Sauna al desnudo: tradición milenaria en Estonia

Por: Stephanie Rendón
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El siguiente es un fragmento tomado de mi libro: The Journey From Mexico to Setomaa, Aksolotl Books, Estonia, 2025 (que forma parte del catálogo de Librería Bonilla)
Los estonios no sienten remordimiento ni vergüenza por estar desnudos en público. ¡Cuán cierto es esto! Y por el contrario, los mexicanos somos más reservados en este aspecto, y podríamos presentar cierto pudor al mostrarnos faltos de ropa en público.
En mi primer año en Estonia, hace doce años, recibí una invitación para pasar un fin de semana en la casa de verano de un colega del trabajo, en Pärnu, una ciudad para ir a descansar y relajarse en el verano, cuyas playas son bañadas por las heladas aguas del Mar Báltico, al sureste de Estonia. Aquella fue la primera vez que fui a un sauna. Debo confesar, distinguido lector, que me impactó sobremanera lo que presencié allí.
Antes de partir de México alguien me dijo, que para los pueblos nórdicos y estonios, la práctica del sauna representa una parte esencial de la vida. El sauna es un lugar donde se dan apretones de manos que generan negocios, se discuten temas sociales, se disfruta en familia y en pareja, o simplemente se guarda silencio y se sorben tragos de cerveza tibia. El sauna es una parte importante del estilo de vida local. A sabiendas de esto, desconocía lo que podría esperar de mi primera experiencia con el sauna. Así que ahí estaba, yo, la única mexicana entre un grupo de estonios de la oficina, a quienes apenas empezaba a conocer. En algún momento de la velada, como a las nueve, alguien dijo: «Vamos al sauna». Las mujeres entraron primero. Emocionada por aquella novedad, me cambié de ropa y me puse un traje de baño. Luego me envolví como rollo primavera chino en una toalla que me llegaba hasta los tobillos. Me dirigí al sauna, que estaba afuera de la casa en una pequeña cabaña de madera, y entré. El minúsculo cuarto de madera estaba lleno de mujeres: mi jefa, su hermana y otras chicas que apenas recuerdo. Yo iba al polo norte, y ellas con sus trajes de Eva, iban a una isla paradisíaca: libres y desnudas. Me sentí toda una Cristóbal Colón en su Diario de a bordo, comocuando describe el momento en que él y su tripulación se encuentran por primera vez con los indios americanos:
Ellos andan todos desnudos como su madre los parió, y también las mujeres. Ellos todos a una mano son de buena estatura de grandeza y buenos gestos, bien hechos.
Por primera vez en mi vida sentí vergüenza de llevar cubierto el cuerpo, fue una emoción pasajera, cosa nunca vivida. Sentí vergüenza por ser la única que llevaba ropa, pero al mismo tiempo, preferí eso a la penosa sensación de estar desnuda entre extrañas. ¿Cómo podría ir a la oficina el lunes y mirar a mi jefa, y a las otras colegas a los ojos después de que nos vimos desnudas aquella noche de lluvia de estrellas? ¡Ah, no! No habría podido verlas de nuevo, así que no me arrepentí de no haber hecho caso a la sabiduría milenaria del dicho que reza: a donde fueres, haz lo que vieres. Nunca olvidaré esa primera experiencia del sauna en Estonia.
Durante mis años de vida laboral en México, nunca fui a un sauna con ningún colega. ¡Habría sido algo muy raro ir! Para empezar, el sauna no es algo típico, y si es que uno va, se hace de manera privada en ciertos gimnasios y spas de lujo, pero el lector estará de acuerdo conmigo en que no es una práctica común.
Ahí estaba yo, dentro del cuarto de madera a noventa grados centígrados. Miraba el cielo a través de una pequeña ventana, y vi que hacía una noche luminosa con pequeños alfilerazos plateados en el cielo. Todas las mujeres mantenían contacto visual en dirección y al nivel de los ojos. Parecía una regla general que todas seguían, y sabían bien. Una regla que era clave para pasar un momento agradable, entre los vaivenes del sudor y el trajín de las pieles enrojecidas ajenas. Nunca hay que mirar debajo de la cara cuando se está con una persona en un sauna. Los saunas tradicionales no son de vapor, son calentados con leña y piedras calientes, así que la visibilidad desde cualquier lugar o ángulo del cuarto normalmente es excelente, por eso existe la regla. Sucede lo contrario que cuando se muerde una punta de plátano y no hay razón alguna para mirar a los ojos a una persona, sino a cualquier otra parte. Una vez que terminamos la sesión de sudoración compartida le tocaba su turno al grupo de hombres. Después de que salimos, algunas mujeres fueron a nadar al río, y otras se metieron a bañar a la regadera, cuyos confines geográficos reducidos, gracias a Dios, obligaban a la individualidad.
