El placer del anonimato urbano

El deleite del anonimato urbano se mezcla, en ese tipo de momentos, con el la soberanía del yo: el placer de comerse un helado en una plaza porque pasaste y se te antojo el de sabor a mango, caminar más lento que el resto o de simplemente sentarse a ver pasar la vida, sabiendo que tu disfrute no necesita ser validado por un comentario ni capturado por una cámara.
