REveRSOS DE LA HISTORIA

Por: Armando Oviedo
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Frente al poder de lo digital y para fortuna de los lectores tradicionales de lo impreso en papel, aún navegan cuadernícolas con el papel de la palabra poética, editando al gusto de las dimensiones y de la imaginación lectora de “los otros libros”; los que la poesía posee, los que se pliegan y despliegan, los que se ponen y se exponen, los que se desdoblan; los que, aun intonsos, piden entrar en la lectura con el abrecartas (objeto de museo) entre los dientes.
Sin este gusto por lo poético de la edición no sería posible leer, ni mucho menos releer, Salmos a Birobidján (y una conversación en Jerusalén) de José Beter, libro breve pero intenso, prologado y recopilado por el poeta Joseba Buj Corrales (Bilbao, 1978), quien intenta e inventa un juego de presencias poéticas y propone un el rescate de ausencias.
¿Y quién era el poeta José Beter?
Poco se sabe de este poeta –dirá Abraham Liddell, el amigo de Joseba Buj, el otro poeta prologuista que cuenta las andanzas secretas de Beter, autor de estos Salmos misteriosos—. Su historia –continúa Liddell— parece irreal, porque en ella podrían mezclarse los sucesos de varios hombres distintos… y es tal y como parece ser que sucede en este breve poemario llamado Salmos a Birobidján.
¿Y qué es Birobidján?
No es un qué, es dónde. Y es un rinconcito entre la vieja Rusia y la nueva China. En 1928, el entonces gobierno de la URSS emitió un decreto que otorgaba las tierras heladas de esa zona a los trabajadores judíos deseosos de crear una nación; una región instalada antes que la de expansionista Israel. Actualmente Birobidjan, con evidente disminución de población hebrea, sobrevive alejada del bullicio y de la falsa sociedad. Y gracias a José Beter, vuelve con fueros y esfuerzos líricos de exilio y cariño.
¿Y quién es Joseba Buj?
Es poeta, narrador (por equivocación, según él), ensayista y académico, nacido en el País Vasco y avecindado en México desde el siglo pasado. Entre sus libro se destacan los cuentos La valija de Heracles, los poemas La crátera del orbe, la miscelánea ensayística De nuestra sola incumbencia y varios libros de ensayos como Cartografía del desencuentro y Exilio ¿para qué? Curiosamente el exilio como reflexión y añoranza será el tema y lema que emanan de los poemas del poeta José Beter.
Salmos… es el poemario de un misterioso poeta cuyo rostro como rastro es apenas dibujado en la solapa del libro con el infantil trazo de Carlos Cohen, brigadista internacional en la Guerra Civil española que –se dice— lo conoció y compartió andanzas.
Antes de los poemas, tenemos dos prólogos, uno de Joseba Buj explicando la razón y fundamento del poemario que no sólo es una deuda con su amigo Abraham Liddell (“un conato de homenaje a mi desdeñado amigo”) y otro de Abraham Liddell. Entre ambos se explican las misteriosas andanzas de José Beter.
Sin embargo, dicho prefacio aclarativo se convierte en un relato fantástico de realidades y personalidades ocultas, con desdoblamientos y heterónimos. Estamos ante un relato a dos manos del mejor misterio y, como una historia borgiana, el poeta José Beter es una invención de César Tiempo o de Israel Zetlin (que también puede ser una invención) o un heterónimo del escritor ruso Andrei Ziniavski o una referencia de Jamal Butros, con quien Beter tendrá la conversación en verso en Jerusalén. Como puede verse, ya hay varios JB en este libro: José Beter, Jamal Butros, Joseba Buj).
Beter, se dice, fue un aventurero, un pícaro, un bandido, un luchador de causas justas (como la Guerra Civil española) que lo miso anda en España que recorre México, pero es sobre todo un poeta. Y como muestra está su libro que, a decir de Liddell, es un canto trágico a un rincón (a un lugar y a un tiempo) mesiánico y utópico que el decurso de la Historia se encargó de traicionar y de olvidar… (p. 9).
Tenga mi vida aislada un pueblo y un nosotros, dijo en el poemario.
El poemario podría ser breve, 35 páginas del total de sus 70. Sin embargo hay un coro de voces ajenas que, con el mismo espíritu del exilio y el retorno, de la añoranza y la pérdida, acompañan los salmos. En el poemario hay una serie de poemas espejos y contra cantos breves de grandes autores como Primo Levi, Jacobo Glantz o Salvador Espriu, entre muchos otros, que acompañan el salmo central de Beter. Incluso, visualmente podemos ver cómo la disposición de los poemas se ven cara a cara, en una página el coro de epígrafes y en la otra el salmo de José Beter. Voces corales, cantos de vida y esperanza pero también de reclamo y desconsuelo.
