El nombre de las cosas

Por: Andrés Bali Quintanar
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En el corazón del ser humano necesitamos otorgar nombre a las cosas. Somos en sí mismo el nombre del tiempo, el nombre de la belleza. Somos quienes otorgamos vida a la existencia. Nuestro corazón tiene una capacidad infinita de entender el porqué de nosotros mismos. Somos el poeta que nombra nuestra vida.
Sé que cada persona entrega su corazón a la existencia. Su virtud y su verdad guían cada paso de su existencia. Son los pensamientos su vida y son los instantes aquello con lo que se escribe su historia.
Cada premisa, pensamiento o palabra son son los hilos de su historia. Son los pensamientos la madeja del tiempo, la existencia de sus conclusiones. Son los instantes la tela del tiempo. Nuestro corazón necesita dar un nombre a aquello que somos.
Veo en el cielo azul la historia de cada persona, la terrible visión de cada existencia del tiempo. Son los instantes aquello que nosotros entendemos del tiempo. Somos simplemente el filosofo de nuestra propia belleza. Nuestras razones fueron aquello que guió nuestros pasos aunque no seamos Platón o Aristoteles.
Somos la vida, el pensamiento, la existencia. Nuestro pensamiento guió el rumbo del planeta, nuestras vidas son la historia que algún día narrarán los historiadores. De alguna manera nuestra vida es aquello de lo que tenemos conciencia y nuestro intelecto marcará la vida de las generaciones venideras.
Por trágico que sea que nosotros mismos seamos los actores de la historia y que nuestro entendimiento sea la filosofía del futuro, existe en nuestro corazón aquello que podemos nombrar profundo. La verdadera visión de la existencia. Nuestra mirada es la vida. Somos la existencia de todo aquello que podemos entender.
Nuestro conocimiento quedará inscrito en las bibliotecas y nosotros seremos el ejemplo del porvenir.
Creo que todos somos filósofos ya que nuestra vida está vivamente llena de nosotros mismos. Y los filósofos solo han hecho una representación de un mundo que es sombra, humo, belleza.
El tiempo tiene bellas formas de amar la mirada. La tierra se explaya en flores y pensamientos. Son los instantes una creativa forma del cosmos. Nuestra historia se asemeja al camino del tiempo. Los ojos son metáforas de la existencia. Nuestra vida parece también el camino de los árboles.
El cosmos tiene dentro nuestra mirada. Cada paso es solo el camino de la vida. Nuestros ojos son solo el tiempo y nuestra belleza. Cada pensamiento es solo la tierra, la vida, las flores.
Creo que nuestra belleza es semejante a la belleza de las flores, nuestro camino solo una manera del tiempo de escribir nuestro nombre. Cada momento es nuestra existencia. La vida es una manera de entender. La filosofía es solo una flor del pensamiento.
Cada pensamiento es un momento del tiempo, nuestros ojos dieron cuenta del existir del tiempo. Cada instante existieron nuestros ojos y fueron ellos quienes se dieron cuenta de que existía una manera de nombrar el tiempo. De nombrar la existencia del ser humano. Cada instante nos preguntamos el nombre de nuestra conciencia. Los ojos fueron una manera de darnos cuenta de que existimos.
El tiempo es una metáfora del ser humano.
El rumbo de nuestros pasos se parece a las cascadas. A la tierra misma de la que brota la vida. Nuestros ojos tienen galaxias en la conciencia. La mirada conoce el mismo entendimiento del cosmos. Nuestros ojos son galaxias colapsando. Creo que nuestros sentidos parecen el universo que perciben.
Somos filosofía. Nuestra existencia es una bella metáfora del cosmos. Nuestros pensamientos dan cuenta de quienes somos. Nuestros pensamientos son aquello que nos entiende. Podemos referirnos a nosotros sin nombrar la materia. Somos más que el carbono que nos compone.
Cada verdad de nuestro cuerpo va más allá de la existencia de la materia. Nuestro cuerpo crece como una flor, nuestros pensamientos son el ocaso, la vida, nuestra historia, el nombre del tiempo. Sabemos percibir en la materia la belleza del cosmos. Sin embargo, somos más que el tiempo. Somos la belleza indescriptible que nuestros ojos contemplan. Somos el sublime instante de darnos cuenta. Somos el camino de la sabiduría. La belleza del tiempo.
Las cascadas, los ríos, los árboles, son un camino vivo. Son el existir de la conciencia. Todo es conciencia. Todo lo que sabemos es vida. La vida es este cuerpo que sufre. Y la belleza es esta conciencia que ama.
Quiero decir, la vida es todo lo que conocemos, la vida es este cuerpo que somos. La conciencia es aquello que nos conoce.
Las estrellas existen en el ojo humano.



