Allá en el rancho grande: Verdad y justicia de A.H. Tammsaare

Por: Stephanie Rendón
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Hace doce años las opciones para leer literatura estonia traducida al inglés eran muy limitadas, y las traducciones al español, inencontrables. En las horas de ocio de aquel verano caluroso de 2014 en el que yo acababa de llegar a Estonia, me dediqué a deambular por las librerías de la ciudad de Tallin con la esperanza de encontrar, ya fuera por voluntad o por asombro, libros traducidos al español, pero aquello era demasiado pedir, así que me conformaba con cualquier pedacito de literatura local de la cual existiera una versión inglesa. Si bien es cierto que actualmente la literatura estonia en lengua inglesa es un poco más fácil de encontrar que antes la selección de títulos sigue siendo limitada. Hay algunas obras disponibles de autores estonios en librerías comerciales en Estonia, entre ellas, está la poesía de Doris Kareva (1958), algunos títulos de Jaan Kaplinski (1941-2021), Kai Aareleid (1972), Rein Raud (1961), Indrek Hargla (1970), Andrus Kivirähk (1970), Lennart Meri (1929-2006), August Gailit (1891-1960); incluso algunas obras conocidas de A.H. Tammsaare (1873-1940) y de Jaan Kross (1920-2007).
Independientemente de los años que uno haya vivido en Estonia y del dominio que tenga del idioma estonio, la lectura de literatura en este idioma finoúgrio hablado por menos de un millón de personas en todo el mundo resulta difícil. El estonio es uno de los idiomas oficiales con menos hablantes del mundo y es la tercera lengua urálica más hablada, después del húngaro y el finlandés. Según estudios comparativos de gramática, se ha llegado a la conclusión de que el estonio es uno de los idiomas más difíciles de aprender del mundo.
Durante mis primeros años en Estonia oí decir a amigos y colegas que A.H. Tammsaare escribió «la novela estonia», refiriéndose a algo único y muy valioso para la identidad estonia. Se referían a la pentalogía de Verdad y justicia. Este tesoro literario permaneció inalcanzable para mí y mis posibilidades lingüísticas, dejándome con más preguntas que respuestas por largo tiempo (pues no llegué a Estonia hablando estonio, sino que tardé muchos años en aprender). La importancia e influencia que tienen los textos y la figura de A.H. Tammsaare en Estonia es inmensa, y esta huella es notoria en casi cualquier contexto de la vida cotidiana. Por ejemplo, hay calles, bibliotecas, monumentos, parques, escuelas y museos que llevan el nombre del autor. Incluso en Rusia, también hay un museo y una calle dedicados al escritor.
Es una verdadera pena que la mayoría de los lectores fuera de Estonia no hayan oído hablar de A.H. Tammsaare, una figura formidable de la literatura estonia. Si no lo conocen seguramente es debido a que pertenece a una comunidad lingüística muy reducida. Afortunadamente, vivimos en una época en la que las editoriales empiezan a dar importancia a la traducción de las lenguas minoritarias, lo que ha llevado a la reciente traducción y publicación de los dos primeros volúmenes de la pentalogía Verdad y justicia al inglés: Vargamäe (2019) e Indrek (2022), por la editorial Vagabond Voices.
Vale la pena mencionar algo sobre la vida del autor de esta obra maestra: Anton Hansen Tammsaare nació en una granja estonia pobre como el cuarto de doce hermanos. A pesar de las penurias de la vida rural, desde muy joven desarrolló un gran interés por la literatura y la escritura. Asistió a escuelas en el sur y centro del país donde perfeccionó sus habilidades literarias. En 1918 sus estudios se interrumpieron cuando enfermó de tuberculosis y tuvo que trasladarse a Tallin. Al principio de su carrera, Tammsaare trabajó como profesor y periodista, al tiempo que perseguía su pasión por la escritura. Su producción literaria abarcó diversos géneros, como el de cuento, novela y teatro.
Estonia ha sufrido una continua dominación extranjera durante casi ocho siglos hasta que finalmente se independizó. Verdad y Justicia fue escrita durante la transición de la Estonia zarista a la primera república. En aquellos tiempos tumultuosos, la literatura sirvió a Estonia para reafirmar su identidad y entender sus propias raíces. Un objetivo clave de la literatura estonia ha sido y con seguridad seguirá siendo el de mostrar la cultura y su carácter único como nación.