Vengo de un largo/ trayecto de abandonos
ESTHER SELIGSON
Frente a,
… tampoco estaré yo/ testigo entonces de estas gestas
JOSÉ BETER
De un lado el salmo de Beter y del otro su contraparte de poetas invitados a decirse o contradecirse en las páginas contrarias o complementarias.
A los poemas del misterioso Beter se le suman otros textos, a manera de epígrafes descentrados, de otros escritores y escritoras. Con estos elementos Beter describe su entorno geográfico, donde lo humano es geográfico. En su poesía crece el paisaje ajeno pero añorado. La palabra avanza, el paisaje triunfa hacia todos los puntos cardinales del poema para que en él y desde él habite el hombre en búsqueda del excéntrico (sacado del centro): su búsqueda de raíz y astro. Y así darle cuerpo e intención al libro: un canto a un lugar de entrañable presencia.
Los cantos a la tierra son míticos y fundacionales, llenos de pasión y anhelo. Dentro de ellos existen muchos y de variada estirpe. Existen antiguos pero también modernos pues entre nosotros podemos mencionar dos de un lirismo contrito y jubiloso: Suave patria de Ramón López Velarde, y Madre nuestra la tierra de Aurora Reyes.
A ellos se afilia este libro de Salmos… y por ello Birobidján existe no sólo como territorio lejano sino cercano en el clamor. El canto a la tierra de la gran promesa. Las plegarias de los salmos de Beter son una actitud política pues con el eco de las voces colectivas, el canto del hombre es colectivo, es el reclamo legítimo por tener un lugar dónde nacer, pacer y finalmente morir.
A diferencia de otros poemas fundacionales, estos Salmos… no abundan en simbologías o motivos míticos, es un canto a realidades de nuestro tiempo como es la expulsión, la persecución, el desarraigo, el exilio forzado. Las metáforas son sólo el canto de un poeta a una tierra amada.
En esta petición, en esta tristeza, en este darle cuerpo a una tierra como es Birobidján, el poeta (y las voces poéticas que lo acompañan) son revolucionarias y de sentido político, como se dice era el revolucionario José Beter, y son los cantos o anhelos por un territorio de un exiliado del tiempo.
Esperanza, sí,/ de sed vencida,/ de vértigo voraz,/ sin otra eternidad que la imposible/ quietud de los deseos./ Si alguna ves yo pude…,/ es hoy, en tu silencio, este/ silencio, Birobidján,/ de ahora que te has ido… (p.30)
Birobidjan, esa la tierra prometida y dada sin conflicto o desplazamiento, finalmente existe. Está en una región apartada y estos salmos son la palabra fundante de una voluntad.
El canto es petición a una tierra espiritual, y fundada en el clamor a ella van esas súplicas y oraciones. La categoría del exiliado es el pan amargo de los sin tierra, de los expulsados. De aquellos que padecen a un gobierno vengativo y receloso.
José Beter era un poeta de izquierda, humanista y consciente del terror de amanecer en tierra ajena, expulsado por los fuertes y doloridos agentes del desprecio. Birobidján, una alternativa de sionismo en la ex URSS que les permitió a muchos judíos comunistas hacerse de una región que les permitiera vivir sin invadir sin expandirse arbitrariamente. Y estos Salmos… son pedimentos, a una “matria”, pedimentos a una tierra que dé cobijo a los errantes que por milenios andaban desvalidos. Esta “matria” que cubre es el cobijo de los cantos de José Beter, sin importar si él fue el autor o es sólo la voz múltiple del captor de plegarias encontradas y reunidas; poeta de canto coral como las voces que lo acompañan en el poema, donde resuenan los murmullos de Esther Seligson, Paul Celan, Clara Beter, Rafael Cansinos Assens, Angelina Muñiz-Huberman, entre otras múltiples voces que acompañan, como un coro, las tristezas de José Beter.
El libro termina con una conversación en verso y en Jerusalén: José Beter-Jamal Butro-José Beter. Los signos misteriosos de los JB, si añadimos el del poeta Joseba Buj, se suceden en este poemario de misterios, plegarias y anhelos.
Como una serie de muñecas rusas que parten del libro, Los Salmos a Birobidján se presentan como un misterio, y, si nos ponemos atentos a la lectura, dicho misterio se explica con el epígrafe de otro escritor hipotético, Abram Tertz,cuyo texto dice al iniciar el poemario: Un poeta, para ser un verdadero poeta no debe componer discursos en verso sino inventar ficciones.
“José Beter”,/ en el camino de Birobitján:// acuérdense siempre de nosotros… //… “José Beter”:/ recuerden siempre nuestros nombres…
El poemario cumple con la sentencia del epígrafe.
Salmos de Birobidján (y una conversación en Jerusalén), José Beter. Palabras preliminares de Joseba Buj. Nota introductoria de Abraham Liddell. Manofalsa Editores. Perú, 2025. 70 pp.




