Umbral

Por: Adolfo Castañón

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El libro ¿Dónde está la frontera del aire?, número 19 de la colección Las semanas del jardín coordinada por Adolfo Castañón, reune una selección de la basta obra del escritor Max Aub. El siguiente fragmento es parte del prólogo de Adolfo Castañón da entrada a este importante volumen publicado por Bonilla Artigas Editores.

¿Dónde está la frontera del aire?

Max Aub, La gallina ciega

III

Aunque a Max Aub y a Octavio Paz los separaban más de diez años de edad, al poeta mexicano la figura del singular polígrafo franco alemán y español nacido en 1903, en París, no podía pasarle inadvertida. En 1967, desde Delhi, en una carta dirigida a Juan Marichal que respondía a un crítico de su Apología de la literatura española (siglo xx), Paz hacia un repaso de las letras españolas contemporáneas y decía del autor de Jusep Torres Campalans:

Max Aub, como Jos. Gaos, es un ejemplo de español hispanoamericano, y por la misma razón: es uno de los pocos escritores verdaderamente europeos de España. Por eso también es un escritor mexicano. La variedad de géneros, formas y estilos de Max Aub deben verse como un diálogo plural en el interior de su vasta obra. No sólo no rompe su unidad, sino que esa diversidad es la que lo constituye. Los dialectos de Max Aub se resuelven en un tejido: un texto único. No es la recuperación de España —aunque éste sea uno de sus temas— ni la preservación de la lengua española, sino su reinserción en el lenguaje moderno. Casi una simpleza, pero una simpleza olvidada con frecuencia en España: el español es un idioma europeo y, por tanto, americano. (OP, “Una de cal…”, Obras completas, tomo III, Fundación y disidencia. Dominio hispánico, Círculo de Lectores, FCE, M.xico, 2.. ed., 1993, pp. 285-286).

Al joven Paz el tema de la “Americanidad de España” no le era ajeno, de ahí que pudiese titular as. un artículo publicado en 1939, cuando tenía 25 años, y cuatro años después, en 1943, lo veremos reseñar una “tragedia” titulada “San Juan” —cuyo prologo se debe a Enrique Díez-Canedo. La “tragedia” es un drama hermano de la todavía inédita pieza “La vida conyugal”, incluida en esta antología. De ahí. que sea pertinente transcribir algunas líneas de esa reseña publicada en El hijo pródigo. Dice Paz: “La obra de Aub es teatro. No poesía teatral ni teatro poético, sino teatro verdadero, sustentado en la realidad de nuestra época y animado por la imaginación. Y esta es la única forma en que la poesía puede ser teatro: encarnando en una pluralidad de voces y destinos” (Paz, Obras completas, t. XIII, Primeras letras, Miscelánea I, Círculo de Lectores, FCE, 2.. ed., México, 1999, p. 319).

Hago ver cómo el motivo de la polifonía y la pluralidad de voces que el joven Paz reconocía en Max Aub, en 1943, volver. a darse en el parecer emitido en 1967, veinticinco años después. Último detalle, Aub y Paz compartían el hecho de haber nacido bajo el signo del Tigre en el horóscopo chino.

IV

El legado mexicano de Max Aub está presente en estas letras que son a la vez testimonio de su sensibilidad, inteligencia y raro sentido de la orientación cultural. Prolífico pero enigmático y esquivo, al autor de Jusep Torres Campalans le gustaba desaparecer bajo seudónimos y apócrifos, como el de este pintor cuya obra fraguó él mismo. De ahí que sea pertinente rescatar la hermética autosemblanza que hizo para ese libro excepcional que recoge su Poesía traducida, en la cual se incluyen imitaciones de más de setenta poetas de diversas épocas.

Max Aub

Nacido en París, en 1903. Aunque sale su nombre con cierta periodicidad sospechosa en libros y revistas, no se sabe dónde está. Lo único que consta es que escribió muchas películas mexicanas carentes de interés. Nadie le conoce. Sus fotografías son evidentes trucos. Nada tiene que ver con su homónimo Leandro Fernández de Moratín.

