México esotérico

Por: Sergio Hernández Roura

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Durante el siglo XVIII para el mundo europeo tuvo lugar una de las transformaciones fundamentales de la cultura moderna, la implantación del racionalismo como paradigma científico. Este cambio tuvo muchas más consecuencias de las que se pudiera suponer; su impacto se vio reflejado en todos los ámbitos, incluso en aquellos en los que podría pensarse que no ocurriría. Piénsese que a partir de ahí, cualquier acercamiento al mundo que no se atuviera a la comprobación de verdades medibles tamizadas por la razón carecía de valor científico. De esta forma la religión, la magia y la superstición, que hasta entonces también le habían servido al ser humano para acercarse al mundo, quedaron excluidas. La Diosa Razón había exorcizado a la realidad y consumado el proceso de desencantamiento del mundo, en la expresión de Max Weber. Pero no sólo eso, ya que también la descalificación influyó en la reconfiguración del árbol del conocimiento, que había sido podado, usando la metáfora de Robert Darnton, por los enciclopedistas. Sin embargo, eso no quiere decir que estas aproximaciones hubieran desaparecido por completo, ya que algunas de ellas muy pronto renacieron en obras artísticas y sirvieron para oponerse a la tiranía de la razón. A este impulso debemos algunas de las cumbres del Romanticismo, que incorporaban elementos sobrenaturales ya fuera para suscitar el escalofrío de un público ávido de emociones, entre ellas el miedo, o para cubrir la realidad con un velo misterioso. Algunos de sus exponentes aprovecharon los horizontes que abría el esoterismo, un conjunto de saberes y prácticas que es fundamental conocer si se quiere tener una mejor comprensión de lo que ocurre con buena parte de la producción artística del siglo XIX. Si nos acercamos a las obras de Hoffmann, Gautier, Balzac, Poe, Baudelaire, Crowley, Chambers, Blackwood, Machen, Lovecraft, Castera, Nervo, Vasconcelos, por mencionar algunos nombres, podemos disfrutar la trama de sus obras sin ningún problema, sin embargo, es un hecho que indefectiblemente algo se escapa, algo se escurre entre los dedos, algo que pertenece a un lugar de sombra, a causa del desconocimiento de ciertos códigos y referentes. Algunos destacados investigadores, entre los que se encuentran Frances Yates, Ioan Culianu, E.M. Butler, Antoine Faivre o Mario Praz nos han enseñado a leer entre líneas algunas de esas obras para iluminar esta veta dichosamente aún por explorar.

            Pero volvamos al árbol del conocimiento para señalar que la exclusión de un territorio, el esotérico, también abarcó a los estudios sobre él. Las instituciones religiosas defendieron su parcela, pero el conjunto heterogéneo del que forman parte el espiritismo, la magia, la teosofía y el ocultismo, entre otros, quedó bastante relegado como campo de estudios, lo que no quiere decir que el interés se haya extinguido. Ha sido en las últimas décadas que ha cobrado legítimidad dentro del ámbito académico. Y, por supuesto, hay que aclarar que la postura adoptada dista de ser la de vestirse con el hábito negro y llevar a cabo ritos de un culto innominable, como gusta retratar la industria hollywoodense del entretenimiento. Se puede creer o no, pero la postura del estudioso aspira a dar cuenta de la historicidad, a explicar y dar sentido a un conjunto de fenómenos multidimensionales y complejo que el doctor José Ricardo Chaves ha denominado acertadamente esoterósfera.

