Zonas de saber, vialidades de peligro: la inseguridad vial en la Ciudad Universitaria

Por: Alejandra Trejo Nieto*

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El pasado 3 de marzo, estudiantes de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) se manifestaron con una marcha pacífica en Ciudad Universitaria (CU). Durante la protesta, entregaron un pliego petitorio para exigir medidas ante la inseguridad vial en el campus. La movilización tuvo como principal demanda justicia para Ethel Martínez, estudiante de la facultad que fue atropellada el 28 de febrero por un taxista que opera dentro de CU, cerca del paradero de Pumabuses a la salida del campus. Aunque los servicios de emergencia de la UNAM atendieron a la joven, quien sufrió lesiones, el conductor del taxi fue liberado.

Este incidente me toca de manera personal, pues desde hace años me preocupa el riesgo de accidentes de tránsito y la falta de orden vial en el campus. La UNAM es un espacio de enorme relevancia académica, cultural y social, pero, pese a su prestigio, enfrenta un problema persistente que afecta a estudiantes, profesores, trabajadores y transeúntes: la desatención a la seguridad vial.

Este problema no es exclusivo de CU. Según el Informe sobre la situación de la seguridad vial en México 2021, el país ocupa el séptimo lugar a nivel global en mortalidad por accidentes de tránsito, con más de 16 mil muertes ese año. Además, se registraron 1.29 millones de personas con lesiones no fatales, y dos de cada diez sobrevivientes reportaron consecuencias permanentes en su estado de salud, como alguna discapacidad. Los accidentes de tránsito fueron la novena causa de muerte en el país, y en el 71.3% de los casos, el factor humano fue el principal responsable.

Lo paradójico es que la UNAM cuenta con programas de estudio e investigación en urbanismo, sostenibilidad y gestión de ciudades, áreas en las que destina recursos y genera conocimiento. Sin embargo, ese conocimiento debería traducirse, al menos, en mejores prácticas dentro de su propio campus para garantizar la seguridad vial de su comunidad.

El atropellamiento de Ethel merece un texto sobre el problema de la inseguridad vial, pero también es una realidad que he vivido de primera mano. En esta columna intento explicar brevemente cómo.

Hechos del desorden vial: la experiencia de una corredora

Hace 14 años que vivo en el sur de la Ciudad de México y, desde entonces, CU ha sido un espacio habitual para mis carreras matutinas, aunque en ocasiones también he corrido por la tarde-noche. La frecuencia de mis salidas a CU aumentó desde que me mudé a aproximadamente 500 metros de una de sus entradas, hace 11 años.

A lo largo de esos incontables kilómetros de carrera, generalmente entre las 6 y las 9 a. m., he sido testigo de situaciones lamentables. Una vez vi un automóvil pasar a toda velocidad sobre un tope frente al IIS-UNAM y atropellar a una ardilla; con frecuencia encuentro animales aplastados en el Circuito Zona Deportiva, a pesar de que en algunas áreas de CU se advierte sobre el cruce de fauna silvestre. También he sufrido la imprudencia de los conductores de Pumabús, quienes en más de una ocasión me han aventado el vehículo mientras corro. Son pocos los automovilistas que respetan el límite de velocidad (40 km/h), y algunos manejan como si circularan en una vía rápida. Casi nadie usa las direccionales ni parece prestar atención a los señalamientos de “ALTO” y “paso 1 y 1” (como en el cruce de Circuito Centro Cultural y Mario de la Cueva). Los topes, lejos de servir para reducir la velocidad, parecen artefactos utilizados por algunos conductores para “agarrar vuelo”.

En varias ocasiones, automovilistas particulares han estado a punto de atropellarme. La última vez, una mujer que se maquillaba mientras manejaba aceleró en lugar de frenar al llegar a un tope. Con el tiempo, estos incidentes han dejado de ser simples anécdotas y se han convertido en un patrón preocupante. ¡Si llevara un registro detallado, las cifras hablarían por sí solas!

El problema no se limita al interior de CU, sino que se extiende a sus inmediaciones. Una de las veces que estuve más cerca de un accidente grave fue en el cruce con semáforo de Av. del Imán, al salir de CU. Una mujer en una SUV pasó el alto a toda velocidad, cuando el semáforo llevaba ya varios segundos en rojo (es común que los camiones de transporte concesionado hagan lo mismo en esa intersección). Sobre Av. Insurgentes, casi cada fin de semana se pueden ver restos de vidrio y partes de automóviles chocados, a pesar de que, en teoría, el límite de velocidad es de 60 km/h.

Papel de la UNAM en la inseguridad vial

Un dato “curioso” es que los vehículos que deberían ser los primeros en respetar las normas viales son, en muchos casos, los primeros en violarlas: pumabuses, unidades de seguridad y movilidad de la universidad, vehículos oficiales y taxis internos (como en el caso de Ethel). Otra “curiosidad” es la presencia de automóviles circulando a alta velocidad y sin respetar los topes alrededor de las 7 de la mañana, conducidos casi siempre por jóvenes, en su mayoría mujeres, que parecen ir con prisa, ya sea para tomar o impartir una clase. Hacia las 9 de la mañana, con frecuencia se observa una situación similar, pero protagonizada por mujeres de mediana edad al volante en vehículos tipo SUV. Por el horario, es posible que se trate de personal de la UNAM que intenta llegar a tiempo a su jornada laboral.

Más allá de estas observaciones, la conducción en CU deja mucho que desear. La falta de respeto por las normas de tránsito es generalizada, incluso entre autoridades, empleados y miembros de la comunidad universitaria, quienes deberían tener un mínimo conocimiento y consideración por las reglas viales.

La infraestructura peatonal y ciclista es deficiente, la regulación del tránsito es prácticamente inexistente y la convivencia con los vehículos motorizados es conflictiva. A pesar de que una parte considerable de la comunidad universitaria se traslada a pie y algunos en bicicleta, las banquetas y ciclovías son escasas, están en mal estado o simplemente no existen. En varias zonas, los peatones deben compartir la vía con los automóviles, lo que incrementa el riesgo de accidentes. Además, la señalización es insuficiente, confusa o inexistente, y su cumplimiento por parte de los conductores es mínimo. La falta de vigilancia y la ausencia de sanciones para los infractores permiten que estas conductas persistan.

Como resultado, peatones y ciclistas se ven obligados a desplazarse entre autos en movimiento o estacionados en lugares indebidos, lo que incrementa la probabilidad de incidentes. Los problemas viales en CU tienen consecuencias directas en la seguridad y el bienestar de la comunidad universitaria: los accidentes, atropellamientos y colisiones son frecuentes. Esta situación no solo genera estrés y afecta la calidad de vida en el campus, sino que también puede desincentivar el uso de medios de transporte sustentables como la bicicleta, perpetuando la dependencia del automóvil y agravando la congestión vehicular.

Cómo no nos vas a querer, UNAM

La inseguridad vial en CU no puede ser ignorada. Para abordar esta problemática, es esencial implementar medidas acordes con una institución que cuenta con personas informadas, expertos en urbanismo y ciudades, y los recursos necesarios para garantizar un entorno más seguro. Tanto las autoridades como la comunidad deben tomar conciencia de las graves consecuencias de la inseguridad vial y modificar prácticas y conductas que ponen en riesgo a todos los usuarios de la movilidad. Como primer paso, la educación vial y el respeto pueden transformar CU en un espacio más seguro para quienes lo transitan a diario, incluida esta corredora que escribe. Después de todo, la universidad nos pertenece a todos.

*Profesora en el Centro de estudios demográficos, urbanos y ambientales El Colegio de México

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