Seis meses para escribir poemas infinitos Diálogo entre Manuel Calvillo y Octavio Paz

Por: Alejandro Higashi

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Al hilo de los viajes y los descubrimientos, el cuarto de maravillas aparece en el Renacimiento para guardar y exhibir objetos nuevos, singulares o desconocidos del mundo. Este cuarto de maravillas es virtual y está limitado a rarezas de la poesía mexicana.

Manuel Calvillo publicó la primera entrega del Libro del emigrante en el número de mayo de 1957 de la Revista de la Universidad de México y Octavio Paz, un adelanto de Piedra de sol en el de mayo-junio de la Revista de Literatura Mexicana del mismo año. En diferentes ocasiones, Octavio Paz señaló haber escrito el poema hacia enero o marzo, durante su viaje a Nueva York o a su vuelta a México; es probable que el poema de Manuel Calvillo también se redactara por las mismas fechas. Para cumplir con los calendarios de ambas revistas, nuestros autores debieron haber entregado sus respectivos originales semanas antes… no sé, alguna fecha alrededor del 29 de marzo….

            Sólo 6 meses después, Piedra de sol saldría de la Imprenta Nuevo Mundo, ubicada en la calle Alemania de la colonia Churubusco, en Ciudad de México, un 28 de septiembre del mismo año y el Libro del emigrante, de Manuel Calvillo, seguiría su curso, publicándose fragmentariamente (las siguientes partes aparecerían en 1959, 1970, 1971 y 1983) y quedando, con toda probabilidad, inconcluso.

            Hoy, el poema de Manuel Calvillo es casi desconocido, pero en su momento interesó e incluso mereció ser recogido en Poesía en movimiento (1966), la antología más reimpresa y leída del México moderno, sin importar que se tratara de un work in progress. Después, no volvió a publicarse hasta 1997, en una edición de 3, 000 ejemplares en la cuarta serie de la colección Lecturas Mexicanas. El tiraje parece amplio, pero en 1985 se publicaron 30, 000 ejemplares de El tigre en la casa y Caza mayor de Eduardo Lizalde en la colección Biblioteca Joven del Fondo de Cultura Económica y 20, 000 de Mansalva (1987) de Gerardo Deniz, en la segunda serie de Lecturas Mexicanas.

            Octavio Paz siempre supo que Piedra de sol sería su poema más famoso y no dudó en crear un rico repertorio de anécdotas que alentó esa celebridad. La bitácora completa está recogida por Guillermo Sheridan en un capítulo de Los idilios salvajes (2016), titulado “La musa en taxi”, cuya noticia debo a mi siempre sabia y querida Malva Flores. La primera vez que el autor se refirió al origen del poema fue en una carta a Bona Tibertelli, donde escribió: “la noche en que dejé a Helena soñé los primeros versos de Piedra de sol […] Esos versos cierran una parte de mi vida y de mi poesía”; años después contaría cómo surgieron los versos del poema en endecasílabos blancos: “Conforme avanzamos por las avenidas vacías, me fue penetrando poco a poco un único sonido cíclico: era el chirrido de una llanta del yellow cab, un chirrido recurrente. Marcado por esa misma cadencia, fueron surgiendo en mi mente aturdida las palabras: un sauce de cristal…” (estas y otras noticias en la trepidante biografía de Guillermo Sheridan).

            Estos poemas extensos no sólo coinciden en haberse compuesto en fechas cercanas; ambos están recorridos por una obsesión con la idea de un tiempo cíclico. El Libro del emigrante de Manuel Calvillo iniciaba con un epígrafe muy potente de Achim von Arnim, tomado de unos enigmáticos escritos perdidos (apócrifos, con toda seguridad, dado que se anuncian como perdidos): “Denn die Liebe sie öffnet den Kreis der Zeit in jedem neuen Leben in dem wir uns wiedererkennen” (“Porque el amor abre el círculo del tiempo en cada nueva vida en la que nos reconocemos de nuevo…”; la traducción es mía). Este pasaje contenía la idea central del poema: una pareja arquetípica que vencía el instante y se renovaba de manera cíclica atravesando las edades.

            En Piedra de sol, la idea de que el tiempo no transcurre linealmente se expresó de forma obsesiva en el título (alusión al calendario azteca y al ciclo de 52 años), en la estructura circular del poema (que termina como inicia) y, como en el caso del Libro del emigrante, desde el mismo epígrafe:

La treizième revient… c’est encor la première;

et c’est toujours la seule –ou c’est le seul moment;

car es-tu reine, ô toi, la première ou dernière?

es-tu roi, toi le seul ou le dernier amant?

Gérard de Nerval, “Arthémis”

La decimotercera regresa… y es entonces la primera;

y siempre es la sola –o es el único momento;

¿porque eres, reina, oh tú, la primera o la última?

¿Porque eres tú, rey, el solo o el último amante?

(la traducción es mía)

Artemisa se asociaba a los ciclos lunares y eso la conectaba con el ritmo de la naturaleza para recordarnos que el tiempo avanzaba a través de ciclos que se superponían. En el poema de Nerval, se enfatizaba la sincronía entre la hora decimotercera y la primera, punto del reloj en el que coexistían la última hora del ciclo anterior con la primera del nuevo.

            El Libro del emigrante contaba una historia de amor que se repetía indefinidamente a través de los ciclos migratorios de las almas y de una memoria capaz de reconocer al amante en el rostro de cada nueva etapa. En Delfos, en el siglo II, el protagonista afirma triunfal “La reconozco entre mil”, pero duda de si ella se acordará de él (“¿Recordará?”); es la hija de un rey traicionado que ahora se vende en una plaza pública por cien dracmas y él es un “vagabundo pródigo” dispuesto a pagar el precio:

Mirad su cabeza sobre el tallo crecido de sus hombros

y sus brazos como sensibles ramas.