Luego los hombres entraron al sauna con sus botellas de cerveza, bien frías. Un momento. ¿Cerveza? ¿Dentro del sauna? ¿Qué no era eso una especie de oxímoron? o al menos ¿no era algo contradictorio? Quiero decir, generalmente uno prefiere que la cerveza esté fría, así que me pregunto ¿para qué entrar al sauna con una cerveza que se va a calentar en cuestión de pocos minutos? ¿Y por qué querría uno deshidratarse aún más? Encima de toda la sudoración a la que el cuerpo se ve expuesto, tomar cerveza, acelera la deshidratación. ¡Qué contrariedad! Aquellas eran cuestiones existenciales dotadas de una considerable profundidad para las cuales yo no estaba preparada aquella noche. Tampoco entendía por qué los estonios se meten al sauna en el verano cuando hace calor. Seguía sin comprender por qué les gusta golpearse la piel de la espalda, los brazos y las piernas con un ramito de ramas y hojas secas de abedul, mientras sudan dentro del sauna. Que dizque «para mejorar la circulación», me decían ellos, con una certeza imperial. Sin duda, aún me quedaba mucho por aprender sobre la cultura estonia.
Después de vivir muchos años en Estonia, creo que lo entiendo todo. De hecho, me he vuelto una fanática del sauna, y me encanta. Instalé mi propio complejo de saunas en mi casa del bosque en Setomaa, al sur de Estonia. Compré un sauna de madera con la forma de un barril, que es una especie de tina de madera calentada por una estufa de leña. También instalé un sauna tradicional en el jardín, con un ventanal por el que se puede ver el lago y el bosque, que están frente a la casa. Después de años de perseguir la respuesta a un enigma, y de haber realizado una ardua investigación antropológica, poco oficial y nada ortodoxa, me atrevo a afirmar, con cierto grado de libertad y error, que, finalmente entiendo la práctica del sauna. Es como un amigo me dijo hace mucho tiempo: «Una vez que realmente comprendes lo que significa el sauna, estás a mitad del camino para entender la cultura estonia».
Ir al sauna en las noches de verano es útil porque el clima es bastante frío por la noche y el verano está lleno de noches y días fríos. A veces puede nevar, llover, granizar, brillar el sol intensamente, hacer viento, todo en el mismo día. También es bueno ir al sauna durante el invierno porque afuera hace mucho frío, y precisamente, es lo que el cuerpo necesita después de pasar todo el día en las bajas temperaturas, para sentirse cómodo y saludable. Después de una sesión de sauna, el cuerpo permanece caliente durante un período prolongado de tiempo. En invierno esto representa una ventaja, y en verano, va bien cuando se combina con nadar en las aguas dulces de un río o lago cercano. En cuanto a beber cerveza en el sauna, el objetivo es terminar de tomar la cerveza antes de que ésta se caliente, y luego viene muy bien beber agua, si se desea. En cuanto a lo de entrar desnudos, todo es cuestión de perspectivas, tal y como lo resumió la cantante italiana Laura Pausini en una ocasión cuando durante un concierto, salió en bata a cantar una canción extra, fuera del programa. No llevaba ropa interior, pues ya estaba descansando en su camerino, y al caminar sobre el escenario, por azares incomprendidos del destino, la bata se abrió y se vio lo que había en su entrepierna. Sin alarmarse por aquel incidente dijo en el micrófono «Si han visto, han visto. Yo la tengo como todas ¡Buenas noches!» Y es que, verdaderamente es más cómodo ir sin ropa al sauna. Recientemente descubrí que ir al sauna tiene diversas propiedades terapéuticas que son beneficiosas para la piel y el sistema circulatorio. Es una práctica saludable cuando se usa adecuadamente, ¿ven? ¡ahora lo entiendo a la perfección!
