Szyszlo: centenario 5 julio 2025

Por Emilio Adolfo Westphalen
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Entre los textos que pronto conformarán la antología de ensayos de EAW sobre arte que prepara la editorial Bonilla en México, se encuentra este artículo, escrito cuando Westphalen se encontraba de regreso en Lima, viviendo en solitario en su casa de Barranco, frente al mar. Fernando de Szyszlo acababa de cumplir sesenta años y la relación entre ambos, que se remonta a mediados de los años cuarenta, proseguía tan firme como en sus inicios, aunque con coloraturas distintas.
Este 2025 se celebran los 100 años del nacimiento del pintor peruano Fernando de Szyszlo, nacido justamente en el distrito limeño de Barranco un 5 de julio. En su libro de memorias “La vida sin dueño” empieza diciendo: ¿Se explica la vida de una persona de forma aislada? Pienso que no. Yo soy más yo gracias a mis amigos y las personas que he amado, también con las que he discrepado, las que he perdido y hasta algunas que no llegué a conocer, como los artistas y escritores que he admirado y han dejado huella en mí.”
En 1992 EAW y Fernando de Szyszlo Valdelomar realizaron un libro conjunto bajo el título “Artificio para sobrevivir”// Device for Survival publicado en San Diego por la editorial Brighton Press. Alli escribe Emilio A. Westphalen:
ARTIFICIO PARA SOBREVIVIR
Impedir la salida del sol
atrancar bien las innumerables puertas y ventanas de la noche
no dejar resquicio alguno por donde se cuele el sol
anular todo vestigio que otrora surcara el firmamento la cuadriga de Apolo.
Quien tal expresó
¿pretende ponernos antifaz negro desprovisto de aberturas?
¿olvida la insoslayable alternancia de luz y tiniebla
el horario recurrente
los eclipses puntuales a la cita?
Desde luego
replica. Pero ¿a qué sirve el lenguaje si no insinúa (invoca) lo imposible?
Vean: el sol cayó en la trampa (ficticia) que le armaron las palabras. No hay sol
no hay luz
tampoco noche se necesita.
(Cierra los puños — aprieta los párpados).
A continuación el principio de uno de los ensayos de Westphalen sobre Szyszlo que encontrarán en breve en la antología de Bonilla Artigas Editores:
Szyszlo Insiste: Concretización de lo imaginario y lo mítico -es decir – de lo “real”
Sólo es artista aquel que puede convertir la solución en enigma.
-Karl Kraus
Mi relación con Szyszlo es antigua. En el primer número de Las Moradas fue publicado a toda página un hermoso dibujo suyo a tinta en que ya magistralmente -mediante el juego exclusivo de las líneas—se invoca el misterio de la sombra y la luz (por siempre unidas) y se intenta esa elevación o profundización de lo real acudiendo a lo imaginario.
Szyszlo además formaba parte del cuerpo de redacción. Pronto viajaría a Europa y yo -por mi parte – agotados los escasos recursos que permitieron publicar la revista –emprendería un largo período como traductor en organismos internacionales. Cuando Arguedas -años más tarde- me encargó la Revista Peruana de Cultura conté de nuevo con la colaboración de Szyszlo cuya pintura se había situado mientras tanto entre las más prestigiadas de América Latina. Escribí entonces (julio de 1964) un extenso ensayo sobre su pintura que tuvo la suerte de ser reproducido en Bogotá y en Lima. Habría que señalar la aparición poco después en Amaru. de la brillante serie de artículos de Szyszlo sobre temas de arte (Kiesler Rothko Duchamp el arte precolombino del Perú).
Mis prolongadas ausencias del país no me han permitido –empero- seguir como hubiera deseado las múltiples manifestaciones de una obra abundante varía y sorprendente. Aunque ocasionalmente coincidimos en Roma Washington Madrid y Ciudad de México (y pude ver exposiciones suyas en estas dos últimas ciudades) mi conocimiento del conjunto de su obra acusa vacíos lamentables y –desgraciadamente- irreparables pues actualmente se halla dispersa en colecciones públicas Y privadas de varios continentes.
No podré por ello verificar los motivos del particular deslumbramiento que suscitó en mí un cuadro negro de la serie de las “mesas rituales” visto en el taller el año pasado y que ha quedado en Nueva Delhi luego de la muestra efectuada allí. Aunque perdure el recuerdo de una sacudida placentera es inútil intentar reconstruir los motivos de la turbación si no se dispone más que de una diapositiva en la que el color -y los sutiles relieves- han sido tergiversados y deformados por el lente. Hay que admitir una vez más que el lente fotográfico no es nunca fiel reflejo de lo que el ojo ve -que siempre quita añade transforma y acomoda para gloria de todo «fotogénico”” y desesperación de todo el resto (de la pintura especialmente que con la rebaja de la magnitud sufre una mutilación adicional).
Hablaba una vez Henri Michaux de una experiencia que él comparaba a la de “un caballo de fuego atravesando la ventana” y del empeño que ponía en comunicar experiencias de esa índole. Yo dudo ser capaz de semejante empresa. Cuanto más fuerte sea la emoción más temo no dar en el blanco. Me contentaré por ello con indicar que me intrigó en particular que la tonalidad tan oscura del cuadro de Szyszlo pudiera dar tal sensación de luminosidad -como si se pudiera considerar una “negrura iluminante» o una • “luz negra». Quizás el secreto se halle en las breves estrías y pequeños objetos resaltantes en rojo y azul y -sobre todo- en la consistencia y rugosidad de la pintura misma sobre cuyos pequeños relieves desiguales y esparcidos la luz juega con reflejos refracciones y espejismos. Pero estos detalles técnicos no creo que resuelvan el misterio del conjunto del cual no podría decir otra cosa sino que el cuadro le ofrece a uno algo así como el momento en que la noche se dispone a parir el día (sí -la noche madre nuestra y también madre del día y madre del universo).
(Emilio A. Westphalen, inicio del texto de la revista Debate, n°35 no.1985)
Datos de la fotografía de Fernando de Szyszlo https://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0/
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