“Cajas de resonancia del tiempo”: María Negroni y Joseph Cornell

Por: Armando Oviedo Romero

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Para el sirenólogo, Dr. Felipe de Jesús Hernández Rubio 

Los ecos del tiempo me trazaron una ruta de encuentros: de Jorge Esquinca a Joseph Cornell; de Cornell a Charles Simic. Y en la esquina de Cornell confluyeron Esquinca y María Negroni, pues la poeta argentina de Arte y fuga me llevó por la avenida Cornell.

Quizá ahora, Cornell camine de la mano con Negroni y Esquinca en una geografía local de sus pasos, siguiendo la ruta del mapa llamado La fiesta hermética, donde son autores Jorge y María.  

Vaya este inicio de niño perdido que encontró una brújula embrujada para situar uno de los prodigiosos libros de María Negroni, Elegía Joseph Cornell (Acantilado, 2026), cuyo centro es Joseph Cornell y sus orillas son el deseo de fragmentos a su imán gráfico

. 

Pero vayamos por trazos. 

Supe de Joseph Cornell (1903-1972) primero de oídas y leídas. Fue en el poema de Octavio Paz “Objetos y apariciones”. Ahí se le retrata de trato directo en su plástica devoción, donde Paz avisa de sus… cajas de resonancia del tiempo/ Jardines de infinito:/ El espacio se encierra en sí mismo y canta… También ahí el auto de “Piedra de sol” describe sus “Hexaedros de madera y de vidrio” y los objetos con los que construye o provoca el feliz encuentro que, como pregón de mercado o tianguis, se enumera en los versos: “Canicas, botones, dedales, dados/ alfileres, timbres, cuentas de vidrio:/ cuentos del tiempo”.

Muchos años después, frente a la Revista de la Universidad, pude dar cuenta de esos cuentos en el número 468, de enero de 1990, donde se presentaba “Ars combinatoria”, una muestra gráfica de las Cajas de Cornell y unos poemas en prosa del poeta Jorge Esquinca dando fe de lo que apenas yo intuía en el poema de Octavio Paz.

Escribe Esquinca frente a una Caja de Cornell: “¡Azoro de las cosas! Un cubo, una esfera bastan. Aunque los colores nunca van de más, lo que impera es el continente del blanco…”.

Después la misma UNAM publicaría, en su colección Poemas y Ensayos el alucinante libro de Charles Simic (1938-2023), Alquimia del tendajón. El arte de Joseph Cornell (1996, en traducción de Elisa Ramírez Castañeda), desplegándose en el libro  imágenes y textos asombrosos de la vida, obra y arte poética de Cornell, guiados por la prosa poética del autor de El flautista en el pozo.  

Sin duda la obra de Cornell es un lago de interpretaciones donde los poetas abrevan al considerarlo un asombrado vidente de las cosas pequeñas y un alquimista de las asociaciones.

Elegía Joseph Cornell de la poeta María Negroni debería ser una oda, pues en el libro no hay queja sino una alabanza. Negroni no recorre vida y obra de Cornell sino que parte de sus otros artefactos plásticos, la “breve y meditada composición musical” de la obra cinemática del artista neoyorquino que nos descubre su mirada vertiginosa.   

El libro, mejor dicho el poema, Elegía Joseph Cornell  tiene la forma estética, y en este caso, cinemática, del autor de la pieza Medici Boy. Negroni coloca una serie de imágenes dispuestas en la caja tipográfica del breve texto de un poco más de cien páginas.

La maravilla del libro no sólo es lo gráfico sino lo cinemático donde se despliega el fragmento, la insinuación, la frase, el dibujo, la pintura, la definición, las reproducciones, para que el lector descubra y haga su propio montaje de las emociones encontradas.

Este libro puede ser un cortometraje como los que, nos cuenta Negroni, armaba Cornell con la pedacería de fotogramas para construir sus “vistas”; estas, al ponerlas en relación y movimiento, evocaban un aleph videográfico que nos adentraba en un peculiar túnel del tiempo. Justo como Elegía Joseph Cornell, desde la página 6 hasta el colofón, está intervenido imaginativamente. 

Elegía Joseph Cornell es un poema experimental siguiendo los pasos de Cornell: la asociación deliciosa. El libro está hecho con fragmentos, poemas visuales, poemas en prosa, textos fantásticos, referencias (como la lista de libros de Cornell), sueños y poema de la poeta Negroni, reseñas de las películas de Cornell, conversaciones reales y ficticias, los antecedentes plásticos de Cornell (su cercanía con Marcel Duchamp), copias de textos a mano y caligramas de Cornell, colaboraciones (el poema visual “Una aporía para Joseph Cornell” de Richard Howard (1929-2022)). En fin, un verdadero cajón de sastre listo para a[r]mar.

Y eso es la poesía de María Negroni. Una conexión de minusculaturas, de objetos e imágenes; de experimentos gráficos y visuales que rompen con el esquema de la división de géneros, donde la prosa mágica y misteriosa de breves concordancias y encuentros alegres. María Negroni una poeta de quintas dimensiones. 

La poeta Negroni, una experta en breves edades de la literatura y amplias inspiraciones artísticas, hace de esta Elegía Joseph Cornell, un canto y produce un complemento intelectual para rendirle un homenaje al artista de los asombros cotidianos.           

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