Pensamiento mítico y tatuajes curativos

Por: Nelson Álvarez Licona
Compartir este texto:
“El sociólogo no puede dedicarse a verificar o falsear científicamente las creencias de los actores. La eficacia de las ideas, creencias, conciencias, no depende de su verdad o falsedad, sino de su capacidad para determinar el comportamiento y por tanto su grado de evidencia social; es decir, que la eficacia depende del poder, de la capacidad para imponer como verdad social una determinada forma de definir la realidad, independientemente de su verdad o falsedad” (Pérez Argote, 1986: 88).
El pensamiento mítico está presente en todas las sociedades, siendo el mito no una fábula sino realidad misma que da sentido y determina el comportamiento de las personas; y en la medida que formaliza la realidad, estructura la identidad que es un constructo que hacemos de lo que percibimos, dándole forma a lo que nuestros sentidos capturan, para que adquiera significado y sea, por lo tanto, comprensible, pues solo la forma es pensable. El conocer se da en nuestra subjetividad y al dar una representación mental estamos ante realidades conocidas; así el pensamiento mítico es referencia que permite hacer inteligible los fenómenos que se perciben, siendo explicación de conductas, por extrañas y ajenas que a nuestra lógica nos puedan parecer, responden a una forma de construir la realidad.
Al ser la humanidad producto de la socialización, nos permite explicarnos de donde surgen las imágenes de la realidad que nos vamos formando, para de ahí podernos acercar a las experiencias de los otros, haciéndolas inteligibles, al darles representaciones mentales y categorías teóricas. Formalizamos a partir de los contextos que nos ha ido proporcionando la sociedad donde hemos sido educados, y desde estas lógicas, tomamos con naturalidad lo que para otros podría ser un comportamiento extraño. “Mientras el lenguaje corriente confunde al mito con las fábulas, el hombre de las sociedades tradicionales descubre en él, por el contrario, la única revelación válida de la realidad” (Eliade, 1991: 2). Lévi-Strauss nos muestra un ejemplo de la realidad mítica en los indios Cunas de Panamá, en un Canto Chamanístico que es utilizado cuando hay dificultad en el parto, después de la narración y la explicación de este canto, donde el autor nos lleva por todo el proceso en el cual el Shamán introduce a la enferma a esta realidad, en un ambiente fumigado de café donde se realizan invocaciones repetitivas y obsesionantes, después de confeccionar imágenes sagradas de Nuchu que son espíritus protectores que asisten al Shamán demoliendo los obstáculos para llegar al útero que es a la casa de Muu (potencia responsable de la formación del feto) quién se ha apoderado del Purba (el alma de la futura madre), en todo este proceso el Shamán no toca el cuerpo de la enferma ni administra ningún remedio, sino que lleva a la mujer a este estado de realidad mediante cantos rítmicos y repetitivos. Una vez vencida Nuu y sus hijas, por el Shaman y los Nuchu, el parto tiene lugar. Llevado a la mujer de su realidad mundana a una mítica, al ser la realidad es una construcción. Lévi-Strauss termina diciendo: “Que la mitología del shamán no corresponde a una realidad objetiva carece de importancia: la enferma cree en esa realidad, y es miembro de una sociedad que también cree en ella” (Lévi-Strauss, 1992: 211 – 227).
TATUAJES CURATIVOS. En Egipto la práctica del tatuaje se muestra de muy antigua. “Las egipcias se tatúan el dorso de la mano, el pecho, la barbilla y la frente y ha durado el tatuaje en Egipto para fines curativos, cuatro mil á cinco mil años. La momia de una sacerdotisa de Hathov tenía tres hileras en el demacrado bajo vientre, y las mujeres de hoy siguen este método para jaquecas, neuralgias y reuma” (Enciclopedia Universal Ilustrada, 1988: T. LIX, p. 878). En Borneo, las mujeres kayanas utilizan tatuajes para evitar y curar las enfermedades; llevan en la muñeca un tatuaje que impide que su alma escape de su cuerpo cuando está enfermo de gravedad, además, sus tatuajes son antorchas que iluminan a quién muere en su viaje al país de los muertos. (Hose, 1922: T. 1, Cap. V “Borneo”, p. 322). También y asociados a la práctica curativa se utilizan tatuajes para inmunizarse contra las heridas y para ser afortunados en el amor. “Todo birmano que se respeta se tatúa de azul desde la cintura, cerca de la punta del taparrabo, hasta la rodilla. Las figuras de tigres, monstruos y otras por el estilo están circundadas de inscripciones en forma espiral. El tatuaje del tronco y de los brazos es rojo, y se hace con el propósito de inmunizarse contra las heridas de arma blanca o de fuego o para ser afortunado en amores” (Scott. 1992: T. 1, p. 437).