Origen de la tradición del sauna en Estonia
No soy historiadora ni antropóloga, pero en el castillo-museo de Vastseliina, en Setomaa al sur de Estonia, cerca de donde vivo, leí la historia de ciertos monjes estonios de la época medieval. Es una anécdota bastante divertida que trata sobre cómo la tradición estonia del sauna salvó las vidas y la reputación de los monjes del monasterio de Kärkna, cerca de Tartu (ciudad en el sur de Estonia).
En ese entonces, existían rumores sobre el estilo de vida impío y carnal que tenían los monjes de Kärkna. Dichos cuchicheos negativos llegaron a oídos del Vaticano. Un inspector italiano fue enviado allí, por orden papal, para verificar y evaluar la situación. La ubicación del monasterio era lejana y fría, por estar en el norte del continente europeo. Para un italiano acostumbrado al sol y al aire templado, la geografía y el viaje resultaban complicados. Cuando el inspector del Vaticano llegó al sur de Estonia, los monjes lo trataron tan bien como pudieron y le mostraron su hospitalidad. Lo invitaron a degustar un festín de comida y le ofrecieron que conociera la experiencia del sauna para finalizar la velada.
Ya en el sauna, los monjes querían ofrecer al inspector el placer completo del ritual, por lo que se dieron golpecitos en la espalda con un manojo hecho de ramas y hojas de abedul (la tradición común en el sauna que se mantiene todavía hasta nuestros días). El pobre inspector no entendió la situación, pero también se dio golpecitos. Más tarde escribió en un informe oficial —el cual ha quedado bien conservado en los registros papales— que nunca había visto a nadie tan temeroso de Dios como los monjes de Kärkna. Estaba tan impresionado con lo piadosos que fueron al exponerse frente al calor que los hizo sudar, sufrir y ahuyentar a los demonios, y con el autosacrificio que vio en la parte de los «azotes» del ritual del sauna; y así es como el sauna estonio salvó la reputación de aquel remoto monasterio. ¡El inspector nunca se imaginó lo devotos que eran los estonios hasta que fue a comprobarlo!
En el medievo, una persona de ciudad acudía al sauna una vez a la semana. Las salas de lavado de un sauna solían ser las mismas para hombres y mujeres. Los protocolos medievales del ayuntamiento de la ciudad de Tallin (ciudad capital de Estonia) muestran que había saunas públicos ya desde el siglo XIV. Aunque los saunas unisex fueron prohibidos en el siglo XVIII, la gente todavía los usaba de esta manera. Los mayores enemigos de los saunas unisex eran los monjes, quienes los veían como templos de Satanás y sus adoradores, así como sitios de prostitución.
El castigo para los hombres por ver a la propia esposa y a otras mujeres desnudas en el sauna era orar durante tres días y ayunar con agua y pan. Al respecto y quizás con algo de razón, algunos hombres de la época pensaban que valía la pena perder algo de peso, y rompían gustosos la regla.
En las ciudades, los saunas públicos se construían cerca de las murallas de la ciudad porque así facilitaban la eliminación del agua usada y se reducía el riesgo de incendios. A veces, los saunas y las panaderías estaban construidos en el mismo lugar, y así se reutilizaba el calor de las estufas de las panaderías para calentar el agua del cuarto del sauna.
Estas son algunas de las creencias medievales sobre el sauna que han sido documentadas en el castillo de Vastseliina:
- Cuando la gente haya terminado de lavarse en el sauna, será el turno de que entren los espíritus. Por eso, toda el agua no utilizada debe dejarse en el sauna. Pero asegúrese de cerrar la puerta, o el diablo podría meterse.
- Nunca silbe en el sauna, o se quemará en el infierno.
- No jure en el sauna, o el diablo mismo vendrá y le robará a su hijo.
- Dar golpecitos en el cuerpo con ramas de abedul dentro del sauna hace que las niñas se pongan hermosas y que los niños crezcan.
- No hierva el agua en el sauna, o se le irritará la piel.
- El día del sauna es el sábado. El sauna se utilizaba para la brujería y la curación los jueves.
- Nunca se limpie la boca mientras está en el sauna, o envejecerá rápidamente.
- Si hay hijas en la familia, no deben limpiar el piso del sauna o se convertirán en sirvientas viejas. Solo los hombres deben limpiar el piso del sauna.
