Carlos René Padilla: entre el detective privado y el aparato crítico

Por: Gabriel Trujillo Muñoz
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Una de las bases primordiales de la investigación criminal, tal y como lo establecieron las primeras instituciones policíacas del mundo, fue el uso del análisis crítico, la interpretación de las evidencias y el testimonio de los testigos del caso. Esto saltó a la literatura de ficción que hizo del delito y de los autores materiales e intelectuales el centro de sus indagaciones. El paradigma del siglo XIX lo dio Sherlock Holmes, el célebre personaje de Arthur Conan Doyle, y sus brillantes deducciones a partir de los detalles más nimios pero que eran, a la vez, los elementos más significativos para descifrar los actos criminales que él, como private eye, tenía el trabajo de resolver dentro del marco de la novela policíaca, detectivesca, de aventuras.
Pero, ¿qué pasa cuando la investigación literaria adopta los tropos de la ficción para llevar a cabo su discurso ensayístico, su tesis académica? Porque eso es lo que nos presenta el escritor sonorense Carlos René Padilla (Agua Prieta, 1977) en su libro Los crímenes de Juan Justino y Rodrigo Cobra (Nitro Press-Instituto Sonorense de Cultura, 2019), obra que ganara el Concurso del Libro Sonorense 2018 en la categoría de ensayo. Padilla es un narrador y periodista que en dos ocasiones anteriores había ganado este concurso en las categorías de novela y crónica y un entusiasta promotor del género negro en su estado natal. Según su biografía, expuesta en la solapa de su libro de ensayo, es: “Fundador de SoNoir, movimiento encargado de difundir la literatura policial y negra en todo el país. Yo soy el araña fue galardonada con el Premio Nacional Otra vuelta de tuerca 2016. Suss cuentos han sido incluidos en antologías a nivel nacional y latinoamericano. Actualmente se encuentra en arresto domiciliario en Ciudad Obregón donde cocina para su esposa e hija, escribe, y en las noches se escapa a un bar donde aseguran que nunca ha pagado nada”.
En cuanto a Los crímenes de Juan Justino y Rodrigo Cobra, en la contraportada de este libro se asegura que “en este ensayo, narrado como novela negra, un detective es contratado para dilucidar, con todas las evidencias de rigor, cuál es la primera novela de este género en Sonora, si Juan Justino Judicial de Gerardo Cornejo, o La madriguera de los Cobra de Alonso Vidal. Para perpetrar su ilícito, Padilla sienta las características del género y sus excepciones, argumenta, elabora. Además, hace un repaso histórico de la literatura negra en el mundo, en México y en Sonora., donde ofrece un paneo sobre la literatura del estado y del momento en que surgen las novelas en cuestión. Y no conforme, pone a su detective a resolver otro caso en paralelo, para mostrar en la praxis lo que presenta en teoría”.
Estamos, pues, ante un tratado literario que se desenvuelve como novela de misterio y ante una narrativa policíaca que indaga en los intersticios de una decisión salomónica sobre cuál fue la primera novela negra de Sonora y para ello debe investigar a fondo a los principales sospechosos. Bajo tal premisa, Carlos René necesita expertos en la materia y pone a disposición de El Negro, su detective protagonista y egresado de la carrera de Letras por la Universidad de Sonora, a Pedro Simón y Pablo Tarso, dos viejos empeñados en descubrir la verdad literaria en riguroso orden cronológico: “Encendí el tercer cigarro en menos de una hora y me recargué en el respaldo de la silla. El expediente sobre el asesinato de un párroco, al que un amigo comandante de la policía judicial me había pedido que le echara un vistazo, no tenía pies ni cabeza. El caso, no la víctima. Tomé un trago de café frío. Estuve a punto de escupirlo, pero me detuve cuando vi que dos septuagenarios, de bastón y bien vestidos, atravesaron el umbral de la oficina y se sentaron frente a mí sin dejar de discutir. Pasé el trago tan sabroso como engullir aceite quemado. Hubiera deseado que en vez de que entraran deux vieillards fuera una femme fatale como en las novelas de Raymond Chandler, pero clientes eran clientes. Alfonso Vidal fue el primero, Pedro, no seas necio -el viejo azotó ocn fuerza un libro color naranja sobre mi escritorio. -Y tú no seas aferrado, Pablo, el que inició todo fue Gerardo Cornejo -su compañero señalo con el dedo índice otra novela. Leí las portadas de los dos libros: La madriguera de los Cobra de Alonso Vidal y Juan Justino Judicial de Gerardo Cornejo. Exhalé. El humo subió lentamente hasta el techo. Conocía los nombres de esos escritores gracias a mi vida pasada”.
Así comienza la novela de Padilla y a partir de este enfrentamiento El Negro se verá en la necesidad de acudir a la ayuda de un trío de conocedores de la historia literaria de su estado que representan los tres Reyes Magos, pero cuyos regalos son los del conocimiento: Melchor Farías, Baltasar Fernández y Gaspar Batista, expertos en Etimología y Lingüística, Literatura Comparada y Narrativa General respectivamente, profesores de la Universidad de Sonora y, por supuestos, asiduos a la cafetería de Sanborns frente al campus de la Unison. Aquí lo importante es que a cada paso de la investigación lo novelesco y lo ensayístico se entrelazan, dando a un trabajo académico el ritmo vertiginoso de la narrativa policíaca y a ésta cotejándola con los datos pertinentes del aparato crítico que la academia piensa necesarios para encontrar la verdad de los hechos en las pruebas obtenidas, documentales, puestas a la vista de todos. Y donde las novelas de Gerardo Cornejo (1937-2014) y de Alonso Vidal (1942-2006) aquí se vuelven escenas del crimen y enigmas a resolver.
Sin embargo, Carlos René Padilla no se limita a solucionar los casos del párroco asesinado y el enigma de cuál fue la novela negra pionera de la literatura sonorense. Aparte de dar un panorama histórico de la evolución del género, también apuesta por defenderlo de sus detractores en voz del profesor Gaspar: “mis compañeros y yo queremos que sepan de la importancia de escribir novela policial y negra en un país como México porque nos sirve para cuestionar de manera crítica,, profunda y amplia el sistema político y a la sociedad -Gaspar apuntó con el dedo índice a la audiencia-, nos permite denunciar crímenes, corrupción, prepotencia, abuso de autoridad, violencia, narcotráfico, ahí radica la trascendencia de hacer novela negra en este país, en este estado”.
Los crímenes de Juan Justino y Rodrigo Cobra es más que una novela o un libro de ensayos: es un recorrido por los debates en que se halla inmerso este género literario en el México de hoy. En sus páginas se discute qué es narrativa policíaca, novela negra o relato criminal, cuáles son sus propósitos a la hora de escudriñar a una sociedad asediada por los criminales tanto como por los propios agentes de la ley. En muchos sentidos, estamos ante un tratado sobre esta literatura que se vale de las herramientas de la creación literaria para despejar dudas, para exponer cuestionamientos, para defender formas de crear en unos tiempos donde las normas tradicionales han sido hechas pedazos.
En todo caso, este libro de Carlos René es un compendio de los conocimientos que su autor generosamente comparte con sus lectores, quienes le agradecemos haber rehuido el tono solemne, el estilo objetivo y ese engorroso aparato crítico que tano utilizan los investigadores académicos y haya optado por el lenguaje literario, el diálogo propositivo, el debate de plaza pública al mismo tiempo que sus personajes principales disfrutan un buen café y unas coyotas metidas de contrabando a Sanborns. Mientras Carlos Slim no se entere, ¿cuál es el problema? Y por último, si quieren saber quién mató al párroco y cuál es la primera novela policíaca o negra de la literatura sonorense, vayan y compren este ensayo-ficción que, en mi caso, me permitió recordar a dos autores, Gerardo Cornejo y Alonso Vidales, que conocí en la Unison en los congresos de literatura regional que se realizaban en Hermosillo, Sonora, allá por los años ochenta del siglo pasado, cuando la intelectualidad sonorense ponía el acento en las letras propias y las rescataba del olvido. De esa tradición proviene una obra tan brillantemente concebida, tan claridosamente escrita como ésta.
foto tomada y modificada de https://neotraba.com/entrevista-a-carlos-rene-padilla/
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