Un campesino

Una vez rota la costra de la tierra
te ofrendo Santa Madre
la reja de fierro que partió los terrones y abrió los surcos

Una vez rota la costra de la tierra
te ofrendo Santa Madre
la reja de fierro que partió los terrones y abrió los surcos

Es la vida, no la muerte, la que deja los despojos y ensucia nuestros sueños. No va a dejarnos olvidar que antes de la limpia desaparición final (antes del ángel) hay que pudrirse. Por eso es absurda la idea cosmética