Puertas y lápidas a otros mundos.

Los umbrales desde una imaginación nacida de la curiosidad y la perturbación. Cede, entonces, esa curiosidad y esa perturbación a la imaginación de todo aquel que lo lee, listas para mermar la mente del lector. Pues, personalmente, yo ya no pude dejar de pensar en ellas. Quise salir a buscarlas, palparlas, contarlas, graffitearlas, quizás abrirlas. Hasta ahora no he tenido el tiempo—o los huevos— de ir al Viaducto y poder quitarme la espina. Pienso que es mejor así.