            Me complace celebrar la aparición de México esotérico (1850-1950), un libro que constituye un hito en la Historia de los estudios esoterológicos latinoamericanos, un conjunto de trabajos que supone la culminación de un proceso y seguramente el inicio de una nueva etapa. Con mucha expectación observo la manera en la que se ha expandido un territorio y, sobre todo, su consolidación como ámbito de estudio en la Universidad. Los trabajos del Seminario Permanente de Estudios de Esoterismo Occidental desde América Latina, adscrito al IIFL de la UNAM han rendido frutos notables, como el libro Esoterósfera, volumen dedicado a Hispanoamérica al que se añade México esotérico (1850-1950). Antes de referirme a los contenidos y virtudes de la obra, quiero dedicar unas líneas a su coordinador. Quien ha leído los trabajos del Dr. José Ricardo Chaves irremediablemente es tocado por el siglo XIX, por las obras, pero, sobre todo, por las fuerzas y los impulsos que las generaron. Actualmente salen expertos en literatura fantástica de todos lados, pero cuando Chaves indagaba en ese género el panorama al que él se enfrentaba era totalmente distinto y su objeto de estudio era considerado paraliterario en el mejor de los casos. Él supo ver que lo fantástico y el esoterismo muchas veces se tocan. Por ello, sus trabajos de literatura comparada han enseñado a sus lectores a distinguir en la oscuridad los contornos de lo imposible. Su trabajo es un modelo para quien se adentre en ese siglo. Para constatar lo que digo basta leer algunas páginas de obras como Los hijos de Cibeles: cultura y sexualidad en la literatura de fin del siglo XIX, Andróginos. Eros y ocultismo en la literatura romántica o México Heterodoxo. Diversidad religiosa en las letras del siglo XIX y comienzo del XX. Para fortuna nuestra su labor ha dado un giro no menos interesante, fiel al vasto campo en el que se había sumergido. De este derrotero, que tiene en sus libros Isis modernista. Escritos panhispánicos sobre teosofía, espiritismo y el primer Krishnamurti (1890-1930) y Hermes espírita. Narrativa esotérica de México (1870-1930) una summa, forman parte también las obras colectivas que ha coordinado con el mismo espíritu que alienta sus libros.

            Es necesario aclarar que los miembros del Seminario Permanente que están incluidos en México esotérico (1850-1950), académicos pertenecientes a diferentes ámbitos e instituciones, no han sido magnetizados para cumplir las órdenes de un demiurgo, sino que se han congregado con el objetivo de seguir expandiendo los horizontes esoterológicos y, por supuesto, los del conocimiento de nuestro país, cada uno atendiendo a su propia búsqueda. La feliz conjunción de textos, la centuria que comprende, abarca una gama amplia de autores y obras que ayudan a tener un panorama más rico de la cultura mexicana. Los artículos son tan originales como estimulantes: la lectura teosófica del místico Miguel de Molinos, el lugar que ocupa Rodolfo G. Cantón para la difusión del espiritismo kardeciano en Yucatán; la poesía espírita de Rogelio Fernández Güell, costarricense avecindado en México; los vínculos de los movimientos protofeministas y el espiritismo; la prosa de tema espírita contenida en los Bocetos provincianos del zacatecano Severo Amador; la interesante apropiación, es decir plagio, de Sherlock Holmes hecha por el sacerdote jesuita Carlos María de Heredia con la finalidad de poner al detective de Baker Street en novelas que pretendían desacreditar el espiritismo; el impacto del dosamantismo (Jesús Ceballos Dosamantes) en la obra del español Juan Valera y del mexicano Joaquín Calero; el sustrato de la plataforma política de Felipe Carrilllo Puerto; los rastros esotéricos en la obra de Gerardo Murillo, Doctor Atl; el destacado papel de Arnoldo Krumm-Heller como punto de encuentro entre instituciones esotéricas europeas y latinoamericanas, a lo que se añade su trabajo como creador de novelas de temática rosacruz; el interés de Rudolf Steiner por el mundo prehispánico y su mitología; y, finalmente, el acercamiento a la poesía esotérica mexicana.

            Al terminar de leer este listado cabría suponer que se trata de un libro solo para “iniciados”, sin embargo, no es el caso. Si bien se concibe como una obra académica cada texto es una invitación a sumergirse en la esoterósfera. Sus páginas permiten mirar con nuevos ojos una de las áreas marginadas de la cultura; lo que implica que su lectura sirve para desbloquear-descubrir nuevas dimensiones de los fenómenos; enriquecer y refutar la visión simplista y reductora del pasado como algo primitivo y ya superado, además de demostrar que las simientes de mucho del conocimiento científico provienen del ámbito de la esoterósfera. Algo que sin duda los acólitos más irracionales de la Ciencia difícilmente reconocerían.

José Ricardo Chaves (ed.), México esotérico (1850-1950). México: Bonilla Artigas Editores, 2025.

Texto leido durante la presentación de México esotérico (1850-1950)

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