Los doctores no saben cómo es que esto ocurrió, parezco un cadáver que se mueve de vez en cuando, estoy muy flaco, yo estoy seguro de que estoy poseído, pero no me quieren creer.

El hijo del diablo

Por: Paulina Ramírez

Suenan los Four Seasons en la radio a lo lejos, yo me encuentro acostado en mi cama en el segundo piso, supongo que mis padres escuchan Sherry mientras toman alguna copa de vino y me gustaría que estuvieran bailando en la sala, bueno eso es lo que quiero creer, para que su mente piense en otra cosa y no solo en mí. 

He estado meses postrado en la cama por esta enfermedad que me mata lentamente, mi madre llega todas las mañanas con el desayuno, pero yo ya no puedo siquiera dar un solo bocado, creo que cada vez la esperanza termina por hacerse menor y las ganas de que la muerte se apodere de mi se vuelven más grandes. 

Los doctores no saben cómo es que esto ocurrió, parezco un cadáver que se mueve de vez en cuando, estoy muy flaco, yo estoy seguro de que estoy poseído, pero no me quieren creer. Todo comenzó el día que se nos ocurrió jugar a las escondidillas en la escuela, ese día los alumnos de quinto de primaria tuvimos que irnos de retiro y regresamos ya muy tarde como a las 7, nuestros padres tenían que recogernos en la segunda puerta detrás del Instituto, casi nunca estábamos ahí era un jardín enorme que daba directo para la Casa Parroquial. 

Ricardo pensó que sería buena idea jugar por todo el lugar, y yo no quería que nadie me encontrara, unos se escondieron en la capilla, otros en el baño, pero la puerta de la casa de los sacerdotes estaba abierta entonces me adentré según yo “solo un poco” pero comencé a escuchar unas cadenas que me llamaron la atención y decidí seguir el sonido, comenzaba a anochecer y el gran patio de la casa conectaba muchas puertas a su alrededor pero había una muy pequeña al fondo y vi como un niño se asomaba, entonces lentamente caminé por curiosidad a ver si mis ojos no me engañaban. 

Al llegar, vi al niño que no podía salir de ahí, lo tenían amarrado del pie, la puerta estaba abierta, pero era imposible que el chico pudiera salir, se veía como si llevara años ahí, mal alimentado, le pregunté: ¿Quién eres?, ¿Qué haces aquí?, solo me respondió: “No sé quién soy, ellos dicen que soy el hijo del diablo”, a lo que cuestioné ¿Quiénes ellos? El niño solo me vio y lentamente dijo: “Los que viven aquí, ¿Podrías ayudarme? Si lo haces te puedo ayudar, pero si no lo haces me verás todas las noches en ti.

En ese momento iba a preguntarle cómo quería que lo ayudara, pero sentí como me jalaban y me llevaban a otro lado, era un padre que me gritó, ¿Qué haces aquí? ¡No puedes entrar! ¿Te dijo algo? ¿Te dijo algo?, me dio tanto miedo que salí corriendo, pero en ese momento Ricardo me contó, al parecer yo fui el primero en haber perdido en el juego, básicamente me sacrifiqué sin saberlo, lo que tampoco sabía es que también ese día sería el que marcaría el resto de mis días. 

La siguiente semana estuve pensativo, hasta que de la nada mientras estábamos en clase de geografía comencé a vomitar sangre, justo después me llevaron al médico y ese fue el último día que estuve en la escuela, después sólo recuerdo estar en mi casa y no puedo dejar de pensar  en el niño que vi en “el hijo del diablo”, intenté contárselo a mi mamá, pero piensa que todo es mi imaginación, pero la he escuchado llorar junto con mi padre, no saben si esto tiene cura o si los doctores podrán hacer algo, nada es alentador. 

Ahora las cosas se han tornado más raras, desde hace un par de días a las 9 pm me da sueño y el hijo del diablo ha llegado a decirme que es mi turno, que ya puedo ser ayudado por otra persona y que entre más pronto lo haga mejor, no entiendo que significa, pero creo que tiene que ver con lo que me dijo en esa ocasión. 

Escucho como suena la puerta es mi mamá: “Mira tienes visitas”, y entra Ricardo, me encuentro feliz de verlo y después de hablar y bromear, me viene una pregunta a la mente: ¿Podrías ayudarme? el asintió con la cabeza, al momento siento como me relajo como nunca antes, siento paz dentro de mí y todo se ilumina, creo que soy libre.

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