Un tatuaje mágico protector curativo, que se practica en la zona del Rif, Marruecos, se realiza después de haber visitado tres días consecutivos el santuario de Sidi Abd al-Noor, donde se sacrifica una res para los guardianes y otra para el tatuador. Cuando es la piel donde está el problema de salud, se visita el santuario de Sidi el Hach Amarani, donde previamente se baña el enfermo con aguas de una fuente milagrosa que ahí se encuentra, para proceder después al tatuaje que se hace en el muslo, donde se tatúan puntos y rayas (Cola, 1949: 102). Cola Alberich, quien estuvo estudiando los amuletos y los tatuajes en Marruecos, encuentra en la cruz, la swástica y la rueda -que son los diseños de los tatuajes que se realizan las mujeres beréber- vestigios ancestrales de culto al sol; plantea que los pueblos beréberes estaban muy ligados a los pueblos del oriente y que de ahí provienen estos símbolos. A este tipo de tatuajes se les atribuyen propiedades mágico-protectoras. “La cruz sencilla, bien en forma corriente o en la llamada Cruz de San Andrés, es el símbolo más empleado. La cruz constituye casi el único emblema tatuado en los dedos del pie y mano y el normal en los tatuajes de senos femeninos. El significado heliolátrico expresivo del culto solar de la cruz es indudable, y es el que tuvo ese signo entre las primitivas poblaciones … Cruces, swásaticas y ruedas -motivos ornamentales del tatuaje marroquí actual- son indicadores de un mismo culto ancestral que, olvidado en gran parte por las actuales poblaciones musulmanas persiste vivo en el fondo psíquico y se perpetúa por la tradición en estos signos, de simbolismo ignoto para ellos, a los que atribuye mágicas propiedades defensivas contra la desdicha” (Cola, 1949: 109).
La práctica de tatuarse líneas en las partes afectadas por dolores reumáticos y el utilizar tatuajes para combatir dolores de cabeza, así como el tatuar sobre tumoraciones, la pude observar y registrar en la comunidad de Sidi-Fadma, comunidad bereber y en Marrakech; al preguntarle a una mujer beréber de aproximadamente 60 años, que curaba mediante tatuajes, y quién me tatuó para registrar la técnica, ¿que si ella curaba?, contestó que sí, mostrando tatuajes en sus manos, muñecas y en sus piernas, que consisten en dos líneas arriba de las rodillas. Dijo que los tatuajes eran para el dolor articular.
- ¿Y el tatuaje de la mano?: “Para el dolor de huesos”.
- En las muñecas tiene tatuadas unas estrellas y unos puntos, y dijo que eran para el dolor de cabeza, que tenía mucha calentura y con eso se quitó el dolor.
- ¿Y estas? (refiriéndome a los tatuajes de sus rodillas):”Porque para el dolor de los pies hay una medicina muy tradicional y va con este médico muy tradicional y le jala el dolor (el tatuaje le jala el dolor).