- Uno debe beber mucha agua mientras está en el sauna porque si le toca ir al infierno después de la muerte, hará mucho calor allí, y se le dará solo tanta agua como bebió en el sauna durante su vida.
Nadie sabe dónde se construyó el primer sauna, pero se sabe que se origina en algún lugar del norte de Europa alrededor del año 2,000 AC. Desde entonces, ha sido una parte esencial de la vida en países como Rusia, Finlandia, Letonia y Estonia.
Hay similitudes asombrosas entre las tradiciones de sauna del norte de Europa y el temazcalli (en la antigua lengua náhuatl hablada por los mexicas, tema significa vapor y calli significa casa), el cual todavía se usa para rituales religiosos por pueblos nativos en ciertas regiones del continente americano.
Se conoce, gracias a los arqueólogos, que la forma más antigua del sauna era una cueva artificial cubierta de pieles de animales. Se hacía una fogata dentro de la cueva, debajo de montones de piedras. Una vez que se consumía el fuego y se apagaba el humo, las piedras continuaban calentando la cueva durante las noches para que la gente pudiera descansar. Estos saunas tenían usos útiles en la vida cotidiana de los habitantes de los complejos paisajes helados del norte. Funcionaban como cocinas, salas de limpieza, hospitales, y eran refugios para sobrevivir durante el invierno. Más tarde, los saunas desarrollaron sus propias tradiciones distintivas y se convirtieron en lugares espirituales.
Sauna es un vocablo finlandés, pero se ha utilizado en Estonia desde el siglo XIII y se traduce como saun, en estonio. En la época medieval, los saunas cambiaron y dejaron de ser cuevas artificiales y evolucionaron para convertirse en edificaciones. Hoy en día, es muy común que los estonios tengan saunas dentro de departamentos, casas, y en construcciones de madera separadas en sus casas de campo. Los estonios y las culturas nórdicas no son los únicos que comparten la tradición de la cultura del sauna: el mundo islámico, el este de Asia, la Europa medieval y las tribus de América han utilizado diferentes formas de sauna a lo largo de los siglos para fines curativos, relajantes, terapéuticos y ceremoniales.
Antes de los tiempos de la revolución industrial, los saunas no tenían chimenea en su interior. Eran saunas de humo. Se calentaba la habitación cerrada hasta que se alcanzaba la temperatura deseada, luego se abría una pequeña ventana para que el humo escapara y una vez que ya no había humo dentro, y la estufa estuviera apagada, la gente podía entrar a disfrutar del calor. La producción continua de humo en una habitación cerrada hacía que las paredes interiores se volvieran negras, y esta es una característica primordial de los saunas más tradicionales. El olor que desprenden las paredes ahumadas los hace únicos. Hoy en día, se cree que la mejor experiencia de sauna es en un sauna de humo. De hecho, en Estonia, existe una importante tradición de saunas de humo en la región sur del país, donde la UNESCO les ha otorgado un estatus de patrimonio protegido. Más tarde se agregó la costumbre de instalar una chimenea en el interior de los saunas. Esta inteligente adición permitió que el sauna se calentara más rápido, que no hubiera humo dentro del cuarto y que pudiera ser utilizado por muchas personas de manera continua.
En Estonia, los saunas no existen solamente en las casas o departamentos de la gente, sino que también se instalan en oficinas o lugares públicos a pie de calle. Algunas personas consideran el uso del sauna como una necesidad. Cualquier gimnasio deportivo o spa tiene sauna. Es como tener un inodoro: debe estar ahí, es un objeto necesario y público. Incluso, en Estonia, un fin de semana de vacaciones no se considera relajante si no se incluye una sesión de sauna.
Estonia es un importante exportador de saunas a nivel mundial. Hay diversas empresas locales dedicadas a construir saunas de calidad que se envían a cualquier parte del mundo. Estonia también es el mayor exportador mundial de casas prefabricadas de madera, por lo que no me sorprendería si Estonia algún día también llega a ser el mayor exportador de saunas prefabricados.
Los saunas no son solo salas de sudoración, representan una forma de vida respaldada por siglos de tradición e historia, y no solo cualquier parte de la historia, sino la historia de Estonia. Sería imposible entender la cultura de Estonia si no se toma en cuenta la importancia que juega la tradición del sauna.
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