Los que quieran ver en estas líneas una intención política: ella-España, están equivocados.

Si pudiéramos fechar estas sentencias tal vez pudiera ponerse en claro. No hay tal. Mientras tanto recomiéndase la abstención que es lo único que, con seguridad, da fruto.

I

Cerrado en mí,

Cegato, mudo,

en lo que ha sido me hundo

pagando lo que fui.

II

Eres lo que fue y será.

III

Te fuiste y fui,

nada queda de mí. (4)

v

La red tentacular animada por Max Aub que, como dice José Emilio Pacheco citando a Borges sobre Alfonso Reyes, “no es nada más un escritor, un gran escritor, sino una vasta y compleja literatura con sus diversas épocas y sus géneros, sus corrientes encontradas y hasta sus corrientes enemigas, como la novelareportaje de los años treinta contra la antinovela de los sesenta”. (5)

Esa red se encuentra en el centro de las batallas literarias de la vanguardia en torno al concepto de autor, entre otros temas. Al igual que Fernando Pessoa y Antonio Machado, Max Aub puso en crisis en su obra y escritura la institución del creador único y cultivó hasta la saciedad, en sí mismo, la torre de Babel, como muestra su Antología traducida, con una ejemplar reseña escrita por el joven José Emilio Pacheco el 12 de junio de 1963 y que rescató y reescribió José Antonio Parra en 2003.

Entre los mejores libros de Max Aub contar. esta Antología traducida que Jaime García Terrés publica en la colección de Poemas y Ensayos de la UNAM. La ayuda de los investigadores H. H. Munro y Ezra Sansom fue decisiva para organizar un museo de ciertos poetas que a veces se han salvado por un solo poema. Aub lamenta que algunos críticos hayan caído en la trampa de creer que él mismo ha escrito los versos e inventado a los autores; que todo es mero juego literario, ocio y olvido frente a los años que vivimos. “La poesía —dice el prólogo— es, como todo arte, una mentira que sirve para decir la verdad. Nunca, en ninguna época, fue ajena a los conflictos que ensombrecían la existencia del hombre; mas para que su eficacia se cumpliera machihembrar lo serio y lo grave con la falta aparente de solemnidad o de interés humano… Hay una poesía que permanece, que interesa a todos. Y otra que no. A tal punto que sería inútil pedir perdón”. El compilador se cura en salud. De todos modos le reprocho el no haber incluido algunos poemas inéditos en español y casi inaccesibles. Por ejemplo, estos siete textos olvidados. (6)

Los textos olvidados son, desde luego, poemas fraguados por José Emilio Pacheco de otros tantos autores apócrifos: Lucilo Gitón (39 a. C.-14 d. C.), Ling Wang Hsu (690-723), Anónimo vikingo (siglo xii), Abú Zaidùn (1432-1495), Salmo del Guetto (finales del siglo xix), Katsumi Tagiwara (1917-1945), Enrique Gómez Almeida (1903-1962). El mejor homenaje que pudo hacer Pacheco a Aub fueron estos signos de comunión poética. Al hacerlo, de paso, Jos. Emilio sugiere oblicuamente hasta qué punto se identifica con la obra inclasificable del autor reseñado.

La memoria de Max Aub ha sido objeto de vastos rescates: la muestra El universo de Max Aub, que para el Antiguo Colegio de San Ildefonso armó. Manuel García como comisario y curador, entre el 25 de noviembre de 2003 y el 29 de febrero de 2004 en la Ciudad de México; y el Catálogo de la exposición Retorno a Max Aub, cuyo montaje corrió a cargo de Juan Marqués, poeta y crítico del estudioso Domingo Rodenas y de Juan Manuel Bonet, editado en Madrid en 2017 por el Instituto Cervantes y la Fundación Bancaja (141 páginas, con versión electrónica del Instituto Cervantes y de Unebook).

(4) Max Aub, Antología traducida, Barcelona, Seix Barral, 1972, pp. 148-149.

(5) “Invenciones de Max Aub”, Proceso, 30 de noviembre de 2003.

(6) “Invenciones de Max Aub”, Proceso, 30 de noviembre de 2003.

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