En las entrevistas que realicé en junio de 1994 en Sidi Fadma, que es una comunidad beréber que se encuentra en las montañas a 50 km. de Marrakech, Marruecos, encontré que entre las mujeres los tatuajes que aquí se practican los realizan por cierta propiedad protectora que les atribuyen. Tatuándose para protegerse contra el mal de ojo y para curarse de algunas enfermedades. En esta comunidad beréber, pude observar mujeres con tumoraciones en el cuello, quienes habían recurrido al empleo de tatuajes para enfrentar su enfermedad. Los tatuajes en las mujeres beréber de Marruecos se realizan por lo general desde pequeñas, a la edad aproximada de 10 años y las madres acuden a una tatuadora, quién es la que se encarga de irlas protegiendo con estas marcas. Los tatuajes que se realizan como recurso terapéutico, por lo general se practican a mujeres adultas. En muchas ocasiones los tatuajes los hacen la madre de la hija, marcándole la barba y la frente con líneas, puntos y círculos. “Este tatuaje se llama el <<ayacha>>, es decir, <<el que hace vivir>>. Cuando se trata de una hija cuyo <<ayacha>> debe ser incorporado más tarde al <<sayaba>>, la madre recurre al tatuador profesional. Esta es una segunda operación que tiene lugar en la época de la pubertad generalmente, aunque en ocasiones se practica cuando se conciertan esponsales, al igual que ocurre entre los beréberes marroquís, principalmente en el Rif. La frente de las mujeres, ya señalada por el <<ayacha>> al nacer, sufre ahora la incisión de la <<sayaba>>” (Cola, 1949: 91). El proceso se realiza con una aguja, carbón y un colorante vegetal para la realización estos tatuajes. Dembo y J. Imbelloni (s/f: 127), plantean para los tatuajes tunecinos que, según su finalidad, estos tatuajes reciben nombres diferentes: Ayacha es el tatuaje conservador de vida, se asienta de preferencia sobre el mentón, la frente y alrededor de los ojos, producido por punción y negro de humo, es el tatuaje que adquiere toda niña, cuando su nacimiento está acompañado por alguna desgracia como la pérdida de la cosecha, la muerte del padre o de la madre, etc. Consiste en una o dos cruces u otro signo, dispuestos sobre la frente o en la pantorrilla. El tatuaje que asegura la inviolabilidad, la conservación de la virilidad y que, al mismo tiempo inmuniza contra enfermedades es el Tesfih, que es un tatuaje por incisión, que asienta por encima de las rodillas y a nivel del pubis.
La presencia de tatuajes que se hacen como talismanes protectores, se muestra en esta comunidad de Sidi Fata, principalmente en mujeres adultas y las líneas, puntos, círculos y cruces, los vemos ocupando: frente, barba, manos, cuello y en zonas más ocultas, como en las piernas de aquellas mujeres que padecen alteraciones articulares o como los tatuajes que pude observar en el cuello de mujeres que tenían tumoraciones. Una de las constantes en las entrevistas fue que las mujeres desearan borrarse sus tatuajes y el que no quisieran tatuar a sus hijas pequeñas, y sin embargo, la práctica del tatuaje en este lugar está presente y las personas acuden a la tatuadora, que siempre es mujer, para curarse y protegerse del Mal de Ojo por medio de tatuajes.
A pesar de que entre los musulmanes está prohibido el tatuaje, en la comunidad beréber se justifica debido a que Fátima, hija de Mahoma, tenía tatuada la barba. Reproduzco algunos fragmentos de las entrevistas que realice en Sidi-Fadma, en la región de los Grande Atlas, en las que se hace referencia a la práctica de tatuarse para protegerse del Mal de Ojo.
Mujer de aproximadamente 50 años:
- ¿Por qué se pintó en el cuello? (tiene una cruz pintada en el cuello): “Para proteger del mal”.
- ¿Con que se lo pinto?: “Con agujas y carbón”.
- ¿Quién la tatuó?: “En la casa de la mujer que tatúa” (que es una señora de unos 70 años, tatuada en la frente, el labio superior, la barba, las manos y tiene un tumor en el cuello, esta mujer cura con tatuajes).
Mujer de aproximadamente 30 años.
- ¿Su mamá se los hizo?: “Si, si”.
- ¿Y a sus hermanas?: “Si”.
- ¿Y a sus hijas?: “No, no”.
- ¿Y con que se lo hicieron?: “Con carbón”.
- ¿Por qué se lo hicieron?, ¿por el mal de ojo?: “Si, si”.
- ¿Quisiera quitárselo?: “Si, ¿hay alguna cosa para quitárselo?”.
- Si, si hay una forma, ¿quiere que se la diga?: “No” (contesta la señora, sonriendo se agacha y sigue lavando).
Mujer de aproximadamente 30 años que estaba con otras sentadas platicando.
– ¿Se lo pintó su mamá?: “Si”.
– ¿Y por qué se lo pintó?: “Ojos no buenos”.
– ¿Y usted se lo ha pintado a sus hijos?: “No, no”.