Probad el sabor de sus labios y su lengua,

el salino sudor en sus costados

y las frescas redomas de su pecho para toda la sed.

Mirad su no tocado vientre, su pubis de virgen

sobre la aguda clave de sus muslos

erigidos en una cálida arquitectura aérea

desde sus pies como pequeños racimos,

y su pelvis, miradla, digna de acunar a vuestro primogénito, a vuestro hijo póstumo.

¡Cien dracmas por la hija del rey!

            La pareja aparecerá de nuevo en Ravenna, en la Historia verissima de Colomba della Domenica (otra fuente apócrifa), pero ahora será “aquella vestal amante del liberto que ejercía la magia” y él como “Giovanni Cartusiano / –mi nombre hacia el fin de aquel siglo–”; cien años antes fueron “la repudiada esposa / de Girolamo” y “el turbulento y desdichado pretendiente Abruzo / –mi fortuna de entonces–” y en ese momento “su rostro era el de Colomba — ¡Y de quién podía ser!”. Llegarán hasta el tribunal de la Inquisición de la Nueva España y después una Colombe du Dimanche (coincidente con Colomba della Domenica) irá a la guillotina en L’Île de France, durante la Revolución francesa, mientras el yo lírico se da muerte “a las puertas del Club de los Jacobinos”. Después, ella terminará consumiéndose en una hoguera y él, en una forma inmaterial, le preguntará si lo recuerda. Un verso del poema resume esta intensa superposición de escenas y tiempos de una relación que inicia idílicamente y termina siempre de forma trágica (especialmente para ella): “Y de nuevo el tiempo y nosotros”.

            En Piedra de sol, se repite la idea de que la unión de dos personas es un evento cósmico que anula el tiempo lineal y permite a esta pareja transmigrar libremente de una época a otra:

los dos se desnudaron y se amaron

por defender nuestra porción eterna,

nuestra ración de tiempo y paraíso,

tocar nuestra raíz y recobrarnos,

recobrar nuestra herencia arrebatada

por ladrones de vida hace mil siglos,

los dos se desnudaron y besaron

porque las desnudeces enlazadas

saltan el tiempo y son invulnerables,

nada las toca, vuelven al principio,

no hay tú ni yo, mañana, ayer ni nombres,

verdad de dos en sólo un cuerpo y alma,

oh ser total…

¿Octavo Paz conoció el Libro del emigrante antes de su publicación? ¿Este poema, hoy ausente en las historias literarias, inspiró de algún modo Piedra de sol? ¿Dialogaba con él desde el homenaje? ¿Manuel Calvillo conoció el poema? ¿Ambos autores hablaron de sus respectivos trabajos poéticos por aquellos meses?

            Quizá sólo sea casualidad, porque la idea no era original ni de Manuel Calvillo ni de Octavio Paz. El “Poema de amorosa raíz” de Allí Chumacero se había publicado en Tierra Nueva en 1940 y las coincidencias entre el Libro del emigrante y Piedra de sol 17 años después simplemente demuestran que la idea de dos almas viajando en el tiempo seguía despertando interés:

POEMA DE AMOROSA RAÍZ

Antes que el viento fuera mar volcado,

que la noche se unciera su vestido de luto

y que estrellas y luna fincaran sobre el cielo

la albura de sus cuerpos.

Antes que luz, que sombra y que montaña

miraran levantarse las almas de sus cúspides;

primero que algo fuera flotando bajo el aire;

tiempo antes que el principio.

Cuando aún no nacía la esperanza

ni vagaban los ángeles en su firme blancura;

cuando el agua no estaba ni en la ciencia de Dios;

antes, antes, muy antes.

Cuando aún no había flores en las sendas

porque las sendas no eran ni las flores estaban;

cuando azul no era el cielo ni rojas las hormigas,

ya éramos tú y yo.

Y la idea prevalecerá. En Letanía erótica para la paz (1963), Griselda Álvarez percibió el paso de las eras como un tiempo cíclico que sólo podía medirse a través de la afirmación de su experiencia de pareja y su proyección en todas las parejas de todos los tiempos:

La pareja precursora de toda civilización.

Somos la que contuvo su adolescencia abundante,

la pareja que alargó su ancianidad en compañerismo,

la que derramó su fértil madurez,

la que no mira el color diferente de la piel,

somos la que llevó su unión hasta lo Desconocido,

porque piensa que la muerte

sólo es un cambio en el tiempo de los verbos,

somos la misma generación repetida

tantas veces como el “yo te amo”,

porque somos dos mil generaciones pero también un solo ser.

La pareja que camina a tientas para encontrarse siempre,

porque ciñe en su abrazo universal

el límite del tiempo.

Somos la misma, misma de hace cincuenta mil años,

la de allá, la de siempre, la que ha de seguirnos

y la que vendrá luego.

6 meses bastaron para componer estos poemas infinitos. ¿El objetivo? Probablemente darle continuidad a la idea del amor en un mundo de apariencias y de realidades efímeras. Nada más conciencias atrapadas en el fluir del tiempo, fantaseando con trascenderlo de alguna manera y ser eternas. ¿Funcionó? No lo sé… Para una sociedad que valora mucho metas y procesos, el instante pasa desapercibido… quizá lo mejor sea apreciarlo en toda su intensidad para convertir los momentos ordinarios en experiencias extraordinarias.

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