Marysole o el sentimiento trágico de la vida

Por: Eli Bartra
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A noventa años de su nacimiento se abrió la muestra de una pequeña selección de su obra con el título “Marysole Wörner. Redenciones marginales” en el Museo de Arte Moderno, y permanecerá abierta hasta el 25 de octubre.
Marysole Wörner Baz (1936-2014) fue un personaje singular, casi podría decir que estrafalario o, por lo menos, esa era mi impresión. Siendo yo adolescente la veía con frecuencia en las inauguraciones de exposiciones en la ciudad de México y siempre me llamó la atención su aspecto. Bajita, muy bajita, cabello corto y de mirada extraña. Marysole es integrante de una familia de artistas, sus tíos fueron los pintores Ben Hur y Emilio Baz Viaud, su hermano Juan, arquitecto y su madre escribía poesía y también pintaba paisajes en las postrimerías de su vida (poco se sabe de ella).
Esta muestra fue para mí una decepción; en primer lugar, porque tenía la idea de que se trataba de una retrospectiva con mucha obra y encontré que había poco, era sumamente reducida y, en segundo lugar, porque la curaduría dejó bastante que desear. La idea temática era quizá interesante, pero me parece que en la práctica no funcionó bien pues es confusa y un tanto sosa. Se trata de obra que sirvió de pago en especie a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, obras del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) y del donativo del acervo que realizó la historiadora del arte y amiga de Marysole, Graciela Kartofel, al Museo de Arte Moderno, de ahí la escasez que integra la exposición. De cualquier manera, me parece importante que se dedicara ese espacio a su obra en la Ciudad de México para conmemorar el aniversario de su nacimiento. Esperemos ver pronto una magna exposición con todo lo que donó a la Fundación Slim que, al parecer, es por el orden de 300 obras.[1]
En 1974 ella, junto con su hermano Juan, participó en la creación del grupo SexPol que reflexionaba sobre la homosexualidad y a principios de la década de 1980 estuvo en la Semana Cultural Lésbico-Gay, que luego se convirtió en el Festival Internacional por la Diversidad Sexual. Con ello Marysole se convirtió en un referente artístico importante para la comunidad.
Las temáticas de la obra de Marysole que se observan en esta exposición son bastante sui géneris, por decirlo de alguna manera, varias cargadas de desolación e ironía. Podemos ver desde los extraordinarios dibujos en negro, bastante sombríos, personas de pie, solas o en pequeño grupo, pasando por cuadros sobre la naturaleza sumamente luminosos, un remanso de paz, para aterrizar en lo tétrico con algunas pinturas como La banca, 1956, en la que unas figuras difusas, de mujeres, parece, una de ellas “calavérica”, abraza a otra decrépita, y en un primer plano unas muletas. Otro óleo es El asilo, 1960, en el que cuatro personas se hallan en sillas de ruedas, también bastante lúgubre. Y tenemos El abrazo, 1963, en el que una niña cadavérica se halla sentada en el suelo y un esqueleto la abraza, todo ello en negro, blanco y grises. Una mujer de pie, con una máscara blanca, abraza a un infante que parece exangüe en el que dominan los tonos marrones. En La limpia, 1974, se ve a una mujer de espaldas con una escoba en una mano y un recogedor en la otra, irónicamente a esta mujer haciendo trabajo doméstico la denomina igual que el ritual de purificación.
Muchos de sus personajes son andróginos, como quizá lo era ella misma en su aspecto exterior y, posiblemente, además, en su interior. Difícil saberlo.
Tengo la impresión de que las esculturas que se encuentran ahí, representan más que nada una búsqueda, explora materiales y formas. Son propuestas muy hermosas, geométricas, tranquilas, que no sacuden como algunos de sus óleos, dibujos o gráfica.
Definitivamente es un universo en femenino, aunque aparezcan algunos hombres; los personajes centrales de sus cuadros, de sus historias, son las mujeres, mujeres juntas, hermanadas, titiriteras, vendedoras, ancianas, niñas… y la muerte, tan querida y tan temida.
Todo ello nos remite casualmente al libro de cuentos de María Cristina Meza La aparición de la invisible[2], amiga íntima de Marysole Wörner y discípula de su pareja de casi toda la vida, Adela Fernández y Fernández. Fue una casualidad buscada el haberme tropezado con este libro cuyo contenido nos lleva al mundo de la plástica de Marysole en palabras. Una galería de mujeres, sumidas en el dolor, la muerte, la soledad, la vejez y la pobreza desfila ante nuestros ojos. En atmósferas sofocantes bañadas de melancolía, añoranzas, amores prohibidos, seres decrépitos y enclaustrados nos son desgranados en cada cuento. La obra plástica de Marysole y la cuentística de María Cristina van de la mano y se dirigen a un mismo abismo trágico.
[1] Merry MacMasters, “Acoge la Fundación Carlos Slim el acervo de Marysole Wörner Baz”, La Jornada, 23 marzo 2014. https://www.jornada.com.mx/2014/03/23/cultura/a03n1cul
[2] Publicado por Fontamara, México, 1999.

- Marysole Wörner Baz.
- Marysole Wörner. La limpia, óleo sobre tela, 1974.




