Pre-textos. Tres de…

Por: María del Valle

Compartir este texto:

El universo completo

Como ya no es el mes de marzo tal vez resulte para algunas personas anacrónico abordar este tema, sin embargo, los algoritmos a veces confunden la temporalidad y, perdiendo el tiempo en Instagram, me aparece entre las opciones de tooooooda la información con la que nos bombardean a diario —¿quiénes?, ¿los buenos del mundo, los malos, los nuevos catequizadores de la era de la inteligencia artificial, los ociosos, los imbatibles? —, una publicación en la que se muestra a un hombre cualquiera: ni guapo, ni feo, ni excepcional, sufriendo a lo largo de una jornada, también de un día cualquiera. Sus pesares y abatimiento comienzan cuando al dar un sorbo al café tiene que escupir lo que ha bebido porque en la taza hay residuos de los granos molidos, en la siguiente escena se pierde al caminar por la calle ya que no puede acceder al GPS de su teléfono y la historia termina cuando intenta trabajar en su computadora y no puede porque no tiene acceso a internet.

Corte a —como dicen en el cine y por fin puedo decirlo yo aquí— la siguiente serie de imágenes que conforman la publicación explica que los pequeños lujos de la vida diaria, que damos por hecho, son producto de las invenciones de las mujeres. Y es así como gracias a los algoritmos anacrónicos una puede saber que… en 1942 Heddy Lamarr desarrolló la tecnología base que posteriormente dio origen al WiFi y al bluetooth, que a Melitta Bentz le debemos la genialidad de haber inventado en 1908 el filtro de las cafeteras y que fue Gladys West quien inventó el modelo para el GPS. Inventos todos que agradezco porque me pierdo hasta en mi propia casa, bebo café y escribo esta columna gracias a que tengo una computadora.

En marzo, el mes en el que las mujeres sí somos trending topic, había recibido otra publicación asombrosa y escalofriante que daba cuenta de las fechas en las que en distintos países las mujeres pudimos tener acceso al derecho al voto o participar en una elección, aplicar a un trabajo sin la necesidad de la autorización de un marido, dejamos de ser despedidas del trabajo por estar embarazadas, pudimos solicitar un crédito hipotecario, se nos permitió manejar, fue legal abortar, elegir casarnos con otras mujeres o divorciarnos sin tener que solicitar el consentimiento marital y las madres solteras dejaron de ser encarceladas por su condición de “soltería”.

Lo cual nos lleva a concluir que no importa lo geniales que seamos o los aportes realizados a la humanidad, el dominio y el sometimiento continua. Y los ejemplos de las luchas cotidianas, colectivas o personales sobran. Mujeres icónicas y reconocidas por enarbolar distintas banderas en diferentes trincheras también sobran y nos podríamos estar aquí toda una vida enlistándolas.

Sin embargo, hoy quiero rescatar a algunas. Caroline Rémy conocida como Séverine (1855-1929), quien además de anarquista y feminista es presentada como la primera mujer periodista que se mantuvo a sí misma a partir de su escritura: publicaba en Le Gaulois, La libre Parole y L´éclair. En el retrato que hay de ella en el Musée Carnavalet-Histoire de Paris aparece una pelirroja de pelo rizado y manos muy grandes, casi masculinas, enfundada en un vestido de gasa blanca con un gran escote y unos senos bien colocados y muy redondos. A su derecha hay un discreto florero y un par de libros. Es curioso que Amélie Beaury-Saurel, autora del cuadro, no la pintara escribiendo si se trataba de inmortalizar en un lienzo a la primera periodista reconocida dentro del universo masculino con ese oficio.

Recientemente presenté en el Ateneo Español de México las memorias de Carmen Tagüeña Parga La vida de los años y en esa ocasión mencioné lo sorprendente e importante que me parecía el hecho de que en esa familia, que tiene a cuestas cuatro exilios y tuvo que recorrer el mismo número de países antes de haber llegado a establecerse definitivamente en México, hubiera unas segundas memorias escritas por una mujer. Se le había adelantado el padre, Manuel Tagüeña que no quiso que sus memorias se publicaran en vida, después su madre, Carmen Parga, escribió a los ochenta años Antes que sea tarde y finalmente en el 2020, durante la pandemia, Carmen se animó a escribir sus recuerdos. Sin achicarse, sin complejos, sin dejar que la sombra de los que la antecedieron le oscurecieran el camino, se aventuró a contar lo que le habían contado y lo que ella quería contar; lo suyo, lo propio. No es menor, es el testimonio de una mujer que atestiguó muchos de los acontecimientos que marcaron el devenir del siglo xx y hoy a los ochenta y cuatro años tiene ganas de compartir su testimonio con el mundo.

Si las mujeres conformamos por lo menos la mitad de la humanidad evidentemente lo que tenemos que decir y que contar es importante y constituye, también por lo menos o por lo más, la mitad de la historia. En las memorias de Carmen Tagüeña Parga se rescata y honra la vida y las hazañas de muchas de las mujeres imprescindibles que han pasado por su vida. La tía Encarnita, una de ellas, que fue encarcelada dos veces durante la guerra civil en España “por méritos propios”, no por ser la hermana de un general republicano reconocido… que igual sí lo era, pero no fue ese el motivo de sus encarcelamientos. Yo hoy celebro que lo que escribamos las mujeres también sea por mérito propio. Basta de ser las coprotagonistas, las que aparecen en segundo plano, van a un lado o incluso atrás.

Sara Sefchovich en su libro El Cielo completo se pregunta en uno de los capítulos si acaso las mujeres carecemos de talento para hacer cosas importantes porque la historia siempre es narrada con personajes masculinos que parecieran ser los únicos guerreros que libraron batallas, reyes que gobernaron destinos, arquitectos que construyeron moradas, médicos que curaron a la humanidad, investigadores, banqueros, escritores, empresarios, periodistas o pintores que han forjado el devenir del mundo. Y después de estas disertaciones nos regala la posibilidad de conocer a algunas de las mujeres que escribieron y escriben. La lista crece.

Hace casi 200 años Caroline Rémy “Séverine” también se aventuró y hoy lo que nos queda es seguir ampliando la senda y reducir la brecha de la desigualdad porque el camino no es uno solo ni en línea recta. El camino serpentea en muchas ocasiones y está repleto de veredas y entrecruces donde cada paso representa una elección. No queda más que elegir. Seguirlo haciendo.

Lean a Carmen y a Sara. No se van a arrepentir.

La imagen corresponde al retrato de Severine realizado en 1893 por la pintora Amélie Beaury-Saurel.

Te recomendamos:

INICIO
LIBROS
EVENTOS

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *