Un tropo del pensamiento

Por: Andrés Bali Quintanar
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Una bella forma de entender el amanecer es a través del pensamiento. Los pensamientos profundamente intentan poner un nombre la belleza de la luz que nos acobija en este nuevo día. A despertar y contemplar la profunda y bella revelación de un nuevo día. Otro día para cantar y hablar y contemplar la belleza unida a la luz del nuevo día. Podemos comprender esa belleza en el pensamiento como una bella metáfora de nuestro propio ánimo y entender el día como nosotros mismos. Solo qué el atardecer aparece y deja nuevos conjuros donde comprender también la belleza de lo sueños.
Puede ser que dejemos atrás la belleza profunda del tiempo que nunca llega y amemos aquello que tenemos. Donde nuestras sonrisas son el más puro modo de entregar a la vida un poco de nosotros. Somos bellas metáforas del amanecer, que con su luz despierta nuestra conciencia a nuevos lugares, nuevos horizontes y bellas promesas de un futuro mejor. Los sueños son bellas maneras de dejar la tierra y afrontar la luz del nuevo día.
Podría ser que el tiempo solo un momento en el que estamos vivos. Un atisbo de todas las cosas; del cuerpo, del alma, de la tierra que acaba en el rostro. Podríamos ser un atisbo de lo eterno y tener tierra en la cara.
Lo bello es siempre un momento profundo en la mirada; una bella idea, un profundo pensamiento. Lo tierno es tomarnos las manos y así deletrear la eternidad. Profundo es el pensamiento que puede vislumbrar la verdad del amanecer; que más allá de lo que pensemos y creamos, es una verdad irrefutable. El amanecer es solo un poco de nosotros mismos que comprendemos la metáfora del tiempo y su belleza.
Los sueños se desvanecen y permiten los ojos ver profundamente el silencio del tiempo que, despierta los sentidos a la profunda verdad de ver el amanecer. Puedo negar toda filosofía, pero no puedo negar el amanecer.
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