Somos un solo mirar

Por: Andrés Bali Quintanar

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La memoria aparece como una manera de encontrar sentido al cosmos. Hemos guardado en nuestro pensamiento nuestros modos y gestos, nuestras experiencias y todo ello nos ha regalado la idea de quienes somos. Hemos escrito en el tiempo nuestra personalidad y los espacios han tomado otra vida. En nuestro organismo existe una química que atesora los instantes y nos otorga la forma de nuestro corazón. La lógica y las experiencias también son una forma de escribirse en el tiempo nuestras hazañas.

            Creo que buenas experiencias incluyen buena química cerebral, como si nuestros pasos o acciones o palabras fueran una medicina antigua, tan antigua como el ser humano.

            Los instantes son un lenguaje cósmico. Las palabras generan momentos increíbles. Las flores se comunican con una química inexplicable. Los sentidos y los pensamientos son también un lenguaje con uno mismo.

            Las palabras nos hacen seres humanos, el lenguaje puede tener la capacidad de amar la profundidad del océano y caminar hacía un barco que previsualiza la belleza del cielo estrellado. Son las palabras un embrujo, una respuesta, una teoría sobre el movimiento de los astros. En el fondo las palabras son la manera que tenemos para nombrar nuestras propias experiencias y para nombrar quienes somos.

            Estoy junto a una fogata en una playa lejana y las estrellas y el cosmos se abren como flores del tiempo. Mis ojos apenas y pueden abrirse y percibo una belleza infinita y un amor puro. La vida tiene caminos hermosísimos y creo tomé el camino correcto. Mi cuerpo entumecido deletrea las experiencias como si contara los dedos de sus manos. Veo la luna que tiene un filo de luz y la luna y las estrellas son bellas compañeras.

            La arena blanca hace patrones diferentes al recibir la luz de la fogata. Mis manos son una metáfora del tiempo, del camino, del cielo.

            Mi cuerpo llega a la profunda relación de el cielo con la tierra. Entiendo el porvenir y el pasado como un solo camino. El cielo es una metáfora de mi cuerpo que entiende la bella relación del tiempo con los ojos, con la memoria, con ese lenguaje que escribe mi ser en el tiempo, en mi corazón, en mi pensamiento.

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