Presentación

Por: Héctor Alejandro Cárdenas Lara*
Caja de compartir
Un viaje fuera de casa dura toda la vida, no sólo el tiempo de una andanza.
Un viaje empieza cuando se tiene el deseo de ir a un lugar, sigue cuando se decide y se hacen preparativos, con el gusto al salir de la “guarida” propia, por la emoción de ir a otro lugar, y hasta el inevitable momento de la despedida del sitio visitado, para volver. Y sin embargo el viaje continuará al regresar a casa, al comentar a otros los sucesos, lo insólito, lo inesperado, las vicisitudes, y tiempo después, cuando surge una noticia de aquel lugar, al recordar haber estado ahí, se conecta con la continuidad del viaje, es un viaje interminable, como todos los viajes son el origen nómada de Sapiens.
Las Ciudades son un motivo excelente para hablar de un sitio y su entorno, para quienes hemos vivido toda la vida en una ciudad, aún cuando todas son distintas, en ellas encontramos referentes comunes en sus dinámicas de vida. Así como disfrutamos andar en el campo y en la playa, las ciudades nos dan buenos motivos para el registro de recuerdos de primera impresión, por su arquitectura, colores, paisaje, calles, comidas, museos, parques, transportes, y sobre todo, por sus habitantes.
Sin una descripción exhaustiva ni homogénea de lugares, he elegido alguno visitado, para cada letra del alfabeto, y aun cuando en mis recuerdos gratos tengo varios nombres para algunas letras, tomé de mi memoria el más significativo. En algunos estuve sólo una vez, a otros he vuelto. Regresaría a Veracruz “mil veces”, región en mis recuerdos de infancia con mis padres: el gran puerto y sus sabores, Xalapa la bella capital del estado, Tuxpam, segundo mayor puerto de río del país, Tecolutla y sus playas largas, Tlacotalpan, encaje de color sobre el río, y por siempre Fortín de las Flores.
En el conjunto incluí una población pequeña para la “K”, por ser la única por donde yo haya pasado que inicia con esa letra: Kanasín, población cerca de Mérida, capital de Yucatán, que tomé como referencia para exponer algo del ramillete de encantos de la región maya, única y diferente de México, a donde mis padres me llevaron en viaje por autobús, cruzando ríos y lagunas en pangas, y me dejaron el gusto por lo inesperado, sentir sabores y aromas de la península y conocer a sus habitantes, todo de gran belleza y riqueza. Con la letra “V” pensé de inmediato en Veracruz, tierra y mar amados por mí, pero en el rigor de “sólo una ciudad por cada letra”, elegí: Valencia, en España, distintiva del Mediterráneo, el mar mundo de la antigüedad, con amigos entrañables y comidas deliciosas, entre bellezas arquitectónicas y mi atracción por “ciudades con agua”: de mar, río o un “laguito” artificial.
Invito a acompañarme en un viaje por mis recuerdos de viajes, por ciudades y lugares entrañables, con mi deseo de provocar al lector, a que realice pronto sus viajes propios, ya sean planeados con tiempo, o “sin previo aviso”. Voy a mostrar algunas ciudades de México y otras del mundo, memorables para mí por muy variadas razones, aún siendo diversos y diferentes entre ellos, tiene en común convidar el placer.
De mi padre y mi madre recibí la herencia de una buena educación y algunos tesoros, uno de los mejores fue la “pata de perro”, aquí muestro algunas “huellas”.
Cantarranas, Cuernavaca, México.
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