Un viaje al infinito

Por: Andrés Bali Quintanar
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Me llega el recuerdo de un hombre, de saco y corbata que iba a la biblioteca a buscar sus pensamientos, recorrer su existencia y su conocimiento en el tiempo en el que existimos. Solo que algo paso antes de que él llegara a su oportuna visita a la vida de la memoria. Su nombre se me pasa por alto, su vida no la recuerdo, su existencia, creo, cambio esa tarde afuera de la biblioteca central donde, por casualidad, se topó con el infinito.
Sus ojos se dilataron y la belleza del cosmos abrió su puerta a sus ojos. Sé que en el fondo el solo iba a vivir una tarde común, un momento puro con la existencia. Afuera del tiempo estábamos solo platicando, existiendo y sus palabras se cruzaron con las nuestras. Su mirada se detuvo en nuestros pensamientos y sus acciones se volvieron profundamente etéreas, casi imperceptibles.
Esa tarde cualquiera, un hombre visitó la tierra santa; un hombre fue alma, visión, realidad. Y todas sus preocupaciones volaron hacia un mundo lleno de fantasmas y visiones. Esa tarde, seguramente, todavía la recuerda, todavía se pregunta porqué existen las flores y los poemas, y donde olvidó su maletín que todavía tiene los papeles de su titulación.
La vida a veces no pregunta porqué los pensamientos desaparecen y porqué entendemos la existencia sin mucha preocupación en la verdadera forma del tiempo.
Los ojos solo saben mirar el infinito.




