Soundtrack (1). Oscurísimo sabbath: el fin de una era

Por: Adrián Muñoz
Compartir este texto:
En una zona de Birmingham, Inglaterra, dos jóvenes se empeñaban en seguir una carrera musical. Ya habían incursionado en una banda de blues rock llamada Mythology en 1967. Tras apenas un año de relativo éxito local, la banda se desmembró. Les encontraron cannabis a los cuatro miembros, por lo cual fueron multados y Mythology terminó desapareciendo: un corto mito que expiró en el mítico año de 1968. Pero el guitarrista y el baterista no querían abandonar su sueño.
Pronto en ese mismo año, Tony Iommi y Bil Ward reclutaron a Terence Butler (mejor conocido como “Geezer”) en el bajo y a John Osbourne (mejor conocido como “Ozzy”) en las vocales. La nueva banda adquirió el no muy emocionante nombre de The Polka Tulk Blues Band. Después cambiaron a Earth, mote más compacto pero acaso sin mucho punch. En un tiempo muy corto, hubo otras personas que se unieron, idas y venidas de personal, exploración musical, pero aún sin una dirección clara.
Tras uno de esos cambios, Iommi decidió tomarse las cosas en serio y buscar un nuevo nombre para la banda. Un día, la idea les vino como una revelación: el cartel de una película de horror bautizaría a esta agrupación, que alcanzaría alturas mucho más míticas que las que Mythology pudo haber soñado. Los intereses ocultistas de Butler y la imaginación lírica de Ozzy confeccionaron un brebaje perfecto. Había nacido formalmente Black Sabbath.
El nuevo nombre se consagró con su primer álbum, homónimo, grabado en 1969 y publicado un viernes 13 (no podía ser de otra manera), en febrero de 1970. La primera canción de esta saga discografica también se titulaba “Black Sabbath”.
*
Con este disco y este tema, 1970 le daba un portazo en las narices a la estética y la sensibilidad de la década de 1960, colmada de la cultura hippie, el flower power y mucha música folk. El amor y la paz de la contracultura comenzaban a difuminarse, como flores marchitas y pisoteadas después de un festival. El terrible desencanto que queda después de una trasnochada donde se buscó la fantasía del júbilo, pero al otro día la realidad es cruda y brutal y no se le puede dar la vuelta. Una mirada oscura sobre la vida se hacía paso. Un sonido oscuro estremecía y te quitaba el sueño.
En efecto: recuerdo que, a mis diez o doce años, mi padre ponía la canción “Black Sabbath” a todo volumen y en bucle, mientras yo dormitaba en la sala: me acosaron terribles pesadillas satánicas, cuya banda sonora era aquella tétrica canción. Una ominosa obertura de truenos y campanadas invocaba a los treinta y nueve segundos el famoso tritono del Diablo, acompañado por un sobrio bajo y una batería siniestra. Después, al minuto con veinticinco, clamaba la voz brujeril de Ozzy. Escalofríos puros.
Sigue siendo una de mis canciones favoritas. Es como la afición al cine de terror. No se puede evitar.
*
No hay que soslayar el impacto de esta grabación. Con esta lista de canciones nacía todo un nuevo género musical: el metal. O heavy rock, como le llamaba Iommi cuando le preguntaban por este nuevo sonido oscuro y agresivo. Había algunos antecedentes de sonidos similares, desde luego (“I Can See For Miles” de The Who, “Helter Skelter” de los Beatles, “Summertime Blues” con Blue Cheer, “Born To Be Wild” de Steppenwolf, “In-A-Gadda-Da-Vida” de Iron Butterfly…). Pero fue Black Sabbath quien consolidó todo ello (ritmos pesados, distorsión penetrante, afinaciones graves, simbolismo oscuro, sensación siniestra) en el sello estético de una nueva forma de hacer rock. Casi todos los subgéneros metaleros de la actualidad se pueden remontar a alguna canción de Sabbath: el hard rock, el heavy metal, el doom, el black metal, el rock gótico, el thrash… El riff metalero, tal y como lo conocemos hoy en día, fue parido por Tony Iommi. Sus riffs hacían combinación perfecta con las líneas melódicas de Butler y las síncopas y swings de Ward. Y encima de ese brebaje, las vocales atormentadas de Ozzy.
A lo largo de casi una década, esta alienación grabó unos ocho álbumes. Como en muchas otras bandas, las insatisfacciones y las disputas internas hicieron lo que tenían que hacer: una separación tuvo lugar en 1979. Ozzy fue cesado. Mientras él persiguió una carrera de solista que lo siguió consagrando como el Príncipe de las Tinieblas, los Sabbath siguieron grabando discos, muchos de ellos con la también legendaria voz de Ronnie James Dio. A lo largo de las décadas, hubo algunos acercamientos entre los miembros originales, un par de reuniones (incluyendo nuevas canciones), y alguna gira.
*
El último concierto fue para marcar el adiós de los escenarios de Black Sabbath y la despedida defintiva de Ozzy Osbourne. Tuvo lugar el 5 de julio de 2025. Ozzy fallecería tan sólo tres semanas después.
En este concierto conmemorativo, Black Sabbath regresó a su ciudad natal: Birmingham. Así, el evento se llamó Back to the Beginning. La organización y la dirección musical estuvieron a manos de Sharon, esposa de Ozzy, y Tom Morello, líder del grupo Rage Against the Machine. Se presentaron más de doce importantes bandas y algunas agrupaciones estelares formadas ex profeso. Estas bandas rindieron sus tributos con cóvers y con algunas canciones propias.
Hay que señalar que hubo algunas grietas imposibles de no advertir. Grupos como Iron Maiden o Judas Priest (ambas legendarias por derecho propio) tendrían que haber participado, mas seguramente las fricciones con Sharon lo impidieron. Además, resulta un poco incongruente que no hubiera realmente presencia de bandas británicas en este “retorno al origen”. Los videos tributos de Elton John, Deff Leppard y otros no sirven como compensación para tal ausencia.
El magno evento cerró con dos setlists: uno con cinco canciones de Ozzy en solista y otro con cuatro rolas tocadas por la banda completa de los casi octogenarios. No habían tocado juntos los cuatro desde 2005. Debo decir que, con todo y lo emotivo del suceso, eché mucho en falta que nadie tocará “Black Sabbath”, la emblemática pieza que inauguró la historia de metal. Por simbolismo, hubiera sido más que oportuno. Los agresivos golpes al unísono de todos los instrumentos con que termina de manera abrupta la canción habrían dado un cierre monumental, catatónico, al recital.
Emotivo, multitudinario, legendario, casi épico, este concierto sin duda marcó un hito. Despidió a los progenitores del metal con todos los honores. Larga vida al legado de Black Sabbath. Como paradójicamente decía a menudo el lóbrego Ozzy: God Bless You All!
Te recomendamos:
El canon de la poesía mexicana
Cenicienta
Cómo escribí algunos de mis sonetos (VII)
