Los sueños

Por: Andrés Bali Quintanar
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Es profundo el movimiento de los ojos. Es profundo el tiempo en que soñamos tiempos inmemorables. Como a través de los sueños existen profecías y bellas alegorías que, despiertos, entendemos profundamente. Solo mover los ojos es soñar tiempos de otra naturaleza. Al dormir comprendemos la bella sinfonía que, despiertos, parece solo cotidianidad.
La bella naturaleza de otorgar a la vida otra suerte, otro propósito, que el que diariamente le otorgamos. Tal vez la danza cotidiana trasciende nuestra propia imaginación profunda. Nuestros anhelos y nuestras interpretaciones tienen que ver con todo aquello que consideramos bello. Tal vez le otorgamos a la vida el significado que le otorgamos a los sueños.
Al dormir, al soñar, comprendemos la profunda sinfonía de nuestras acciones, el porqué de tanto dolor y el porqué de tanta esperanza. Tal vez la paz solo sea un modo de entender la vida y los sueños la forma de descifrar la existencia. Conozco esa sensación de dormir y no entender el canto del tiempo, de la presencia impersonal del corazón, del canto profundo del cerebro que comienza a escribir su historia en un lienzo que parece más un sueño que una realidad tangible, como el frio dolor de las piedras.
Comprendo mi propia existencia en el ligero movimiento de los ojos. Donde todo tiene un significado profundo y aquello que es la materia no tiene importancia. Son las experiencias bellas metáforas de la existencia, sin embargo, involucran un sueño tan profundo como aquello que es mi persona. Que, existe solo en el reino de lo anímico, de lo metafísico, donde solo existe la belleza de mi personalización.
Sé en el fondo que el tiempo solo ocurrió en mi pensamiento, solo hay diferencia entre un instante y otro más que en la química de mi cerebro. Todo lo demás solo son estrellas en movimiento, meteoritos orbitando la masa celeste. Mi historia, mi nombre, mis emociones suceden en el interior del cráneo, donde las experiencias solo son una historia que sabemos traducir como tan inmaterial como aquello que sucede al soñar.
Las historias solo son parte de la memoria, nuestro nombre habita solo en la sensibilidad de las personas que reconocen las belleza de nuestro rostro y los sueños solo plantean una respuesta a todo aquello que sucede dentro del cuerpo. Nosotros somos un sueño. Nuestra vida es sensible al tacto de la vida y la vida es solo un sueño.
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Es fascinante leer los textos de Andrés Bali, siempre profundos y llenos de gratitud por la vida, la naturaleza, el cosmos la evolución de la conciencia.
Agradezco ésta gran oportunidad.