Acapulco

Por: Héctor Alejandro Cárdenas Lara
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Al amanecer, las barcas esperan para llevar a los paseantes de mar, el oleaje suave rompe enfrente del Hotel Elcano, con más de sesenta años, en 2019, de haber sido inaugurado, tiene más de medio siglo de historias de
huéspedes que contar, quienes desde sus balcones, como en las “cubiertas” de un barco crucero ahí anclado, han visto efusivos la bella Bahía de Acapulco.
Desde la cubierta del octavo piso, se ve por el extremo de la derecha el faro de la “Roqueta”, isla grande frente a la bahía, tradicionalmente visitada por quienes agregan a su aventura turística el viaje en lancha, obligado para llegar a su playa; le sigue por el extremo de la Bahía la vista de la cúspide del cerrito de “La Cima”, casi un barrio alto del “viejo” Acapulco, y abajo, con sus playas más populares: Caleta y Caletilla, dos pequeñas bahías que se complementan con otra más pequeñita en el extremo occidental del puerto, ocupada por un hotel que toma su nombre del sitio que ocupa, Hotel “Boca Chica”, precioso ejemplo de remodelación, donde se conserva lo original de los lujos turísticos del puerto en los años “cincuentas”.
Sigue la vista del viejo centro de la población, con los muelles para la marina mercante y los de turismo también, enfrente del Fuerte de San Diego, construido para defensa de los piratas, útil en el Siglo XVI para ese fin, y útil también para la realización de la Primera Muestra Internacional de Cine que hubo en Mexico en el Siglo XX, y útil ahora como Museo y como alta pared de piedra que da la “Bienvenida” a los turistas que bajan de los cruceros y arriban al puerto de tantas historias y leyendas, como las riquísimas de “La Nao de China”, así llamadas las embarcaciones que venían del oriente del planeta, recién ampliado en el Siglo XV, trayendo sedas y porcelanas muy apreciadas en la Nueva España y en el viejo mundo por las naciones que ahora forman Europa.
Las mercancías del lejano oriente iban de Acapulco a la Ciudad de México, cruzaban por tierra para ir al Puerto de Veracruz, eran objetos de gran lujo, llevados al puerto del otro mar para embarcarlas hacia España, ese fue el
recorrido original del “Mantón de Manila”, que usaron primero las mujeres en aquel México, antes que las sevillanas que los lucen siempre.
Sigue la vista desde el balcón, con los hoteles frente a las diversas playas en la bahía, de nombres caprichosos, como lo son todos los nombre de lugares, puestos quien sabe por quién, quién sabe desde cuándo, la playa Hornos, una de las más populares mencionadas desde siempre, Papagayo con el nombre del río que desembocaba ahí cerca, la Condesa, afamada playa de buenos restaurantes y bares de moda hacia los años setentas, luego el HotelElcano, bonito nombre del prestigiado navegante español, desde donde observo lo que describo, y hacia el otro lado, el hotel Copacabana, con un nombre como si quisiera competir sin tener necesidad, con la famosa playa de Río de Janeiro, y dando la vuelta a la Bahía por el costado izquierdo, el famoso Hotel Las Brisas, encaramado al cerro que bordea la bahía, y tiene abajo la Base Naval de Icacos, dársena de los barcos de la Marina Armada,que vigilan esta parte de la costa del Pacífico sur de México.
En la cúspide del cerro una cruz cristiana que ubica uno de los fraccionamientos de lujo y abajo continúa el caserío y los hoteles en el extremo sur que cierra la gran “boca” y sigue más allá al punto más lejano a la vista, un cerro que cierra la siguiente bahía, la de Puerto Márquez con su playa que no se ve desde aquí, y al final de ese cerro, se muestra a la vista el mar abierto, hacia una de las playas más bonitas de esta región, que con su nombre anuncia lo que le espera al atrevido nadador intruso: “Revolcadero”, con la preciosa vista que asemeja el delicado adorno deencaje blanco de olas, con las que llega del Océano Pacífico a su playa.
Al final de un paseo con la mirada, desde una terraza del hotel, la vista de la playa me provoca la evocación del poeta tabasqueño José Goroztiza: “No es agua ni arena / la orilla del mar”.
Cantarranas, Cuernavaca, México. 2025
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