Mi lectura de la primera parte de Verdad y justicia en 2021 supuso un paso importante en mi búsqueda del entendimiento de la cultura estonia. En los últimos años he vivido de manera nómada entre la ciudad y el campo del sur de Estonia, y esta experiencia me ha proporcionado una profunda conexión con la naturaleza y la vida cotidiana rural. Mi inmersión en la vida del campo me ha permitido conectar con la gente y relacionarme con muchos aspectos de los asuntos con los que lidiaba en su día a día el protagonista de Vargamäe, Andres, un campesino estonio en el periodo del despertar nacional a finales del siglo XIX, quien compra una propiedad rural llamada Vargamäe, y dedica toda su vida a arreglarla y a construir un patrimonio.
Los estonios comparten fuertes lazos con la tierra que los vio nacer, un vínculo que A.H. Tammsaare pensó que merecía la pena explorar en sus novelas. Precisamente, en sus textos el autor logró retratar el carácter nacional del estonio y de lo estonio. Gran parte del contenido de dicha novela puede ser considerado material autobiográfico. Por ejemplo, Indrek, el hijo de Andres abandona su hogar para ir a la ciudad a estudiar, igual que el escritor cuando dejó su ciudad natal para estudiar Derecho en Tartu.
Uno de los temas abordados en la novela es el de la fuerza humana contra las fuerzas de la naturaleza. ¿Hasta qué punto el hombre puede decidir su futuro y su destino? Andres se pasa la vida intentando desecar el pantano para cultivarlo, pero se enfrenta a una tarea imposible. Lucha día y noche contra las fuerzas de la naturaleza, mientras que su vecino, Pearu, un holgazán y bebedor, siempre le pone las cosas más difíciles a Andres, y se sale con la suya. A medida que pasa el tiempo, Andres se encuentra con distintos problemas relacionados con la construcción de su casa y las actividades de la granja. Más tarde pierde a miembros de su familia, pero también adquiere otros nuevos. A veces el agua inunda sus tierras, sus animales se escapan, se pelea con Pearu, tiene problemas de dinero, se enoja con su mujer o tiene que reparar la casa. Por razones inexplicables pero entendibles, el carácter del típico hombre estonio de rancho es similar al del mexicano, y se puede resumir en el famoso «¡Ay, Jalisco no te rajes!» de Jorge Negrete. Andres se niega a disfrutar de la vida; sólo vive para trabajar, es terco como una mula y no se raja nunca. Su objetivo en la vida es que sus hijos e hijas continúen su legado. Esta es una característica que he visto en los estonios en general y, de hecho, podría ser algo más que un rasgo cultural; si acaso es un reflejo del mundo en el que nos tocó vivir, quizás, como bien lo ha descrito Byung-Chul Han en su ensayo filosófico La sociedad del cansancio, donde relata cómo es que vivimos asfixiándonos a nosotros mismos. Trabajamos en la computadora desde casa en un ambiente flexible, somos dueños de nuestras empresas y somos nuestros propios jefes, nos obsesionamos por ser ultra saludables, posteamos (publicitamos) en redes sociales todo lo que queremos que los demás sepan que nos pasa, pero nos olvidamos de disfrutar la vida, de narrarnos esa vida, y nos ponemos tal presión sobre los hombros (a falta de un capataz o jefe) que terminamos por auto sofocarnos y saboteamos nuestra felicidad, quizá porque hemos olvidado las maneras esenciales de narrar y vivir mejor la vida. Me pregunto si A.H. Tammsaare imaginaba que estaría describiendo el alma del hombre contemporáneo, «metido en su pequeño mundo cuando hay tantas cosas ahí fuera», como señala Indrek, el hijo de Andres.
Las descripciones de lugares y escenas que ocurren en la novela son largas y detalladas, muy al estilo de Víctor Hugo y Los miserables. Nada a lo largo de los capítulos sucede con rapidez. El texto no es sólo una narración de acciones, sino que obliga al lector a encontrar el significado filosófico entre líneas y a analizar a los distintos personajes y sus maneras de pensar y de ver el mundo. Los grandes temas de la humanidad se discuten a través de las historias de los personajes. Ellos intentan cumplir su propia definición de lo que es la verdad y lo que es la justicia. Temas como la culpa, la moral, el deber y la colisión de las perspectivas entre generaciones de una misma familia quedan magníficamente retratados. Mientras Andres lucha contra los elementos naturales, lucha igualmente contra la propia naturaleza de su hijo mayor y de su hija. Quiere obligarles a ser un tipo de persona que nunca podrán ser, y además desea pelear contra una fuerza colosal, como lo es la voluntad humana. Indrek ha previsto su destino y no quiere convertirse en granjero como su padre, quiere estudiar e irse de Vargamäe. Por otra parte, su hermana, Liisi, se enamora del hijo del peor enemigo de Andres, el vecino molesto, Pearu, y tiene que soportarlo.
Algunas partes de la novela me recordaron a Padres e hijos, del escritor ruso Turguéniev (1818-1883). En Padres e hijos se retratan de manera magistral las diferencias abismales que hay en la mentalidad y las opiniones que tienen los jóvenes y los mayores, y se muestra cómo éstas pueden romper los vínculos familiares si se aplica presión suficiente. Precisamente A.H. Tammsaare también explora este aspecto humanista y universal.
La influencia de Dostoievski (1821-1881) en A.H. Tammsaare es evidente en la exposición de dilemas morales, sobre todo cuando nos relata de manera incidental las diferencias entre la clase media de la gente que vive en la ciudad y los campesinos trabajadores. Mientras que Vargamäe ofrece un retrato realista de su época, Indrek ahonda en situaciones que están más relacionadas con el alma. En Indrek, uno de los dilemas propuestos es el abandono de las creencias morales en aras de la felicidad. Durante la lectura, a veces tenía la sensación de estar leyendo un texto de Tom Hardy, y aunque como ya dije, la prosa es descriptiva y extensa, nunca se vuelve difícil ni aburrida. Un dato curioso sobre Verdad y justicia es que A.H. Tammsaare nunca puso nombre a la pentalogía. Fueron los editores quienes pusieron el nombre a las novelas por separado, quizá con fines didácticos.
Me gusta pensar que una novela es una colección de relatos cortos. Consideremos, por ejemplo, la novela más grandiosa escrita en español: El Quijote de Miguel Cervantes de Saavedra (1547-1616). Su riqueza radica en cómo el autor consiguió incluir relatos cortos dentro de la trama principal para dar ese empuje que levanta la novela y la aglutina como un todo. Esta cualidad también existe en Verdad y justicia. A.H. Tammsaare logra la creación de diferentes historias que se desarrollan, silenciosa y discretamente, al mismo tiempo, y de alguna manera el lector transita por ellas de manera tranquila mientras se desarrolla la historia principal. Jaan Kross, en su Entre las tres plagas, también consiguió dominar este arte, al igual que Gabriel García Márquez (1927-2014) y Margaret Atwood (1968) en otras novelas.
Quizá mi perfil de escritora me obliga a escudriñar las historias incrustadas dentro de las novelas. Si prestamos suficiente atención y leemos novelas de escritores de buen calibre, las encontraremos. Un bello ejemplo de ello, aunque quizá extremo, se refleja en una novela de Mario Vargas Llosa (1936-2025). En La tía Julia y el escribidor (1977) un joven se enamora de su tía. Alrededor de una trama cómica sobre esta historia, hay cuentos cortos que no tienen nada que ver con el argumento. Dichos cuentos nunca se conectan realmente con la historia principal. Aparecen de forma aleatoria, en apariencia, y su única conexión con la novela es que fueron escritos (supuestamente) por uno de los personajes. Más tarde, esas historias breves se conectan entre sí de maneras divertidas e ingeniosas, incluso algunos personajes aparecen en historias equivocadas, es decir, se entremezclan unos con otros, y se crea una especie de caos. Para Vargas Llosa, los cuentos dentro de una novela son tan importantes como la historia principal, y eso es valioso.
La lectura de la obra Verdad y justicia hace más accesible la literatura estonia, sobre todo cuando es poco conocida fuera de Estonia. Esta obra es significativa para comprender los valores fundamentales y la cultura del país. Por desgracia, los volúmenes III-V aún no han sido traducidos al inglés. Mientras espero con impaciencia las futuras traducciones, evoco las sabias palabras de A.H. Tammsaare: «Un libro salvará a muchos de desaparecer en la eternidad».
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