LA TÉCNICA DEL TATUAJE EN LA COMUNIDAD BEREBER DE MARRUECOS.
La técnica que utilizan para tatuarse en la comunidad bereber de Marruecos, hasta la fecha no había sido registrada en ningún trabajo etnológico que se haya hecho de esta zona. Para poderlo hacer, conseguí a una persona que aceptó realizarme un tatuaje, cosa bastante difícil ya que los tatuajes en este lugar solo se practican entre mujeres. Pero en mi caso y como retribución a varias intervenciones que realice con acupuntura, resolviendo un desmayo y algunas neuralgias a personas mayores y prestigiadas, me concedieron la posibilidad de ser tatuado, no siendo mujer. Pudiendo registrar la técnica de tatuaje en las mujeres beréber de Marruecos.
- Los tatuajes se hacen por medio de punción, con una aguja de coser, pintura vegetal que las mujeres utilizan para pintarse los ojos a la que llaman l`antigho y carbón en polvo que obtienen de las marmitas que utilizan para cocinar.
- La zona que se va a tatuar se impregna del colorante vegetal, que está en polvo, pues se obtiene de las hojas secas y molidas de la planta -es de color azul-. Encima de este se pone el carbón en polvo, estos colorantes se aplican por lo general con el dedo o ayudados de un algodón.
- Sobre estos colorantes se comienza a picar dando forma a los tatuajes que se van a realizar, los que por lo general son poco elaborados, ya que consisten en puntos, líneas, círculos y cruces.
- Después de atacar la zona con la aguja, se limpia con un algodón humedecido con agua y se vuelve a impregnar de colorante vegetal y carbón, para después volver a picar insistiendo sobre las mismas grafías que se intentan obtener, solamente que estas no se observan, ya que se está trabajando sobre una zona oculta en el mismo colorante, así que todo el proceso se hace calculando que este quede en la proporción y el lugar que se desea.
- En el proceso de tatuaje que me fue realizado, esta operación de poner colorante l`antigho, carbón y luego punzar, se efectuó por cinco ocasiones y cada que emprendía la punción al poner la pintura vegetal y el carbón, la tatuadora chupaba la aguja, humedeciéndola con su saliva. En todos los casos en que iba limpiando la zona con un algodón humedecido con agua, no se apreció el tatuaje. Este se fue haciendo aparente hasta después de tres días, que fue el tiempo que recomendó la tatuadora que se quedara cubierta la zona tatuada. En el transcurso de esos tres días, por recomendación de la tatuadora, no se pudo asear la zona tatuada y solo se apreciaba la irritación que bordeaba al tatuaje.
- Después del tercer día apareció en tinta azul la marca indeleble sobre la piel aún irritada, que ira secándose y descamándose para dejar posteriormente el tatuaje realizado.
Bibliografía:
Scott Sir Jorge (1922), Birmania. En Spéncer B. (coord.), COSTUMBRES DEL UNIVERSO, narración popular de las costumbres, ceremonias, ritos y supersticiones de todos los países. 1922.
Cola Alberich, Julio. Amuletos y Tatuajes Marroquíes, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Instituto de Estudios Africanos, Madrid. 1949.
COSTUMBRES DEL UNIVERSO, narración popular de las costumbres, ceremonias, ritos y supersticiones de todos los países. 2 Tomos. Barcelona: Montaner y Simón Editores. 1922.
Dembo, & Imbelloni, J. Deformaciones intencionales del cuerpo humano de carácter étnico. Buenos Aires: Humanior, Biblioteca del Americano Moderno. (s/f)
Eliade Mircea. Mitos, Sueños y Misterios. Madrid: Grupo Libro 88, S.A. 1991.
Enciclopedia Universal Ilustrada, Madrid, Espasa-Calpe S. A. 1988.
Hose, Carlos. “Borneo”. En Spéncer b. (coord.), COSTUMBRES DEL UNIVERSO, narración popular de las costumbres, ceremonias, ritos y supersticiones de todos los países. 1922.
Lévi-Strauss, Claude. Antropología Estructural. Barcelona: Paidos. 1992.
Pérez Argite, Alfonso. “La identidad colectiva: una reflexión abierta desde la sociología”. Madrid: Revista de Occidente, No. 56. 1986.
Te recomendamos:




