Cómo escribí algunos de mis sonetos (V)

Por: Dan Russek

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Sonetizarlo todo: incluso los sonetos.

El segundo soneto que escribí alude a uno de los sonetos más famosos de la literatura española, el llamado “Soneto de repente”, de Lope de Vega:

Un soneto me manda hacer Violante

que en mi vida me he visto en tanto aprieto;

catorce versos dicen que es soneto;

burla burlando van los tres delante.

Yo pensé que no hallara consonante,

y estoy a la mitad de otro cuarteto;

mas si me veo en el primer terceto,

no hay cosa en los cuartetos que me espante.

Por el primer terceto voy entrando,

y parece que entré con pie derecho,

pues fin con este verso le voy dando.

Ya estoy en el segundo, y aun sospecho

que voy los trece versos acabando;

contad si son catorce, y está hecho.

Antologado, multicitado y justamente admirado, el poema de Lope pertenece al subgénero del soneto sobre el soneto, excelente ejemplo de meta-poesía, y en boga en época del autor [1]. Desgajado de su contexto, podría dar la impresión por la primera línea —“Un soneto me manda hacer Violante”— que hubo una Violante que le pide a Lope autor que le escriba un soneto. No parece ser el caso. El soneto se encuentra en la comedia La niña de plata (1613) y es dicho en boca de un criado llamado Chacón, al servicio de Don Juan, quien pretende los amores de Dorotea, la niña de plata. Chacón, poeta a ratos, le recita a su amo el soneto, más como distracción de su pena que por otra razón (Acto 3, escena 4). Por lo demás, en la obra no aparece ninguna Violante, cuya realidad seguramente es retórica o prosódica (para la rima consonante, ayuda aludir a Violante). La frase con la que se conoce el soneto – de repente—tampoco aparece en la obra (por más pesquisas que he hecho, no he logrado hallar su fuente).[2]

El hecho de que leamos el soneto sin referencia a la comedia apunta a la facilidad con la que poemas breves y otras formas literarias sucintas (el dicho, el aforismo, la cita) migran de su contexto original y adquieren una suerte de vida independiente. Leer La niña de plata en nada contribuye a la interpretación y disfrute del soneto, y el soneto tal cual no aporta mayor cosa a la trama de la comedia.

Sea de ello lo que fuere, mi soneto pretende ser un humilde homenaje a la maestría de Lope. Siendo apenas el segundo que escribí, el título quería dejar en claro que no había de mi parte ninguna pretensión o arrogancia: “Soneto a la manera de Lope, para mayor gloria de Lope, pretendiendo escalar las estrellas y cayendo de mala manera en el intento” (Dones del día, p.19). Verá el lector que el título se alarga, de modo harto explicativo. Reconozco aquí que ya desde mis mocedades sonetizantes tenía ganas de jugar con esta posibilidad del título que se prolonga y usurpa, a fuerza de decir mucho, tal vez demasiado, tanto el terrero del soneto como el de su interpretación por parte de los lectores (volveré en entregas futuras al tema de la longitud de los títulos de mis sonetos: da para mucho). He aquí mi composición:

Un poema que Lope de Vega hizo

inspira aquí lo que mal acometo.

Catorce versos dijo que es soneto:

razón no le faltaba al muy castizo.

Yo pensaba que si bien focalizo

del poema la forma, este cuarteto

no sería sin más mero boceto,

sino texto sutil que modernizo.

Hacia al final voy más bien resbalando

aunque creyera entrar con pie derecho:

diríase Altazor trastabillando.

Acaba el soneto más bien maltrecho

pues faltan el talento y el comando

de Lope, dicho sea en su provecho.

No creo estar equivocado al afirmar que la humildad y el reconocimiento del genio ajeno no son la moneda corriente en el mundillo de las letras, ayer, hoy y siempre. Pero siendo mi composición una de mis primeras incursiones en el mundo del soneto, esa humildad y ese reconocimiento me parecían necesarias y, sobra decir, sinceras. Tiene su gracia, mientras uno acata el talento del otro, explorar la falta de talento propio, abrazando el fracaso en sus fructíferas posibilidades literarias. De ahí esa frase, en mi largo título: “pretendiendo escalar las estrellas”, alusión al Primero sueño de Sor Juana (¿de quién más?), barroco monumento al viaje fallido del alma en su afán por comprender el mundo. Y eso de “cayendo de mala manera en el intento” es mi contribución a la larga lista de figuras de la caída (desde Adán hasta nuestros días). Viene al caso Icaro, santo patrón de los que buscan lo que no es posible obtener (y a quien le dedicaría, en el curso del tiempo, un soneto). Una vez salvados los cuartetos, entro al primer terceto “resbalando/aunque creyera entrar con pie derecho:/ diríase Altazor trastabillando”. Altazor: otro alto ejemplo de una caída sin remisión, desde el vacío del espacio cósmico hasta el íntimo balbuceo del sinsentido… Acabo, luego de mi dudoso periplo, de vuelta al comienzo, reconociendo el logro de Lope, dicho sea en su provecho.

[1] Vega, Lope de. Poesía selecta. Edición de Antonio Carreño. Madrid: Cátedra, 1984, p.583.

[2] A decir de Hewson A. Ryan, la composición del soneto pudo haber precedido la escritura de la comedia. Ver “A Note on Lope de Vega’s “Soneto de Repente””, Modern Language Notes. 72.2 (Feb 1957): 121-124.

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