Titanic Pintalabios

Por: Ximena Brócoli

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Cuando Rosalía dice que el Titanic cabe en un pintalabios tal vez se refiere al desastre natural que causan mis noches de putería. Los ahogados seríamos mis amigues y yo, obviamente. El barco mi departamento.
El cesto de la ropa sucia con calzones a reventar. Mil pares de zapatos dibujando un camino desde mi habitación hasta la entrada. El popper escondido en un mueble para que no huela, no se me antoje y no cause un incendio. La cobija de la sala hecha bolas: signo inconfundible de que me dio insomnio. Un banquito junto al excusado por si me dan ganas de vomitar; prefiero no sentarme en el piso frío. Y mi pintalabios abierto, desnudo dentro de mi bolsa. Lleno de pelusas y pelos. Eso es lo que más me duele porque es mi favorito.
Limpiar mi casa es una peregrinación hacia mi purificación espiritual. Si escondo la evidencia puedo hacer como que no pasó. Como que no me emborraché y me puse a mandarme mensajes con una de mi clase de coreano. Como que no llevo tres días llorando por otro fracaso amoroso. Como que no fui a Tepito a intentar expiar ese dolor y tal vez lo logré. Como que no me desperté a las 2am alucinando que el tepiteño que me agarró las nalgas iba a venir a matarme. Y después a cogerme, o al revés. Medio da igual.
La procesión comienza en mi cama. Abro los ojos y recuerdo todo lo que hice ayer. Camino en círculos en la oscuridad. Cuando junto fuerzas le quito los pelos a mi pintalabios y lo guardo en el gabinete del baño. La siguiente parada es lavar los platos del desayuno previo a mi desastre. Ya va amaneciendo. Doblo la cobija de la sala, regreso el banquito a su lugar, acomodo los zapatos en el mueblecito de la entrada.
La última parada antes de la purificación espiritual es bloquear a Yahir en Instagram. Por fin seré pura, tal vez incluso virgen de nuevo. Cuando lo bloqueo ya es de día, mi departamento está limpio y hasta huele a incienso de flor de loto. No quedan rastros de mi desliz.
Ahora que soy pura pienso en mi amiga Ronit, que se queja mucho de lavar los platos. Yo no lo entiendo. Me parece que hay cosas peores, como sacar la basura, por ejemplo. ¿Será que no usa guantes? ¿Será que no pone música mientras lo hace? Yo, en cambio, tan bien portada, tan niña buena, no solo lo hago sino que encima lo disfruto. Lo hago con amor, pero en realidad es porque no queda de otra.
Lo que me resulta desconcertante de lavar los platos es que siempre queda algo por limpiar. En eso estamos de acuerdo Ronit y yo. Nunca se termina por completo de lavar los platos. Ni la casa, ni las culpas, ni el cringe de una misma. Podré ser juiciosa para limpiar, pero en el fondo sé que soy sucia. Sé que sí fui a las miches a que me agarraran las nalgas. Sé que sí me metí popper con “Cuando no era
cantante” del Bogueto de fondo. Sé que Tepito es mi infierno favorito. Solo me queda limpiar con amor.
Creo que Rosalía en el fondo habla de Dios, o eso dice en las entrevistas. Yo de eso no entiendo mucho. Pero sí que entiendo de culpas y de pasiones. Rezar se parece a limpiar. Nunca se acaba.

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