¿Quién fue Fidel Castro?
A nueve años de su muerte.

Por: César Valdez
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El 25 de noviembre de 2016 murió Fidel Castro Ruz. Como suele suceder con los personajes históricos es imposible que exista un solo Fidel Castro. Existe Fidel, el ser humano, ese que cometió muchos errores, que también hizo cosas buenas y que fue hijo, esposo, padre, hermano y esa dimensión tendría que ser “juzgada” sólo por su círculo familiar.
Hay otro Fidel, el héroe, el que a pesar de provenir de una familia de clase media (media-alta o terrateniente dirán algunos) y tener una buena educación, no se conformó con el destino cómodo que podría depararle ejerciendo su profesión de abogado. Ese Fidel, decidió luchar en contra de un gobierno opresor que tenía vendida su patria a los yankees. Ese Fidel se preparó para las elecciones y luego para la guerra. Ese Fidel pudo morir en cualquier momento, también pudo frenar su empeño en cualquier momento. Pero no lo hizo. Ese también fue y vino de un país que quedaba a unos kilómetros de la isla, regresó y la liberó, no lo hizo sólo, un pueblo estuvo detrás de él. Ese héroe también los defendió de una invasión promovida por los EU. Luego apoyó la descolonización africana, y quizá su mayor obra armada-internacionalista haya sido la participación cubana en Argelia, en El Congo, en la Guerra del Yom Kipur, en Etiopía y en Nicaragua. Ese Fidel dejó de existir, afirman algunos, cuando decidió que no apoyaría la empresa revolucionaria guevarista en Bolivia. Pero es justo ahí en dónde encontramos otro Fidel, el estadista.
Ese Fidel fue pragmático, fue amigo de Gutiérrez Barrios, se arriesgó a instalar misiles nucleares en su propio territorio, dirigió a los No Alineados y, en cierto sentido, ayudó a crear un “equilibrio político” durante la Guerra Fría. Ese Fidel no era un santo, tampoco un demonio, pero podía sentarse a discutir con los más terribles personajes de la historia del siglo XX, y también fue uno de ellos. Pero todo, no puede dudarse, fue en función de defender a la Revolución.
Hay otro dos Fidel, esos son simbólicos y sin duda son elementos de cohesión de las dos geometrías políticas. Fidel el Revolucionario, el que estremece y empuja a seguir luchando, ese es un santo, no cometió errores y siempre fue justo. Lo mismo alienta a un mexicano, a un argentino, a un inglés, a un árabe o a un camarada asiático. Ese Fidel es mucho más que un héroe. Ese Fidel luce bien en las paredes con grandes frases. Es el que las izquierdas aman y que, a pesar de la situación cubana, no morirá.
El otro, el último, es Fidel el tirano. El que inició una lucha justa pero luego se contaminó de poder. Es el que sirve a las derechas y a los liberales para demostrar que el poder corrompe absolutamente. Pocos son los símbolos que pueden unificar tan unánimemente a las derechas. Es el que contamina a Latinoamérica de extrañas doctrinas, es el que importa idealismo y revolución. Es “el dictador terrible que tiene sumido a su pueblo en la ceguera y la ignorancia.” Es el Fidel deseaban ver morir desde hace tanto los que viven en Miami y, por supuesto, la pequeña gran piedra en el zapato norteamericano.
¡Fidel! ¿Qué tiene Fidel? ¿Quién es Fidel Castro Ruz? Ese 26 de noviembre todos estos rostros aparecieron al mismo tiempo en los medios de comunicación. Es una imagen claramente acotada, hecha a nuestro gusto. Fidel es la proyección de nuestros ideales, es también nuestros temores, Fidel es bueno, Fidel es malo, Fidel es santo y demonio, es el revolucionario, es el tirano. El Fidel histórico es un poco de todo esto. Un balance crítico no puede tener un solo rostro. Y si así fuera hay algo que no cabe la menor duda. Fidel Castro marcó la segunda parte del siglo XX, dictó agenda internacional y nunca se hizo pequeño, más bien se fue haciendo cada vez más grande. Fidel y su pueblo hicieron una Revolución, apostó por un sistema en el que, con todos los asegunes que se pongan, los derechos sociales fundamentales se pusieron por encima. Fidel fue Fidel y ni Batista, ni la CIA y ni el neoliberalismo pudieron con él.
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