos la describieron como una mujer carismática, excepcional.
En 1930, a sus dieciocho años de edad, Matilde Mattei fue electa Señorita Nuevo Laredo y bajo tal título llegó a inaugurar la carretera México-Laredo. En 1945 se dio a conocer como escritora al publicar algunos cuentos en los diarios locales. Al mismo tiempo desempeño muchos cargos sociales y llegó a convertirse en una figura pública en instituciones de altruismo y sororidad en la frontera entre Texas y Tamaulipas, como la Cruz Roja y el Instituto de Protección a la Infancia. Trabajó tanto en México como en los Estados Unidos, especialmente en cuestiones de filantropía y cultura.
Según Orlando Ortiz y Tanía Ortiz, coordinadores del libro Ensayo panorámico de la literatura en Tamaulipas. De finales del siglo XIX a 1940 (ITCA, 2015), Mattei de Ferrara “realizó sus estudios en escuelas de Laredo Texas, pero sin dejar a un lado su lengua materna. De espíritu inquieto, fue promotora incansable de actividades culturales y sociales. A ella se debe la fundación de una biblioteca en el penal municipal, fue fundadora y directora de la Mesa Redonda Panamericana en la que abrió una biblioteca. Perteneció y dirigió numerosas asociaciones de carácter diverso, en su mayoría dirigidas al servicio social, incluyendo la Cruz Roja. Como autora, comenzó colaborando con algunos cuentos en la revista Joyas Culturales, de Nuevo Laredo, y suponemos que su actividad periodística se extendió a otras publicaciones periódicas, pues contamos con la información de que incursionó en la crónica, y con fortuna, pero no conseguimos ninguna de ellas. Además de los relatos mencionados, esta autora publicó tres novelas, las primeras dos de corte romántico escritas con soltura y fluidez. En ellas es evidente que sabe manejar la trama y estructurar con fortuna sus personajes”. Estas novelas fueron Hoy empezamos a vivir, (Nuevo Laredo, e/a, 1947) e Indecisión (Nuevo Laredo, e/a, 1960).
Y siguiendo a los dos Ortiz, su tercera y última novela, Crímenes bajo el zodiaco (1979), es otra cosa, tanto por el nivel de su trabajo creativo como por el género en que se ubica, pues es “evidentemente de corte detectivesco, policiaco o de suspenso. En esta obra se percibe la lectura cuidadosa de Agatha Christie, pero ella sí contextualiza su historia, pues el ambiente es completamente mexicano y se nota un mayor desarrollo de los personajes, que en este caso tienen volumen y credibilidad. Llama la atención que entre los personajes principales está una jovencita que colabora activa y acertadamente con el periodista que realiza la investigación. Mattei de Ferrara es hábil con el tramado y sabe atar todos los hilos que aparecen en la novela. En pocas palabras, Crímenes bajo el zodiaco es una buena novela, que auguraba mejores cosas si esta autora no hubiera fallecido”.
En la solapa del libro se asegura que es una “novela amena donde una joven inquieta guía a un reportero audaz y ambos “se lanzan en busca de una solución que hasta para ellos resulta inesperada”. Como obra de misterio -el asesinato de un columnista del diario donde ambos trabajan- es una aventura detectivesca que nos presenta a un par de investigadores, Marcela y Sergio, taquígrafa y periodista respectivamente y a la vez novios, que van siguiendo las pistas que los llevan a descubrir que más cerca de su propio trabajo está el asesino. Como lo dice Sergio al final: “Hubo muchas circunstancias que me fueron dando paso a paso la clave del misterio. La insistencia de Marcela para que entrara en el caso, para probarme a mí mismo si en efecto era un buen investigador”.
Crímenes bajo el zodiaco funciona como una novela policíaca tradicional, como el último eslabón de una forma de contar un asesinato sin mediar el contexto social, tan caro al neopolicial que surge en la misma década en que fue publicada. Pero hay algo que une a la narrativa policíaca tradicional y la que surge a partir de El complot Mongol: en ambas hay, como diría Taibo II, “la seducción de la novela de aventuras”. Porque la ficción detectivesca de Matilde Mattei es una historia que apresura sus descubrimientos, que salta de la sartén al fuego, que hereda de la novela folletinesca su encanto narrativo, sus enigmas ocultos a plena vista, sus personajes tan empeñosos como obstinados.
Para nuestra autora, investigar un crimen es cumplir con un deber: el de sacar a la luz los hechos tal cual ocurrieron. Es decir: revelar quién hizo qué cosas y cómo lo hizo y con cuáles motivos. Como una Nancy Drew mexicana, Marcela, la afanosa secretaria, es la que rastrea hasta conseguir las evidencias necesarias y luego atando cabos sin que le importen lo que los demás digan. Su terquedad es directamente proporcional con su talento para dar con el responsable del asesinato. Y aunque el responsable sea el personaje menos pensado por el lector, siguiendo el método Agatha Christie de engañar al público, al final todo embona, todo encaja y el caso muestra, contundente, la solución que estaba a la vista, pero que sólo nuestra heroína logra desentrañar con su astucia e ingenio.
Crímenes bajo el zodiaco es una novela de enredos en el mejor uso del término. Novela enigma para resolverse como un rompecabezas o como una partida de ajedrez. Novela de callejones sin salida e intrincados laberintos. No responde al género negro, pues carece de atmósferas siniestras, de sórdidos ambientes. Pero es, sin ninguna duda, una obra policíaca tradicional que cuenta su caso con metódica rotundidad y que lleva, página a página, una investigación con morosa eficacia. En cualquier caso, estamos ante una piedra miliar de la narrativa criminal de nuestro país. Una historia de intrigas y misterios para entretener, por supuesto, pero también para hacer pensar. Como un rompecabezas, cada pieza tiene su sitio. Pero hay que tener paciencia para encontrarlo. Por eso, Mattei de Ferrara, como la escritora italomexicana que fue, supo tener la suficiente paciencia para idear su última novela: como un crimen bien apretado: listo para sorprendernos. Listo para llevarnos a ciegas hasta su retorcido final.
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